Una de las mayores actuaciones hidráulicas planteadas en los últimos años en la Sierra del Segura empieza a tomar forma sobre el terreno. La Mancomunidad de los Canales del Taibilla ha definido una infraestructura valorada en 31,77 millones de euros que permitirá llevar agua desde el embalse de la Fuensanta hasta el Canal Alto del Taibilla, una compleja operación diseñada con un doble propósito: dejar más agua circulando por el río Taibilla y reforzar al mismo tiempo la garantía de abastecimiento de alrededor de 150.000 personas.
El proyecto, que se desarrollará fundamentalmente en los términos municipales albaceteños de Yeste y Letur, acaba de entrar en una fase administrativa determinante al someterse a información pública dentro de su evaluación de impacto ambiental. Detrás de una denominación aparentemente técnica “recirculación de caudales para mejora del estado ecológico del río Taibilla” se encuentra en realidad una obra de gran envergadura, con bombeos capaces de mover hasta 800 litros de agua por segundo, conducciones de 800 milímetros de diámetro y una nueva línea eléctrica de alta tensión que atravesará nueve kilómetros de la sierra.
El anteproyecto de junio de 2026 pone además cifras concretas a una actuación que llevaba años estudiándose. La ejecución material se calcula en 22.063.380 euros, mientras que el valor estimado del contrato asciende a 26.255.422 euros y el presupuesto base de licitación, una vez añadido el IVA, alcanza exactamente los 31.769.061,70 euros. De ese importe, casi 8,9 millones corresponden únicamente a las conducciones, otros 4,28 millones a la estación de reimpulsión y más de 3,43 millones al canal de captación y la primera estación de bombeo.
Sacar agua de la Fuensanta para dejarla correr por el Taibilla
La aparente paradoja explica buena parte del proyecto. La infraestructura permitirá incorporar recursos procedentes del río Segura y almacenados en el embalse de la Fuensanta al Canal Alto del Taibilla. De esta manera, parte del agua que actualmente tiene que captarse directamente del Taibilla para abastecimiento podrá permanecer en su cauce, aumentando considerablemente los caudales ecológicos de sus tramos inferiores.
Actualmente, el régimen de explotación permite mantener en el azud de toma un caudal ecológico de alrededor de 100 litros por segundo. La nueva planificación persigue aproximarse a un caudal medio anual de 445 litros por segundo, para lo que sería necesario compensar desde la Fuensanta entre 10,87 y 14,03 hectómetros cúbicos de agua cada año, dependiendo de las condiciones existentes en el propio río.
En condiciones normales, por tanto, la finalidad de la instalación será esencialmente ambiental. Podrá funcionar durante todo el año bombeando entre aproximadamente 302 y 484 litros por segundo para aumentar el agua que permanece circulando por el Taibilla. Sin embargo, toda la infraestructura se dimensionará para alcanzar los 800 litros por segundo, una capacidad reservada para situaciones extraordinarias en las que sea necesario asegurar el abastecimiento.
Un sistema del que dependen unas 150.000 personas
Esa segunda función explica la magnitud de las instalaciones proyectadas. La estación potabilizadora de Letur abastece a una amplia zona que presenta una especial vulnerabilidad, ya que numerosos municipios dependen exclusivamente, o prácticamente de manera exclusiva, del agua que llega a través del antiguo sistema hidráulico del Taibilla.
El anteproyecto identifica 18 municipios en esta situación: Férez y Socovos, en la provincia de Albacete, junto a Moratalla, Calasparra, Caravaca de la Cruz, Cehegín, Bullas, Mula, Campos del Río, Albudeite, Pliego, Totana, Ojós, Ricote, Ulea, Villanueva del Río Segura, Alhama de Murcia y Librilla. A ellos se suman determinadas pedanías de Lorca y Mazarrón. En total, la población servida ronda las 150.000 personas.
En el escenario más desfavorable, el sistema necesitaría proporcionar aproximadamente 60 millones de litros de agua diarios. Es precisamente esa demanda excepcional la que lleva a dimensionar la conexión para transportar un máximo de 800 litros por segundo, aunque su funcionamiento habitual se producirá con volúmenes sensiblemente inferiores.
Cerca de siete kilómetros de tuberías y dos grandes bombeos
Para hacerlo posible será necesario construir una infraestructura que atravesará buena parte del entorno de la Fuensanta. La actuación comenzará con un canal de aducción de 330 metros de longitud y 8,5 metros de anchura en su base, concebido para permitir la captación incluso cuando el embalse presente niveles bajos.
Desde allí entrará en funcionamiento una primera estación de bombeo situada en el propio vaso del embalse. Dispondrá de cuatro grandes bombas sumergibles —tres operativas y una de reserva— capaces de elevar conjuntamente hasta 800 litros por segundo. La potencia instalada superará el megavatio.
El agua recorrerá después una primera conducción hasta una segunda estación de bombeo situada en tierra firme. Será la instalación más potente de todo el complejo, con cuatro grupos de bombeo y alrededor de 3.400 kilovatios de potencia instalada, necesarios para salvar un desnivel considerable y elevar el agua hasta el Canal Alto del Taibilla.
