Sebastián Martínez creó hace 15 años ‘El Huerto de Aitor’ en Almansa, un espacio eco-solidario en donde las hortalizas se convierten en alimentos no perecederos por trueque y se destinan a los más necesitados. Gracias a su trabajo desinteresado, estos productos acaban convertidos en kilos de lentejas, paquetes de pasta, o raciones de arroz.
La idea nació porque “me gustaba la huerta, tenía tiempo libre y me apetecía convertir este hobby en algo que fuera útil para los demás. Lo de hacerlo solidario surgió a partir de la gestión de los excedentes. En un principio, los productos del huerto eran de uso propio, y los excedentes iban a parar a las personas más próximas, como familiares, vecinos y amigos. Llegó un momento en el que teníamos mucho excedente, y entonces se me ocurrió sacarle más provecho al huerto, implantando el método del trueque. Si una persona está interesada en los productos de nuestra huerta, que tienen el valor añadido de ser ecológicos, se lleva los productos, como tomates o lechugas, y en vez de pagar con dinero se los cambiamos por alimentos envasados no perecederos, como leche, arroz, aceite o pasta. Esto abre la posibilidad de que puedan beneficiarse terceras personas, que en este caso es gente que lo necesita. Estos alimentos no perecederos van destinados a las necesidades de instituciones de Almansa como el Comedor Social, Cáritas, el Asilo, o Cruz Roja. Además, de este modo, incluso se facilita a esas personas de confianza el hecho de poder sentirse libres a la hora de pedirnos productos del huerto cuando quieran, porque siempre deben traer algo a cambio. Esa satisfacción, tanto de Francis, mi mujer, como mía, de ver un furgón lleno de productos para gente que lo necesita, es lo que nos ayuda a seguir adelante con nuestro huerto”, confiesa.

Un proyecto que comenzó hace 15 años
Este huerto solidario debe su nombre a Aitor, el hijo de Sebastián y Francis, que falleció hace 26 años. “En el año 2000 nos fuimos a vivir al campo, y nos pusimos a arreglar la casa y el jardín. Todo esto coincidió con la muerte de uno de nuestros hijos, y el jardín, de alguna manera, nos salvó la vida, porque el hecho de pasar horas arreglándolo nos ayudaba a acostarnos cansados y no pensar mucho. Unos años más tarde, en 2011, con la casa arreglada y el jardín terminado, unos amigos nos cedieron un terreno a las afueras de Almansa, en el paraje conocido por los almanseños como La Mearrera, para poner en marcha un huerto, y allí comenzamos el proyecto. No tengo tradición familiar en la agricultura, y hasta ese momento no había plantado nada, pero gracias al jardín empecé a hacerlo y me gustó, así que un día planté tomates en este nuevo huerto y, gracias a la suerte del principiante, me salieron bien y eso me animó a seguir. Dos años más tarde vimos que se vendía un bancal al lado de nuestra casa y lo compramos. Fue entonces cuando nos trasladamos a este nuevo bancal donde continuamos con nuestra aventura del huerto, al que llamamos ‘Huerto Aitor’ en recuerdo de nuestro hijo, porque es una forma de tenerlo presente siempre”, indica.

Agricultura ecológica
El cultivo en el ‘Huerto Aitor’ se lleva a cabo con criterios de agricultura ecológica, un valor añadido en cuanto a calidad. “Por principios no utilizo abonos químicos de síntesis, sino métodos naturales para los abonos, como materia orgánica, cola de caballo, ortigas, o consuelda. No utilizo herbicidas, ni insecticidas de síntesis, porque los venenos están prohibidos en este huerto. Tampoco utilizo maquinaria como la motoazada eléctrica, sino herramientas de mano, como una pala de jardinero, o una horca de doble mango con la que consigo airear el suelo, pero sin cambiar los estratos, porque siempre mimo mucho los microorganismos del suelo. Además, me gusta utilizar los aparatos de la agricultura de antes, como la ‘Romana’ como método de pesaje. Todo esto es lo que marca la diferencia entre una agricultura respetuosa con el medio ambiente, y otra agricultura que tiene que producir más, porque hay gente viviendo de eso. Yo esto lo hago porque me gusta el huerto, y me gusta ser solidario con los productos que cultivo”, explica.

Más de 700 tomates de distintas procedencias
El ‘Huerto Aitor’ tiene berenjenas, calabacines, hojas para ensaladas como lechugas, acederas, rúculas, mostaza, col china, hoja de haba, ficoide glacial, acelgas, espinacas, capuchinas, stevia, achicorias, collejas, o milenrama. También tiene pimientos como el ‘Guernica’ o el clásico italiano alargado, de padrón, de piquillo o el de asar. Además, Sebastián cultiva tomates de más de 300 variedades, y unos 700 de distintas procedencias. “Últimamente, estoy muy metido en el mundo de las semillas, y me gusta encontrar cosas curiosas y antiguas. Esto lo hago con el fin de que, aquellos tomates tan buenos que cultivaba alguien en algún sitio, no se pierdan. Por eso me siento muy orgulloso cuando alguien me llama para darme semillas de algo para cultivar, porque esa variedad va a poder seguir creciendo. Me gustaría encontrar unas semillas guardadas en un trozo de trapo con olor a azafrán, porque eso significa que la persona que lo guardó las consideraba valiosas”, concluye. Gracias a la iniciativa de Sebastián y Francis, el ‘Huerto Aitor’ cultiva solidaridad, esperanza y futuro para la gente más necesitada de Almansa.















// Fotos: Cedidas //

