El futuro del Edificio Belda de Albacete ya no es únicamente una previsión urbanística. La transformación del histórico inmueble del número 16 de la calle Marqués de Molins está en marcha y las obras han avanzado hasta el punto de que todo su interior ha sido vaciado y únicamente se conserva en pie la fachada principal. Tras ella deberá levantarse ahora la nueva configuración de un edificio que podrá incorporar una planta ático, alcanzar una edificabilidad máxima de 2.322 metros cuadrados y destinar la totalidad de su superficie a actividad comercial.
La actuación resulta especialmente llamativa para quienes atraviesan estos días una de las principales calles peatonales del centro de Albacete. La imagen histórica del inmueble continúa presidiendo Marqués de Molins, pero detrás de ella ha desaparecido ya la construcción interior. Esta intervención encaja con el grado de protección concedido al edificio, que permite precisamente su vaciado siempre que se conserve la fachada principal y se respeten los elementos de valor arquitectónico que deben integrarse en su recuperación.
El edificio afronta así una reconstrucción prácticamente integral después de años marcado por el deterioro. La propiedad es privada, el inmueble se encontraba desocupado y su estado de conservación aparecía oficialmente calificado como “malo”. La modificación del Plan General de Ordenación Urbana lo incorpora al Catálogo de Bienes y Espacios Protegidos de Albacete con protección ambiental de grado 1º, una figura que permite renovar profundamente el edificio sin perder la imagen que ofrece hacia una de las calles más representativas de la ciudad.

Una fachada histórica delante de un edificio completamente nuevo
El Edificio Belda se levanta sobre una parcela de 643 metros cuadrados y dispone de aproximadamente 21 metros de fachada a Marqués de Molins. Antes del actual vaciado, la construcción estaba formada por tres plantas sobre rasante y alcanzaba una superficie construida total de 1.339 metros cuadrados.
Su estructura interior original respondía a un inmueble concebido fundamentalmente para uso residencial. El cuerpo principal presentaba una planta en forma de L y tres alturas, mientras que una segunda construcción de menor altura se disponía en sentido inverso, formando un patio cubierto entre ambas. Las plantas primera y segunda acogían originalmente la vivienda principal y otras dependencias estaban destinadas a cocinas y estancias del personal de servicio.
La configuración fue cambiando con el paso de las décadas. La planta baja acabó destinada a actividad comercial y esas adaptaciones alteraron también la composición original de los huecos exteriores. En la última distribución anterior a las obras, la zona principal de la planta baja estaba dedicada al comercio, mientras que el patio y las construcciones anexas se utilizaban como almacenes y dependencias auxiliares.
Ese interior ya ha desaparecido. Las actuales obras han llevado a la práctica una de las posibilidades que contemplaba expresamente la protección del inmueble: conservar la fachada mientras se vacía el resto de la construcción para permitir su posterior reconstrucción.
La fachada deberá recuperar la imagen que perdió con los años
Que la fachada siga en pie no significa que vaya a mantenerse exactamente como se encontraba antes del inicio de las obras. La recuperación del Edificio Belda obliga a recomponer los huecos originales de la planta baja tomando como referencia el proyecto del arquitecto Casas Massó, ya que las sucesivas transformaciones comerciales habían alterado su configuración histórica.
También deberán rehabilitarse los elementos constructivos y formales de la fachada, restaurarse la cornisa y recuperarse los elementos ornamentales que lo necesiten. Entre los componentes especialmente valorados aparecen los modillones, ménsulas, dinteles y elementos de cerrajería, además de los pilares de fundición de la planta baja, que forman parte de las características que deberán preservarse en la actuación.
La composición exterior es simétrica y se articula en tres cuerpos, con tres vanos en el central y uno en cada lateral, además de los característicos balcones de la planta principal. La futura construcción deberá desarrollarse, por tanto, detrás de una imagen histórica que seguirá formando parte del paisaje de Marqués de Molins.
Podrá levantarse una nueva planta ático
Una vez vaciado el inmueble, una de las grandes posibilidades que contempla su nueva ordenación es la construcción de una planta ático sobre las existentes. La ficha urbanística autoriza expresamente esta nueva altura y establece una edificabilidad máxima de 2.322 metros cuadrados.
La cifra supone una capacidad edificatoria notablemente superior a los 1.339 metros cuadrados que tenía la construcción anterior, aunque la diferencia entre ambas cantidades no puede interpretarse simplemente como 983 metros cuadrados nuevos ni atribuirse íntegramente al ático. Será el proyecto constructivo el que determine cómo se distribuye finalmente esa edificabilidad dentro de los límites impuestos por la protección y por las condiciones volumétricas de la parcela.
La propia configuración anterior del edificio presentaba importantes diferencias respecto a las reglas generales de la zona. Aunque el planeamiento ordinario establecía un fondo máximo de 16 metros, el Belda alcanzaba aproximadamente 33 metros de fondo construido en la primera planta y 24 metros en la segunda. Las nuevas condiciones específicas tratan de compatibilizar esa realidad histórica de la parcela con la reconstrucción que ahora se está acometiendo.
De antigua vivienda a un edificio que podrá ser completamente comercial
La reconstrucción podrá traer también un cambio radical respecto a la función histórica del inmueble. El Edificio Belda tenía uso urbanístico residencial y el comercio solo podía ocupar, como uso complementario, hasta el 50% de la superficie edificable. Con la nueva regulación, el uso comercial pasa a considerarse alternativo y podrá extenderse al 100% del edificio.
La decisión se adapta a la evolución experimentada por Marqués de Molins, que ha reforzado notablemente su carácter comercial tras su peatonalización. Al mismo tiempo, ampliar las posibilidades económicas del inmueble se consideró una vía para hacer viable la recuperación de un edificio cuyo deterioro y cuyos costes de rehabilitación dificultaban su conservación bajo unas condiciones más restrictivas.
El resultado permite que detrás de la fachada histórica pueda surgir un inmueble completamente adaptado a usos comerciales actuales. Todavía tendrá que conocerse el proyecto concreto que determine su distribución, sus superficies definitivas y la configuración del nuevo ático, pero urbanísticamente existe ya la posibilidad de que todo el edificio funcione como un único espacio comercial o albergue distintas actividades de ese carácter.

