((Trago una saliva que sabe a guerra y la bala atraviesa directa unos pulmones que ya no respiran por ti Guerra y paz – Zahara y Santi Balmes))
«Con este palo me basto». Fueron las palabras de Pedro de Meneses, un joven alférez que lideró la conquista de Ceuta, cuando se presentó ante el rey de Portugal, Juan I, mientras sujetaba una vara con la que se jugaba a la choca, pasatiempo muy popular en aquellos años del siglo XV. «Con este palo me basto para defender a Ceuta de todos sus enemigos». Y así, el rey lo nombró gobernador de la ciudad. Y, desde entonces, la Virgen de África, patrona de la ciudad, custodia el bastón. Todo esto ocurrió un 2 de septiembre de 1415.
Quién le iba a decir a don Pedro que más de 600 años después, la leyenda que escribió con un palo iba a servir de jugosa efeméride para hacer política. No sé si política de la buena, pero sí de la efectiva.
Estas líneas se juntaron en la previa del 2 de septiembre, Día de Ceuta, y se empaquetaron convenientemente para ser leídas justo ese día y justo antes de las grandes manifestaciones convocadas en centenares de ciudades españolas en apoyo a Ceuta y a los ceutíes. Unas concentraciones impulsadas por la Federación Española de Municipios y Provincias, gobernada por el Partido Popular en la figura la alcaldesa de Jerez de la Frontera, María Jesús Pelayo. Un llamamiento a sumar voces para que la ciudad autónoma no se sienta sola en estos momentos. Ni una pega en el fondo de la cuestión. Alguna en cuanto a la forma.
La convocatoria fue anunciada por la máxima dirigente de la entidad en una visita institucional a la ciudad autónoma. Más allá de que serán estas concentraciones las que estén ocupando los titulares de los periódicos mientras usted lee esta columna, María Jesús Pelayo hizo público que la próxima Junta de Gobierno de su organismo se celebrará en ese territorio; y más allá, verbalizó que el puesto que le corresponde a estas siglas en el Comité de las Regiones, (órgano continental al amparo de la Comisión Europea para que los territorios autonómicos jugueteen en Bruselas como si de la mesa de los niños de una boda se tratara), será cedido a Juan Vivas, el presidente ceutí.
Que el órgano que representa a los 8.132 municipios de España ejecute todas estas iniciativas suena estupendo. Que lo haga por obra y gracia del PP que lo gobierna sin ni siquiera discutirlo con los otros siete partidos que forman parte de la organización, chirría.
La cita, sea como sea, llega dos días después de que el presidente del Gobierno regresara de vacaciones. Al menos su cuerpo, que según nos han contado, el alma no ha dejado de trabajar, en chanclas y desde la playa, para abordar esta situación. Pedro Sánchez cortó la cinta con una entrevista en la Cadena SER en la que destiló un titular preocupante. Tras sacar el talonario y anunciar inversiones millonarias para reforzar las fronteras, remató asegurando que, ni siquiera así, «la seguridad de Ceuta no está cien por cien garantizada». Vaya.
Más allá de esta premisa, el caldo de lo cultivado me preocupa. Este 2 de septiembre de 2026 se nos verán las costuras como sociedad. El clima en este país hace que sea incluso lógico politizar hasta el vuelo de una mosca, y la absoluta orfandad de Estado que está sufriendo Ceuta hace que sea irresistible convertir la situación de la ciudad en arma política.
Ojalá me equivoque, y si así fuera, no le cobro esta pieza al director. Pero hoy presenciaremos, por desgracia, la guinda final al pastel de la fractura entre una sociedad que defiende los derechos universales frente a la que lucha por sus propios privilegios. Ojalá me equivoque, pero hoy veremos como el odio termina por imperar bajo el antifaz del ‘España primero’. Ojalá me equivoque, pero hoy volveremos a la dicotomía de las dos Españas que te helarán o no el corazón. Ojalá me equivoque. Pero hoy habrá guerra. Ojalá me equivoque.
Humberto del Horno

