El Albacete Balompié encajó el gol de la derrota ante la UD Las Palmas en una situación que seguramente volverá a repetirse muchas veces durante esta temporada mientras jugadores, entrenadores y aficionados terminan de acostumbrarse a una de las modificaciones más llamativas introducidas en las Reglas de Juego. Víctor San Bartolomé estaba fuera del terreno de juego, los blancos defendían con diez futbolistas y Sandro aprovechó precisamente esos instantes para marcar el 2-1 que dejó al conjunto manchego sin el punto que había conseguido minutos antes.
La primera cuestión que conviene aclarar es importante: la árbitra aplicó correctamente la nueva norma al mantener a San Bartolomé fuera si consideró que su lesión había provocado la interrupción o había retrasado la reanudación del juego. El problema que deja el episodio de Gran Canaria no está tanto en la aplicación como en una regla que puede provocar una paradoja difícil de explicar: un futbolista que realmente recibe un golpe puede verse obligado prácticamente a elegir entre levantarse cuanto antes, aunque todavía le duela, o dejar a su equipo durante un minuto en inferioridad numérica.
¿Qué dice exactamente la nueva norma?
La modificación está incluida en las Reglas de Juego 2026/27 de la IFAB y afecta a los jugadores de campo que sufren una lesión. El principio general establece que, cuando una lesión provoca que el árbitro detenga el partido o que se retrase la reanudación, el futbolista debe abandonar el terreno de juego y no puede regresar hasta que haya transcurrido un minuto desde que el juego vuelve a ponerse en marcha. Ese minuto se contabiliza con el reloj corriendo y, una vez cumplido, el árbitro puede autorizar el regreso incluso mientras el balón continúa en juego.
El protocolo oficial concreta todavía más la situación. El jugador deberá cumplir ese minuto fuera si el juego se detiene a causa de una lesión real o supuesta, si el árbitro hace entrar a los servicios médicos o si pregunta al futbolista si necesita asistencia dentro del campo y este responde afirmativamente. Después de una primera evaluación deberá abandonar el césped y el minuto empezará a contar únicamente cuando el encuentro se haya reanudado, no desde el momento en que cruza la línea de banda.
La intención de la IFAB resulta comprensible. El organismo explica que el cambio pretende dar a los servicios médicos tiempo suficiente para valorar al jugador fuera del campo y, al mismo tiempo, reducir las interrupciones y las pérdidas de tiempo que durante años han provocado futbolistas que permanecían sobre el césped para cortar el ritmo del partido. La dificultad aparece cuando la misma regla utilizada para combatir una simulación se aplica a quien verdaderamente ha recibido un golpe.
Entonces, ¿qué tenía que hacer San Bartolomé?
Esta es probablemente la pregunta que muchos aficionados del Albacete se hicieron viendo la acción y la respuesta demuestra hasta qué punto la norma puede generar situaciones extrañas. Si un jugador recibe un golpe que no es grave, puede continuar y no necesita asistencia, debe intentar levantarse, indicar al árbitro que no requiere atención médica y evitar que su lesión sea la causa de una interrupción o de un retraso en la reanudación. El propio protocolo establece que un futbolista no está obligado a cumplir el minuto fuera cuando comunica que no necesita atención, siempre que el juego no haya sido detenido precisamente por su lesión.
Por tanto, llevado al terreno práctico, la única manera de evitar el castigo deportivo cuando el golpe permite continuar es recuperarse rápidamente y dejar claro que se puede seguir jugando. Si el futbolista permanece en el suelo y su estado impide reanudar el encuentro, si solicita asistencia o si el árbitro considera necesario detener el juego por esa lesión, entra en funcionamiento el protocolo y tendrá que abandonar el campo durante un minuto después de la reanudación.
Ahí aparece el problema. Un jugador puede recibir un golpe doloroso sin sufrir una lesión grave, necesitar veinte o treinta segundos para comprobar si puede apoyar correctamente y encontrarse ante un incentivo completamente contrario a la prudencia: levantarse inmediatamente para no perjudicar a su equipo. Nadie debería recomendar a un futbolista continuar si piensa que realmente puede estar lesionado, pero competitivamente la nueva norma introduce precisamente esa presión.
San Bartolomé explicó después del encuentro que eso fue lo que sintió. «Yo soy el primero que no quiere perder tiempo. Ahí no puedo seguir por el golpe, pero sí que me levanto», señaló el jugador del Albacete antes de admitir que sabía que la norma obligaba a permanecer fuera. Su conclusión fue contundente: «Después del esfuerzo, la fatiga que llevas, estar con uno menos es determinante».
No todos los lesionados tienen que salir un minuto
La regla contempla excepciones precisamente porque existen situaciones en las que sería absurdo o incluso peligroso aplicar el protocolo de manera automática. No tiene que cumplirse el minuto cuando se lesiona el portero, cuando chocan un guardameta y un jugador de campo y ambos necesitan atención, cuando colisionan varios jugadores del mismo equipo, cuando existe una lesión grave o cuando se concede un penalti y el lesionado va a ser quien lo lance.
