La emoción, los nervios y el fervor se mezclaban entre los más madrugadores este 28 de agosto para no perderse una de las citas más singulares de las que pueden contemplarse y vivirse en la provincia de Albacete. Después de la tradicional Misa de Despedida, llegaba el momento que miles de personas aguardaban: el Cristo del Sahúco emprendía a la carrera su camino desde Peñas de San Pedro hasta su santuario.
Con los primeros rayos de sol de este jueves, 28 de agosto, Peñas de San Pedro volvía a vivir una de las jornadas más esperadas de su calendario. Desde primera hora, vecinos y visitantes se congregaban para acompañar al Cristo del Sahúco en el inicio de su camino hacia su santuario en la aldea del Sahúco.

La mañana comenzaba con la Misa de Despedida en la Parroquia de Nuestra Señora de la Esperanza de Peñas de San Pedro. Tras la celebración religiosa, la venerada imagen salía del templo para dirigirse hasta el punto desde el que arrancaba una de las romerías más características de Albacete.

El ritual de los andarines para afrontar la carrera
Antes de que llegara el instante de la salida, los inseparables andarines del Cristo del Sahúco se preparaban para afrontar el exigente recorrido. Uno de los momentos más característicos era el de enfajarse, un ritual destinado a proteger la espalda ante el esfuerzo que suponía transportar a hombros a la venerada imagen durante la carrera.

Con tan solo 16 años, Adrián es ya todo un experto enfajando y es que compartía con El Digital de Albacete que “llevo corriendo ya cuatro años”, pero confesaba que lleva sin faltar a esta cita “desde que tenía un mes”. Una tradición a la que acude desde Aguas Nuevas, y es que apuntaba que “no me pierdo un año, tenía la ilusión de vivirlo desde dentro y poco a poco esto engancha”. De este modo, destacaba que lo mejor de esta romería “es el ambiente”.

Numerosos andarines se reunían a primera hora de este 28 de agosto para prepararse juntos de cara a esta importante cita. Muchos de ellos compartían instantes de hermanamiento y es que correr junto al Cristo del Sahúco es un momento muy especial para quien lo vive desde dentro. “Esto normalmente es por tradición, o porque lo ves desde pequeño y te llama la atención”, comentaba Verónica, quien, sin embargo, apuntaba que en su caso personal “empecé por una promesa y me gustó”.
De hecho, le gustó tanto que lleva corriendo “24 años”. Además, Verónica señalaba que sus padres son naturales de Peñas de San Pedro, motivo por el que “he venido siempre”, y la experiencia la ha convertido en una profesional de esta cita. En concreto, puntualizaba que es muy importante ponerse bien la faja que llevan ceñida los andarines a la cintura: “hay que ir apretado porque así evitamos que nos dé flato y el que coge la caja evita que se le carguen los riñones”.

Una cuestión en la que también coincidía Vicente, incidiendo en que hay que prepararse de forma previa para afrontar con garantías los 15 kilómetros de carrera. “En principio con una preparación previa de un mes o dos es lo mejor”, explicaba y añadía que “todo depende de cada persona, porque no es lo mismo la gente que ya sea veterana en esto que quien no haya corrido nunca”. Al respecto insistía en que “hay que prepararse para no llevarse luego sustos”.
En su caso, Vicente lleva corriendo junto al Cristo del Sahúco “15 años”. “Empecé por tradición familiar, pero también por una promesa que hice hace años por mi primo que estaba enfermo”, desvelaba este andarín, añadiendo que, “mientras pudiera, iba a correrlo por él”. Y es que, subrayaba que correr el Cristo del Sahúco “es un sentimiento que no se puede describir”, pero insistía en que “no me lo pierdo, me pido el día en el trabajo de un año para otro y no falto aunque esté malo”.

La escena se repetía un año más con la misma solemnidad. Los andarines, vestidos de blanco, se preparaban para asumir el protagonismo de una tradición que ha sobrevivido al paso de las generaciones y que continúa reuniendo a miles de personas.

