El rugido de un motor, kilómetros de desierto y dos hermanas compartiendo el mismo sueño puede llevar el nombre de Cuenca y de Castilla-La Mancha mucho más lejos de lo que jamás imaginaron. Mónica y Marta Plaza llevan años convirtiendo una pasión familiar en una trayectoria deportiva propia, han hecho historia como dupla femenina en el automovilismo español y han demostrado que su complicidad puede ser una de sus grandes armas dentro de un coche. Ahora afrontan un nuevo capítulo que también tiene un vínculo especial con su tierra y que puede situarlas ante uno de los mayores desafíos de sus carreras: correr juntas el Dakar.
De Cuenca al mundo del motor: una pasión que nació en familia
Mónica Plaza, de 31 años, y Marta Plaza, de 25, crecieron rodeadas de coches, carreras y viajes. Su padre, muy vinculado a la competición, fue una de las figuras que las acercó desde pequeñas a un universo que con el paso del tiempo dejó de ser únicamente una tradición familiar para convertirse en su propia pasión.
“Desde pequeñas lo hemos vivido de tal manera que ha sido siempre como vivir la aventura y la competición”, explican estas hermanas conquenses. De este modo, confesaban que “al final nuestra vida siempre ha sido motor y aventura por España y por otros países”.
Aquella influencia familiar terminó dando paso a una trayectoria propia en el mundo del automovilismo. En concreto, Mónica acumula 12 años de competición y Marta suma ocho. El camino no ha sido sencillo y ambas han tenido que compaginar durante buena parte de su carrera el automovilismo con otras ocupaciones.
Ahora, sin embargo, han alcanzado un escenario que durante años parecía muy difícil de imaginar: formar parte de un equipo oficial y poder dedicarse a la competición de una manera mucho más profesional. De este modo, confesaban que han trabajado “para hacer nuestra de alguna manera una tradición familiar y al final hemos conseguido poder estar en un equipo oficial”.

El Dakar, una prueba que cambia a quien lo corre
Mónica Plaza ya sabe lo que significa enfrentarse al Dakar, ya que ha participado en cuatro ediciones de la prueba y esa experiencia ha dejado una profunda huella en su forma de entender la competición. Su hermana Marta también conoce de primera mano las exigencias de esta carrera en la que la capacidad de adaptación resulta tan importante como la velocidad.
Para ellas, el Dakar es mucho más que una competición. Al respecto aseguraban las hermanas Plaza que “el Dakar te enseña cosas que no puedes aprender de otra manera”.
El desierto obliga a resolver problemas en situaciones límite, tomar decisiones bajo presión y aprender a relativizar las dificultades. “Cuando estás en mitad del desierto con un problema y solo estáis piloto, copiloto, el coche y los otros competidores, aprendes a solventar luego problemas o relativizar problemas en el día a día”, confesaban las hermanas Plaza.
Sin embargo, hay una enseñanza que consideran fundamental y que tiene especial importancia cuando se comparte un coche: el compañerismo y la complicidad. Una cuestión sobre la que apuntaban que “al final dentro de un coche pasan muchas cosas y tienes que tener compenetración, facilidad para entenderte con el compañero que tienes al lado y mucha templanza”.

El día que estas dos hermanas hicieron historia
La conexión entre Mónica y Marta Plaza alcanzó su máxima expresión en 2023. Aquel año se convirtieron en campeonas de España en su categoría T1N, siendo además el primer equipo íntegramente femenino en hacerlo. Era, además, su primera temporada juntas.
Un hito sobre el que recordaban “fue nuestro primer año juntas y poder logarlo supuso un orgullo enorme”. La fórmula funcionó. Dentro del coche, las diferencias y discusiones habituales entre hermanas quedaron aparcadas para dar paso a una compenetración que terminó siendo decisiva. “Nosotras discutimos mucho, como cualquier hermanas, pero cuando nos subimos al coche sabemos entendernos perfectamente”, reconocían Marta y Mónica Plaza.
La satisfacción de aquel campeonato tuvo, por tanto, un componente añadido: no solo habían conseguido ganar, sino que lo habían hecho juntas. De este modo, manifestaban que “es súper emocionante porque eres campeona, pero eres además campeona junto a tu hermana”.

Conocerse demasiado también puede jugar en contra
Compartir coche de competición con una hermana tiene una ventaja evidente: no hace falta explicar demasiadas cosas cuando ambas se conocen desde siempre. Pero esa confianza también tiene un reverso. “Hay roces que igual si estás con una persona que tan solo es tu compañero de equipo, pues te morderías la lengua o moderarías el tono de tus palabras”, admiten.
La confianza hace que puedan decirse las cosas con una franqueza que probablemente no utilizarían con otro compañero. Y ahí es cuando aparecen los momentos de tensión.
Marta considera, incluso, que competir con una hermana puede ser más difícil de lo que parece. “Hay veces con tus hermanos antes de que hable ya sabes lo que va a decir”, explicaba la deportista conquense, pero incidía en que al mismo tiempo, esa conexión les permite detectar rápidamente cuándo la otra está pasando por un momento complicado: “cuando una tiene un poco más de bajón que la otra o cualquier historia también lo notas”. En las carreras, esa capacidad de entenderse sin necesidad de demasiadas palabras puede convertirse en una ventaja decisiva.

