Hay viajes que se hacen con los pies en la tierra y otros que solo se entienden desde el cielo. Francisco Vidal y Antonio Lorente, dos pilotos del Aeroclub de Albacete, han vivido una aventura de las que se queda grabada par siempre: surcar los cielos a bordo de su aeronave y descubrir desde las alturas algunos de los paisajes más espectaculares de la península, la costa marroquí, el desierto y las Islas Canarias.
A los mandos de su avión, Vidal y Lorente han debutado en la Vuelta Aérea a España, un evento que organiza el Real Aeroclub de España cada año, y que ha sido especialmente significativo este 2026, ya que conmemora un vuelo clave en la historia de la aviación española: el que realizó el hidroavión Cuatro Vientos a través del Atlántico sur para abrir una de las rutas aéreas desde España hasta América.
Así, los pilotos de Albacete han cruzado el Estrecho de Gibraltar para adentrarse en el desierto y las costas marroquís y dar el salto hasta el archipiélago canario, convirtiendo esta experiencia en una aventura única.

Así recorrieron Francisco Vidal y Antonio Lorente el cielo de España, Marruecos y Canarias
“Ha sido una semana intensa recorriendo la península y hemos dormido en varias ciudades marroquís y canarias”, recuerda Antonio, que asegura que ha sido un viaje “espectacular”, que ya tenía en mente. “Cuando supe que cabía la posibilidad de hacerlo con otros aviones y en grupo, no lo dudé. Se vive de otra manera”, explica, y manifiesta que “estuvimos horas sobre el mar”, por lo que los acompañó un avión de rescate del Ejército del Aire. “Mi afición viene de nacimiento, llevo volando 28 años”, pues su abuelo fue mecánico de la Maestranza Aérea de Albacete y su padre también tenía una gran afición por la aviación, por lo que crecer rodeado de ese mundo hizo que el cielo se convirtiera en un refugio. “No me lo han impuesto, ha sido algo que me ha salido de forma natural”, reconoce.

Por su parte, Francisco Vidal, presidente del Aeroclub de Albacete, asegura que “los paisajes del desierto son muy impresionantes, al igual que el mar. Cuando vuelas en un avión pequeño y todo alrededor es agua, impone”. Y es que este ha sido un viaje de altura, con paisajes espectaculares que difícilmente olvidarán los pilotos.

Miles de kilómetros, mar, desierto y cielo: el viaje que nunca olvidarán dos pilotos de Albacete
Lorente explica que la altura a la que vuelan es mucho menor que la de los aviones comerciales. “Puedes saludar a la gente y ver cómo te saludan de vuelta”, manifiesta, y asegura que volar siendo quien maneja la aeronave es una experiencia diferente. Para Antonio Lorente, uno de los protagonistas de esta aventura, la seguridad es una de las grandes prioridades cuando se afronta un reto de estas características. Aunque desde fuera pueda parecer una hazaña arriesgada, explica que la aviación deportiva cuenta con unos protocolos muy exigentes. “El índice de fiabilidad es altísimo. Es más fácil que te pase algo con el coche que en el avión”, asegura.

Francisco Vidal, presidente del Aeroclub de Albacete, también pone en valor la importancia de una entidad que mantiene viva la pasión por la aviación desde hace décadas. El club fue fundado en 1968 y, desde entonces, su objetivo ha sido acercar la aviación general y deportiva a todos aquellos que sienten curiosidad por volar. “Nos gusta pensar que somos herederos de aquellos pioneros que inventaron la aviación, gente que construía aviones de tela con motores pequeños y que volaba por pasión”, explica Vidal, quien recuerda que el Aeroclub de Albacete forma parte de una tradición aeronáutica con mucha historia. «Es el alma de la aeronáutica en Albacete”, manifiesta.

Francisco Vidal destaca que uno de los aspectos más especiales de la experiencia fue compartir el viaje con otros apasionados de la aviación, pues la expedición sumaba 25 avionetas. