A sus 76 años, Toñi Núñez no ha necesitado grandes guiones, efectos especiales ni complicadas ediciones para conquistar las redes sociales. Más conocida como la ‘La abuela manchega’ en redes sociales, esta mujer de Albacete ha conseguido reunir a más de 260.000 seguidores solamente en Instagram, convirtiéndose en todo un fenómeno por su forma espontánea, cercana y desenfadada de compartir pequeños momentos de su día a día.
Y es que a Toñi no se le resiste casi nada. Ni la cocina, ni el baile y, sobre todo, sacar una sonrisa a quienes están al otro lado de la pantalla. Sus vídeos nacen de los pequeños momentos del día a día: una canción que suena y la invita a bailar, un plato que está preparando o incluso un chocolate hecho a las tres de la madrugada. Todo vale cuando se hace con la espontaneidad que la caracteriza. Entre recetas de las de siempre, humor y esa cercanía que recuerda a las abuelas de toda la vida, esta albaceteña ha encontrado en las redes una nueva forma de compartir su alegría y relacionarse con una comunidad que ya la siente como una más de la familia.

Una aventura que comenzó casi por casualidad sin grandes artificios ni ediciones durante la pandemia. “Empecé a mandarle vídeos a mi familia. Ahora no sé mucho de redes, pero antes menos”, confiesa entre risas a El Digital de Albacete. Cuando terminó aquella etapa, un día decidió publicar uno de esos vídeos y después llegó otro. Y otro. “Me dio por publicar uno y me fui picando”, explica. Así, lo que empezó como una manera de compartir con sus familiares terminó convirtiéndose en una ventana a través de la que miles de personas la acompañan cada día.
De enviar vídeos a su familia a tener 260.000 seguidores: el fenómeno de la ‘abuela manchega’
Eso sí, Toñi lo tiene claro, para ella las redes son una afición, una vía de escape y no busca monetizarlo ni “convertirlo en una obligación”, aclara. “Tengo mis rachas buenas y malas, porque la procesión va por dentro”, reconoce. Cuando se encuentra bien y le apetece, graba y publica. Sin más. No hay calendario de publicaciones, estrategias ni preocupación por las cifras. “No pienso si voy a coger muchos seguidores o pocos. Lo hago por pasar un rato y como soy yo. Sin preparar nada, lo hago todo espontáneo”, asegura. “Entro a la cocina y me gusta la canción, bailo. Hago una receta, la grabo”, sostiene.
Para ella, las redes son, sobre todo, una afición y una forma de distraerse. También una manera de mantener contacto con quienes están al otro lado de la pantalla. “Me distraigo también con los mensajes, hablando con la gente”, explica. Incluso le han ofrecido monetizar sus contenidos, pero ha preferido mantener las cosas como hasta ahora. “No me gusta la obligación de tener que subir cosas. Tengo ya años, yo tengo que ir a mi ritmo”, manifiesta. Y precisamente ahí radica una parte importante de su éxito: en que Toñi no intenta ser nadie que no sea ella misma.
La popularidad traspasó hace tiempo la pantalla del móvil. Toñi cuenta que cada vez es más habitual que la paren por la calle para preguntarle si ella es “La abuela manchega”. La última de ellas recientemente, cuando acudió a un centro de salud de Albacete. Eso sí, no es la primera vez, ya que a Toñi también le han pedido fotografías, algo que se toma con absoluta naturalidad. “Me conocen como la abuela manchega”, dice. Una fama que también llega hasta su propia familia: “A mis nietas y mis hijos les mandan los vídeos y les preguntan si soy yo”.
Y sus seguidores no están únicamente en España. “Me escribe gente de Estados Unidos y de Argentina, de muchos países”, cuenta, sorprendida todavía por el alcance que han adquirido aquellos vídeos que comenzó grabando para los suyos.
