ASÍ SUENA |  Fuego abierto al objetivo 

Artículo de opinión de Humberto del Horno

((Ya no respeto tu tregua, ni me quedo en la frontera, ni me canso de escribir. Fuego abierto al objetivo, ya lo tengo decidido, nadie lo va a hacer por mí. Empezó la guerra fría, el tiempo de la anarquía, empieza tu amargo fin    Canción de guerra – Supersubmarina))

Guerra híbrida, qué concepto, tan desconocido cuando lo inventaron en el pasado, tan vigente en el presente y tan temido de cara al futuro. En esas estamos, ni más ni menos, con un vecino de escalera, en la escalera del suro, al que le sobran las tretas para desestabilizar nuestra casa entera, desde la cocina y  hasta el salón, que sabe cómo prenderte fuego a las cortinas y cortar la llave de paso para que no lo apagues con tiempo de sobra para poder quejarse porque le molesta el humo.

   Capaz, de, sin rubor, usar a 70.000 de sus propios ciudadanos como arma bélica para buscar las cosquillas del vecino del norte aunque tengan que morir más de 150 de los suyos en el intento, y qué más da. 

   Y, para aderezar más la ceremonia, maquillarse frente al espejo de la opinión internacional acusando al invadido de no querer devolver a los menores que permanecen en su fronteras. Tremendo. Si el monarca-dictador marroquí hace todo esto es, simplemente, porque lo puede hacer. Y lo puede hacer, en parte, porque desde el otro lado del Atlántico, el mayor de los matones de este patio de recreo se atusa el pelo y ríe apuntándose una más en la casilla de las victorias. 

   Por mirarnos de costuras hacia adentro, que también toca, la orfandad de Estado es quizá lo más preocupante. Porque cuando el Estado falla, el odio campa, y el racismo que tanto ha funcionado en otros tiempos y en otros territorios como argumentario político comienza ahora a ser también un activo electoral. Tanto, tanto, que hasta el ‘socialdemócrata’ gobierno danés se da la mano con el extremista ejecutivo italiano. Nos hemos vuelto locos. 

   Más allá, lo que hace doce días se vistió desde el Gobierno al mando como una situación de normalidad sigue sin ser normal, por mucha visita ministerial que se repita día tras día a gritar que ‘todo va bien’ desde un atril. Porque no va bien, basta con mirar en qué situación están quedando en Ceuta unos servicios públicos desbordados y en absoluta soledad. 

   Párrafo aparte para la oposición y para el líder de la oposición. Quizá a convenga que algún allegado le haga saber a Alberto Núñez Feijóo, ese que pretende gobernar España en unos meses y tiene incluso opciones de hacerlo, que Ceuta no se disipará con el simple gesto de que Pedro Sánchez haga las maletas y abandone Moncloa. 

   Y así, la atmósfera de esta semana está patrocinada por la incertidumbre sobre si el viernes, ese día en el que media España estará venerando a su Virgen de Agosto, habrá otra intentona de paso fronterizo masivo desde la casa del vecino del sur. Y, aunque apuesto que no pasará absolutamente nada, ya habrán ganado otra batalla, demostrando que para hacer la guerra no hace falta ni pegar tiros ni cumplir amenazas. A Marruecos, y a Estados Unidos por extensión, le bastará con comprobar cómo España se cree el envite. 

Humberto del Horno

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