El salto a un equipo profesional
La temporada 2026 ha supuesto un nuevo paso adelante para las hermanas Plaza. Mónica y Marta se han incorporado a Santana Racing Team, con Mónica al volante y Marta como copiloto.
Llegar a un equipo profesional supone para ellas alcanzar uno de los escalones más importantes de su carrera. “Estar en un equipo oficial siempre es una responsabilidad pero también es, digamos, casi lo máximo a lo que puedes llegar”, explicaban.
El objetivo con el que afrontan la temporada era ambicioso: luchar por el Campeonato de España en la categoría T1. Sin embargo, la mecánica no ha terminado de acompañarlas. Al respecto, reconocían que “la suerte con la mecánica no nos están acompañando”, añadiendo que los problemas han sido, además especialmente difíciles de prever y “estamos teniendo problemas un poco peculiares”.
A pesar de ello, la temporada también está dejando aprendizajes importantes. Para Mónica Plaza, pilotar un coche y competir en una categoría nueva ha supuesto todo un proceso de adaptación. Pese a todo, el balance que hacen de esta nueva etapa, pese a las dificultades, es positivo, especialmente por la forma en la que el equipo ha afrontado los momentos más complicados: “estamos unidos como equipo, intentando solventar los problemas”.

El Dakar juntas, el gran objetivo
Si hay una meta que Mónica y Marta tienen clara, es la de compartir un Dakar. Ambas han vivido la prueba, pero hacerlo juntas supone para ellas un desafío completamente diferente. “El objetivo es claro y es correr el Dakar juntas todas las veces que podamos”, aseguraban.
Ese sueño apunta ya al Dakar 2027. La intención es continuar avanzando dentro del proyecto de Santana y afrontar una nueva etapa profesional en la categoría Mission 1.000. Llegar hasta allí, sin embargo, requiere de algo más que preparación deportiva.
El Dakar exige una estructura y unos recursos que hacen imprescindible el respaldo de patrocinadores. Por eso, las hermanas Plaza esperan poder contar con nuevos apoyos que les permitan consolidar un proyecto deportivo que quieren llevar hasta el máximo nivel.

El automovilismo, un universo abierto a las mujeres
La trayectoria de Mónica y Marta también está sirviendo para demostrar que al automovilismo puede ser una opción para muchas otras mujeres. Ambas consideran que los referentes femeninos son fundamentales y que el hecho de ver a dos hermanas compitiendo juntas puede acercar este deporte a familias que hasta ahora no se habían planteado esa posibilidad.
Su mensaje, además, va más allá de la figura del piloto y copiloto. El mundo de la competición necesita mecánicos, ingenieros, responsables de equipo, profesionales de marketing y muchas otras especialidades. “Es un universo mucho más amplio de lo que realmente es piloto y copiloto”, ponían de relieve las hermanas Plaza.
La barrera económica continúa siendo también uno de los grandes obstáculos para acceder al automovilismo, pero también perciben que existe un cambio generacional que puede ayudar a que cada vez más niñas encuentren su espacio en este deporte.

El legado que quieren construir juntas
Después de tantos años de competición, Mónica y Marta no quieren que su historia se reduzca solo a los resultados deportivos. También aspiran a transmitir los valores que el deporte les ha enseñado. “Creo que lo que más destacamos del automovilismo es el compañerismo, el respeto y los valores que da el deporte, y en concreto el nuestro”, sostenían estas hermanas.
Las redes sociales también se han convertido en una herramienta que ha introducido un cambio en la forma de vivir y compartir la competición. Hoy puede mostrar el esfuerzo, las dificultades y las alegrías de cada carrera a personas que siguen su aventura desde cualquier lugar. De este modo, señalaban que ahora “hacer partícipes a los demás de nuestro sueño es mucho más accesible y podemos llegar a todos”.
Ese sueño comenzó hace años, cuando dos niñas acompañaban a su familia a las carreras sin imaginar hasta dónde podría llevarlas aquella pasión. Hoy Mónica y Marta Plaza ya han historia en el automovilismo español, han convertido su vínculo de hermanas en una de sus principales fortalezas y han llegado a un equipo profesional. Ahora quieren dar el siguiente paso: compartir un Dakar y seguir llevando juntas el nombre de Cuenca y de Castilla-La Mancha hasta el escenario más exigente del automovilismo.
Contenido ofrecido por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

/Fotos cedidas: Guillem Riera y KFoto/