La fama inesperada de Toñi: de grabar vídeos para su familia a ser reconocida por la calle
Si hay algo que define especialmente a ‘La abuela manchega’ es su espontaneidad. Si está en la cocina y escucha una canción que le gusta, no se lo piensa demasiado. “Si voy a la cocina y oigo música que me gusta, pues aprovecho y bailo”, cuenta. Bailar, de hecho, es una de sus grandes pasiones. Mucho más que cocinar. “Siempre me ha gustado bailar, pero no bailo bien, lo que tengo es ritmo. Bailo a mi aire”, explica con ese sentido del humor que también ha conquistado a sus seguidores.
La albaceteña recuerda que apenas fue pocas veces a una discoteca. “Eran otros tiempos. Fui 2 o 3 veces a algún guateque”, recuerda. Eso sí, en la cocina de su casa no hay canción que se le resista, delante y detrás de la pantalla. La cocina también aparece en sus vídeos, aunque no porque quiera convertirse en una influencer gastronómica. “Pongo el vídeo cuando estoy guisando, pero no es algo que me llame la atención. Ya hay muchas abuelas que hacen de comer”, comenta. A ella le gusta cocinar “lo de toda la vida”: «unos rollos, un buen guisado y las recetas tradicionales».
Su capacidad para convertir cualquier momento cotidiano en un contenido que conecta con miles de personas quedó demostrada hace apenas unos días. “Hace unos días subí un vídeo de un chocolate que me hice a las 3 de la mañana, lo ha visto muchísima gente y yo ahí tan tranquila”, cuenta divertida.
“Yo tengo que ir a mi ritmo”: la filosofía de la ‘abuela manchega’
Lo cierto es que ‘La abuela manchega’ no es un personaje. Es Toñi. Una mujer “positiva y risueña”, como ella misma se define. “Tengo mis ratos, pero soy positiva. Procuro ver el vaso más lleno que vacío”, aunque reconoce que no siempre es fácil. “Hay ratos que no lo consigo, pero procuro que sea así”, asegura. Y por eso, sus vídeos transmiten estar viendo alguien conocido: una abuela, una madre o una vecina.
Aunque su experiencia ha sido mayoritariamente positiva, el éxito también le ha traído algún que otro problema. Toñi ha sufrido suplantaciones de identidad en redes sociales en plataformas como Youtube y TikTok. “Les he escrito, pero nada, que no lo quitan”, lamenta, y reconoce que “me da rabia porque son mis vídeos”. Eso sí, Toñi asegura que no recibe “hate”, y que la mayoría de sus mensajes son “cariñosos”.
260.000 seguidores y cero postureo
Quizá la mejor manera de entender el fenómeno de la ‘abuela manchega’ esté en lo que las redes significan para ella. Más allá de los 260.000 seguidores, las visualizaciones o los vídeos que se hacen virales, Toñi ha encontrado en Internet una nueva forma de relacionarse. “Me gusta publicar, leer los comentarios y contestar a los que puedo”, cuenta. Cuando se pone delante del teléfono, siente que está hablando directamente con la gente. “Es una forma de relacionarme ahora”, asegura.
Y cuando se cansa de grabar, simplemente cambia el papel de creadora por el de espectadora: lee comentarios, conversa con sus seguidores y disfruta de ese contacto. “Es una vía de escape que tengo”, reconoce.
Y quizá ahí esté el verdadero secreto de Toñi: que no pretende ser nadie más que ella misma. A sus 76 años sigue bailando cuando le apetece, cocinando sus platos de siempre, riéndose de las pequeñas cosas y compartiendo un poquito de su vida con quien quiera asomarse. Y al otro lado hay miles de personas que, sin conocerla de toda la vida, ya la sienten un poquito como esa abuela que todos querríamos tener cerca. Porque entre tantos vídeos, seguidores y números, Toñi ha conseguido algo mucho más bonito: hacer compañía, regalar sonrisas y demostrar que nunca es tarde para encontrar una nueva forma de conectar con los demás.