No se trataba únicamente de una despedida, sino que para muchos de los presentes era también el reencuentro con una tradición familiar, una cita marcada en el calendario y una forma de mantener vivo el vínculo con el Cristo del Sahúco.

Una emocionante romería en la provincia de Albacete
Entre aplausos, vítores y muestras de devoción, los andarines emprendían la carrera portando a hombros al Cristo del Sahúco. El blanco de sus vestimentas destacaba entre la multitud mientras comenzaban a cubrir los kilómetros que les separaban del santuario.

“¡Viva el Santísimo Cristo del Sahúco! ¡Viva su Santísima Madre! ¡Viva el acompañamiento!”. Los gritos se sucedían durante las paradas que realizaban los andarines para recuperar fuerzas antes de continuar el camino.
A su alrededor, miles de personas seguían con emoción cada uno de esos instantes. Algunos se acercaban hasta la imagen para tocarla, mientras otros contemplaban en silencio una escena que volvía a convertir este 28 de agosto en una de las estampas más reconocibles de la provincia.

Miles de fieles llegaban desde distintos puntos de Albacete
La Romería de Llevada del Cristo del Sahúco no se quedaba únicamente en Peñas de San Pedro. La celebración volvía a atraer a personas procedentes de diferentes municipios de la provincia de Albacete y de otros puntos cercanos.

Algunos fieles realizaban incluso parte del trayecto andando para poder vivir de cerca el traslado. La presencia de visitantes confirmaba la dimensión que había adquirido una tradición que, pese a conservar su profunda raíz local, había trascendido las fronteras del municipio.

El alcalde de Peñas de San Pedro, Antonio Serrano, destacaba precisamente esta capacidad de convocatoria y recordaba que algunos años la romería había llegado a reunir “en torno a las 20.000 personas”, según datos de Guardia Civil.

15 kilómetros a la carrera: la singularidad de una romería única
La imagen de cientos de andarines vestidos de blanco corriendo con un Cristo a hombros durante 15 kilómetros convierte esta celebración en una de las manifestaciones religiosas más singulares del calendario de Albacete.
Antonio Serrano definía la tradición como “muy particular” y aseguraba no conocer otra romería en España en la que se realiza un traslado de estas características. “Yo, desde luego, no conozco ninguna roería en la que lleven a un Cristo corriendo durante 15 kilómetros”, señalaba.

Precisamente esa combinación de fe, esfuerzo y tradición constituía una de las principales razones por las que cada año miles de personas acudían hasta Peñas de San Pedro. La dureza de la carrera contrastaba con la emoción de quienes la contemplaban. Los aplausos y los vítores acompañaban a los andarines durante un recorrido convertido, generación tras generación, en parte inseparable de la identidad de este municipio de la provincia de Albacete.
Una tradición que pasa de padres a hijos
La Romería del Cristo del Sahúco volvía a demostrar que las tradiciones mantienen su fuerza cuando continúan formando parte de varias generaciones. En Peñas de San Pedro, la despedida del Cristo reunía a mayores, jóvenes y niños alrededor de una celebración que cada año repetía sus principales rituales, pero que una se viven exactamente de la misma manera.

Para Antonio Serrano, asistir a la romería era una experiencia que mere la pena de descubrir. Por ello animaba a quienes todavía no la habían presenciado a acercarse hasta Peñas de San Pedro, convencido de que “seguro que van a repetir si la viven”.
El Cristo del Sahúco ya está en su santuario
El esfuerzo de los andarines culminaba con la llegada del Cristo del Sahúco a su santuario. Allí quedaba la venerada imagen después de completar un recorrido que ha vuelto a estar marcado por la devoción y el fervor de miles de personas.

Peñas de San Pedro decía así adiós a una de sus jornadas más especiales del año. La romería terminaba, pero comenzaba también la cuenta atrás para el siguiente capítulo de esta tradición.
Habrá que esperar hasta el próximo Lunes de Pentecostés para que el Cristo del Sahúco emprenda el camino de regreso a Peñas de San Pedro y vuelva a ser arropado por sus inseparables andarines.














































































/Fotos: Pilar Felipe/

