El verano, las altas temperaturas y el aumento de las actividades al aire libre crean unas condiciones especialmente favorables para las garrapatas. Aunque la mayoría de sus picaduras no provocan complicaciones, estos parásitos pueden transmitir enfermedades infecciosas potencialmente graves y hay determinados síntomas ante los que los especialistas recomiendan acudir al médico.
Las garrapatas activan su metabolismo con las temperaturas elevadas y suelen encontrarse en zonas boscosas, espacios con abundante vegetación y lugares con hierbas altas. Las excursiones y otras actividades en el campo aumentan así las posibilidades de entrar en contacto con estos parásitos durante los meses estivales.
Además, su picadura puede pasar inadvertida. Mientras se alimentan de sangre inoculan sustancias anestésicas y anticoagulantes y, una vez adheridas al cuerpo, tienden a localizarse en zonas húmedas y poco visibles.
Entre los lugares que conviene revisar especialmente después de una jornada al aire libre se encuentran las ingles, axilas, nalgas, ombligo, parte posterior de las piernas, orejas y cuero cabelludo.
El doctor Julio Muñoz, médico preventivista del Hospital Vithas Valencia 9 de Octubre, señala que las picaduras de garrapata constituyen un motivo de consulta frecuente durante el verano y recomienda extremar las precauciones especialmente cuando se realizan excursiones por el campo.

Estos síntomas deben poner en alerta
Una picadura de garrapata puede provocar inicialmente una reacción limitada a la zona afectada. Entre las manifestaciones más habituales se encuentran el enrojecimiento, picor, inflamación local o un sarpullido alrededor del lugar de la picadura.
Sin embargo, hay otros síntomas que requieren atención médica. Los especialistas aconsejan consultar con un profesional sanitario si aparecen fiebre, dolores musculares, dolor de cabeza, inflamación de los ganglios linfáticos, debilidad o molestias que persisten en el lugar donde se encontraba la garrapata.
La aparición de estos signos puede hacer necesario valorar la existencia de posibles complicaciones.
De la enfermedad de Lyme a la fiebre de Crimea-Congo
Las garrapatas pueden actuar como transmisoras de distintas enfermedades infecciosas. Una de ellas es la fiebre botonosa mediterránea, provocada por la bacteria Rickettsia conorii. Suele manifestarse con fiebre y una característica lesión oscura en el punto donde se ha producido la picadura.
Otra de las enfermedades más conocidas es la enfermedad de Lyme. Sus primeros síntomas pueden confundirse con los de una gripe, con fiebre y malestar general, aunque también puede aparecer días después un sarpullido característico en la zona afectada.
Tanto la enfermedad de Lyme como la fiebre botonosa mediterránea suelen responder favorablemente al tratamiento con antibióticos cuando se diagnostican de manera temprana, según explica el especialista.
Más grave puede resultar la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, una enfermedad poco frecuente pero potencialmente grave cuya presencia ha cobrado relevancia durante los últimos años.
Entre sus posibles síntomas figuran la fiebre alta, dolores musculares, mareos, rigidez, dolor cervical y lumbar, dolor de cabeza, irritación ocular y sensibilidad a la luz. En los casos más severos puede provocar hemorragias internas y externas.
El doctor Julio Muñoz apunta además a fenómenos como la globalización y el cambio climático como factores que están favoreciendo la expansión geográfica de determinadas enfermedades transmitidas por vectores y la adaptación de las garrapatas a nuevas zonas.
Qué hacer si encontramos una garrapata adherida
Una de las principales recomendaciones consiste en revisar cuidadosamente el cuerpo después de realizar actividades en el campo, especialmente cuando se ha caminado por zonas con maleza o vegetación densa. También deben extremarse las precauciones al entrar en contacto con animales que puedan portar estos parásitos.
Cuando se localiza una garrapata adherida a la piel, debe retirarse lo antes posible, pero hacerlo correctamente resulta fundamental.
Los especialistas desaconsejan tirar bruscamente de ella, rascar la zona o recurrir a productos como alcohol, aceite o vaselina. Tampoco se debe presionar el parásito ni esperar simplemente a que termine desprendiéndose por sí solo.
La extracción debe efectuarse utilizando unas pinzas de borde romo y sujetando la garrapata lo más cerca posible de la cabeza para retirarla con cuidado y reducir el riesgo de que queden restos adheridos a la piel.
Atención también a determinados viajes por Europa
Las garrapatas no plantean únicamente un riesgo durante las actividades en el campo en España. Los especialistas aconsejan consultar las recomendaciones sanitarias antes de viajar a países europeos en los que la encefalitis transmitida por garrapatas es endémica.
Entre ellos se encuentran Austria, Alemania y otros territorios de Europa Central y del Este. En estos casos existe vacunación como medida preventiva frente a una enfermedad que puede llegar a afectar al sistema nervioso central.