Existe además una excepción especialmente importante: si la lesión es consecuencia de una infracción física por la que el rival recibe tarjeta amarilla o roja, el jugador lesionado puede permanecer sobre el terreno de juego. Es decir, un futbolista puede recibir un golpe auténtico y tener que abandonar el campo durante un minuto si la acción no es sancionada disciplinariamente, mientras que otro que sufre una entrada merecedora de tarjeta puede ser atendido y continuar sin cumplir ese periodo de inferioridad.
En el caso de San Bartolomé no se dio ninguna de esas excepciones y el Albacete terminó defendiendo durante ese periodo con diez jugadores. El problema no habría adquirido semejante dimensión si la acción se hubiese producido en el minuto 20 con el balón lejos de la portería, pero ocurrió en el descuento, con 1-1 en el marcador y cuando Las Palmas buscaba desesperadamente el tanto de la victoria.
Una regla contra las pérdidas de tiempo que puede castigar al lesionado
La filosofía de la modificación se entiende perfectamente. Durante años, una de las estrategias más utilizadas para arañar segundos ha consistido en quedarse sobre el césped, solicitar la entrada de las asistencias y provocar una interrupción que terminaba rompiendo el ritmo del rival. Si ahora existe la consecuencia de permanecer un minuto fuera, el futbolista que simula tiene mucho más que perder y su propio equipo puede ser el primer interesado en que se levante.
El problema aparece cuando la norma es incapaz de distinguir entre quien está fingiendo y quien necesita realmente unos segundos porque acaba de recibir un golpe. San Bartolomé no estaba tratando de proteger un resultado favorable, porque el Albacete necesitaba defender un empate fuera de casa en los últimos minutos, y según explicó después del encuentro su intención era precisamente continuar cuanto antes.
El propio jugador llevó la reflexión hasta sus últimas consecuencias con una frase que resume perfectamente el efecto perverso que puede generar la norma. «Con perdón, y no quiero dar ideas, casi dan ganas de que cuando acabe el partido le des un golpecito a un compañero o a un rival y ahí estoy jugando con uno más. Es que son cosas casi absurdas», manifestó San Bartolomé, que acepta que tendrán que adaptarse al nuevo reglamento pero mantiene una valoración inequívoca: «Yo personalmente creo que es muy injusto».
Alberto ya sabe qué no debe hacer el Albacete
La nueva norma deja además otra enseñanza llamativa que Alberto González explicó después del encuentro. El técnico reconoció que durante la primera mitad sus propios jugadores habían echado voluntariamente el balón fuera en dos ocasiones cuando había futbolistas de Las Palmas tendidos sobre el césped y calificó esas decisiones de error desde el punto de vista competitivo.
«En la primera parte hemos hecho el tonto dos veces echando el balón fuera», manifestó Alberto. Su razonamiento es sencillo: si el Albacete manda voluntariamente el balón fuera, la interrupción no ha sido provocada por una decisión arbitral ante la lesión y el contrario puede evitar el minuto fuera; si los blancos continúan jugando y es la árbitra quien tiene que detener el encuentro porque considera que el jugador necesita atención, entonces entra en funcionamiento el nuevo protocolo.
Esto puede provocar incluso un cambio en una de las costumbres de deportividad más arraigadas en el fútbol. Durante décadas, cuando un adversario permanecía tendido sobre el terreno de juego, muchos futbolistas optaban por enviar el balón fuera aunque el árbitro no hubiese detenido el encuentro. Con la nueva norma existe ahora un incentivo deportivo para hacer exactamente lo contrario y dejar que sea el colegiado quien decida si la lesión merece parar el partido.
¿Qué debe hacer entonces un jugador que realmente recibe un golpe?
La respuesta reglamentaria es sencilla, pero futbolísticamente resulta bastante más incómoda. Si el golpe es leve y el jugador sabe que puede seguir, debe levantarse cuanto antes, comunicar que no necesita asistencia y evitar retrasar la reanudación. Si realmente tiene dolor y necesita ser examinado, lo sensato es recibir atención médica aunque eso implique permanecer un minuto fuera del campo. Ningún punto ni ningún resultado debería llevar a un futbolista a ocultar una lesión que pueda ser seria.
Precisamente por eso el caso de Gran Canaria abre un debate interesante. La IFAB quería castigar las pérdidas deliberadas de tiempo y ha creado un mecanismo potente para conseguirlo, pero ese mecanismo también puede castigar a quien no está fingiendo absolutamente nada. San Bartolomé recibió un golpe, necesitó unos instantes para recuperarse y acabó viendo desde fuera cómo su equipo encajaba el gol que decidió el encuentro.
La árbitra aplicó la norma y, en ese aspecto, poco puede reprochársele. La pregunta que deja el estreno de la temporada es otra: ¿es razonable que un futbolista que acaba de recibir un golpe tenga que pensar antes en levantarse para no dejar a su equipo con diez que en comprobar si realmente está en condiciones de continuar? Lo ocurrido al Albacete en Gran Canaria demuestra que la nueva regla puede reducir las pérdidas de tiempo, pero también que todavía tiene aristas capaces de decidir un partido.


