ASÍ SUENA | La estrella de los tejados 

Artículo de opinión de Humberto del Horno

(( La estrella de los tejados, lo más rock & roll de por aquí – Lady Madrid – Pereza ))

Fue en Iowa, un 1 de febrero de 2016, cuando Donald Trump, nada más arrancar la carrera de las primarias en el bando republicano de cara a postular a la Presidencia de Estados Unidos y dar el relevo a Barack Obama, presumió de la lealtad de su electorado. Y lo hizo de una manera que resultó ser paradigmática de lo que vendría a ser, diez meses después, su primer inquilinato en la Casa Blanca. 

   «Tengo a la gente más fiel. Podría pararme en mitad de la Quinta Avenida y disparar a gente, que no perdería votantes», dijo el entonces precandidato en el primer acto de campaña por el trono de las barras y estrellas en la ciudad de Sioux. 

   A Isabel Díaz Ayuso, hasta ahora, le pasaba algo parecido. En lo de a la lealtad de su votante, me refiero. Por eso pensó, o pensaría el que piensa por ella, que iba a salir ilesa de su última aventura inmobiliaria, la del atiquito que fue oficina primero y donación después. Pero empiezo por el final. 

   Aunque merezca comentario que la presidenta haya sido capaz de ser pirómana y manguera al mismo tiempo; aunque la mala gestión de su gobierno, la de personal y la del monte, tengan gran parte de la culpa de la lúgubre estadística que ha encumbrado al fuego de la última semana como el más violento de la historia de España, no hay que dejar de mirar más allá del dedo que señala a la luna para entender cómo funcionan según qué cosas en los engranajes del poder en este país.  

   Y es que no es casualidad que un solo día después del estruendoso indulto a Laura Borrás el eco mediático fuera más puntiagudo dando sombra a la maniobra presidencial de agendarse el pisito de Chamberí, cuando las escrituras llevaban firmadas un par de meses. 

   Más allá de eso, que el inmueble dejara de militar en el catastro madrileño como nidito presidencial para pasar a convertirse en donación para paliar los efectos de los incendios es lo más parecido a tirar el Rey sobre el tablero y aceptar la derrota que ha hecho el Gobierno de la Comunidad de Madrid desde que Ayuso ayusea y desde que Miguel Ángel Rodríguez hace todo lo demás. 

   Casi todos los comentarios en torno a las torpezas de doña Monopoly están ya escritos, pero yo no me resisto a ofrecer otro cristal desde donde se mire. Hablemos de Miguel Tellado. 

   De todos es sabido que todo aquel partido en la oposición con la mínima aspiración de gobernar debe de contar en sus filas con todo tipo de perfiles. En el caso de don Miguel, ejerce con solvencia y diría que hasta orgullo su papel de portacoz. Ojo, que no es fácil. 

   El portacoz ‘popular’, a estas alturas de partido, tiene la doble tarea de morder a unos y lamer a otros casi al mismo tiempo. Simultanear tareas implica pisar barro en según la ocasión. Y en esas estamos. 

   Así, mientras la Comunidad de Madrid solventaba los años de recortes en el sector forestal vendiendo inmuebles de lujo al peso, don Miguel andaba justificando la compra del último de ellos, que respondía a «una obra integral en la sede del Gobierno autonómico» que, hasta el momento, ni está ni se la espera. 

   La fotografía de Ayuso recogiendo cable mientras Tellado andaba desbocado y ladrando al aire es historia de España. ¿Qué pasaría si la presidenta sacara a pasear a Tellado por la Gran Vía y éste mordiera a la gente al azar como si de una pistola de Donald Trump se tratara?

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