El cambio comercial deja 447.167 euros para el Ayuntamiento
La mejora de las posibilidades de explotación del inmueble tiene también una importante consecuencia económica. Permitir que todo el edificio pueda destinarse al comercio incrementa su aprovechamiento urbanístico y genera unas obligaciones de cesión a favor del Ayuntamiento.
En una actuación convencional esa compensación podría materializarse mediante la entrega de suelo, pero aquí resulta imposible hacerlo dentro de una parcela completamente ocupada por el propio edificio. Tampoco se consideró viable entregar una superficie construida equivalente dentro del ámbito, por lo que la obligación se ha convertido en una compensación económica.
La cantidad asciende a 447.167 euros y equivale a 124,42 metros cuadrados de suelo valorados a 3.594,01 euros por metro cuadrado. El dinero deberá incorporarse al patrimonio público de suelo del Ayuntamiento de Albacete y utilizarse para obtener terrenos destinados a dotaciones públicas o para mejorar infraestructuras urbanas.
El cálculo dejó además una circunstancia singular, ya que se realizó utilizando una ponencia de valores anterior a 2008 que continúa vigente en Albacete. Durante su análisis se puso de manifiesto que esos valores no habían sido actualizados conforme al IPC y que se encuentran alejados de los actuales precios de mercado, aunque pueden seguir aplicándose legalmente mientras la ponencia permanezca vigente.

El estudio Belda que acabó dando nombre al edificio
La relevancia del inmueble no se explica únicamente por su arquitectura. El nombre con el que es conocido por los albaceteños procede de la instalación en sus locales del estudio de fotografía Belda, un establecimiento que alcanzó una gran notoriedad en la ciudad y en toda la provincia y terminó dando nombre popular al edificio entero.
Su valor patrimonial se remonta todavía más atrás. El edificio está considerado representativo del desarrollo urbano vivido por Albacete entre las últimas décadas del siglo XIX y el primer cuarto del XX, cuando los cambios sociales y económicos impulsaron la aparición de una nueva ciudad y transformaron algunas de las calles que hoy forman parte de su centro histórico.
El Belda se encuentra además dentro de los entornos de protección de Casa Cabot, Casa Juan Núñez y Casa Julia Gómez Alfaro, tres inmuebles declarados Bien de Interés Patrimonial. Su protección refuerza así un eje histórico formado por Marqués de Molins y su prolongación por Tesifonte Gallego, donde todavía se conserva buena parte de la arquitectura que acompañó aquella transformación de Albacete.
Las obras que ahora pueden verse desde la calle marcan, por tanto, un punto de inflexión. Del antiguo Edificio Belda queda actualmente su fachada, pero detrás de ella comienza a tomar forma una reconstrucción que podrá añadir un ático, alcanzar hasta 2.322 metros cuadrados de edificabilidad y convertir el inmueble en un espacio enteramente comercial, manteniendo hacia Marqués de Molins la imagen histórica que ha acompañado durante décadas a una de las calles más emblemáticas del centro de Albacete.