Desde ese punto partirá la gran conducción de reimpulsión, una tubería de fundición dúctil de 800 milímetros de diámetro y algo más de seis kilómetros de longitud. Su recorrido partirá de las proximidades de El Toril, atravesará el arroyo Cañada de Alarcón, cruzará la carretera CM-3225 y el propio río Taibilla antes de finalizar en el Canal Alto.
Una tubería por debajo de la carretera y por el lecho del río
Algunos de esos cruces obligarán a recurrir a soluciones especialmente complejas. Para atravesar la CM-3225, la opción inicial de abrir una zanja en la propia carretera ha sido descartada. La tubería se instalará mediante una perforación mecánica subterránea, alojada dentro de otro conducto de protección y manteniendo una separación mínima de 1,5 metros respecto al firme.
Todavía más delicado será el cruce del río Taibilla. Los trabajos se realizarán previsiblemente durante el periodo de menor caudal y será necesario desviar temporalmente el agua mediante dos diques de aislamiento y una conducción provisional para poder trabajar en seco. La nueva tubería quedará enterrada bajo el cauce y protegida mediante lastres de hormigón para impedir que pueda desplazarse por flotación.
A la infraestructura hidráulica se añadirá además una nueva línea aérea de alta tensión de 9,045 kilómetros, 20 kV y 46 apoyos, que suministrará la energía que requieren los grandes grupos de bombeo.
Dieciocho meses de obras, pero con una importante restricción
La Mancomunidad calcula que la construcción requerirá 18 meses, aunque el calendario tendrá que adaptarse obligatoriamente a los condicionantes ambientales de una zona de extraordinario valor natural.
Entre las restricciones más importantes figura el águila perdicera. El proyecto atraviesa espacios incluidos en la Red Natura 2000 y coincide con el área crítica de esta especie, catalogada en peligro de extinción en Castilla-La Mancha. También existen zonas de reproducción de águila real y halcón peregrino, áreas de campeo del águila imperial ibérica y tramos considerados aguas trucheras.
Por este motivo, las obras deberán programarse de manera que entre enero y junio no se ejecuten trabajos ruidosos que puedan interferir con la nidificación del águila perdicera. La limitación condicionará de forma importante la planificación de una obra que, sobre el papel, tiene año y medio de duración.
Un impacto “severo” durante la construcción
El propio estudio ambiental no minimiza los efectos de levantar una infraestructura de esta magnitud en un espacio protegido. Durante la fase de obras califica como severo el impacto sobre la Red Natura 2000, la fauna, la flora y los hábitats de interés comunitario. La incidencia sobre atmósfera, geología, hidrología, patrimonio y paisaje se considera moderada.
La situación cambia considerablemente una vez finalizados los trabajos. En la fase de explotación, el impacto sobre Red Natura 2000 pasa a considerarse compatible, mientras que el correspondiente a fauna, flora y hábitats se rebaja a moderado. El estudio sostiene además que, con las medidas previstas, los efectos sobre los objetivos de conservación serán negativos pero no significativos ni apreciables, por lo que no deberían comprometer la integridad del espacio protegido ni la coherencia ecológica de la Red Natura.
El trazado se ha modificado precisamente para reducir esas afecciones. Entre otras decisiones, se ha desplazado el punto de conexión con el Canal Alto aproximadamente un kilómetro para conseguir que los últimos 1,2 kilómetros de conducción queden fuera de Red Natura 2000, evitando atravesar directamente terrenos forestales de gran valor de la Sierra del Tobar.
Arqueología bajo el recorrido
La naturaleza no es el único condicionante. Durante la tramitación, Cultura detectó que las obras atraviesan dos ámbitos de protección arqueológica incluidos en el inventario de Yeste: Puntal de la Alameda y Las Claras. La posible afección obligó a realizar una prospección arqueológica específica y a establecer cautelas para compatibilizar la construcción con la conservación del patrimonio.
El proyecto había estudiado también inicialmente la construcción de una planta solar fotovoltaica de 4,2 MWp para alimentar los bombeos, pero esa solución terminó siendo descartada. La Mancomunidad pretende que en el futuro las instalaciones puedan funcionar con electricidad de generación hidroeléctrica propia; mientras esa conexión no exista, utilizarán la red convencional y se contempla incluso la posibilidad de recurrir a un grupo electrógeno en determinadas situaciones de emergencia.
Tras años de estudios, alternativas y modificaciones, la conexión entre la Fuensanta y el Canal Alto del Taibilla llega así a su configuración más definida hasta la fecha. El objetivo ya no es simplemente construir una nueva vía para transportar agua, sino utilizar una infraestructura de casi 32 millones de euros para resolver un equilibrio especialmente complejo: garantizar el abastecimiento de decenas de municipios sin seguir detrayendo del río Taibilla más agua de la necesaria y permitir que una mayor parte de sus caudales vuelva a recorrer de forma natural uno de los enclaves fluviales más valiosos de la Sierra del Segura.


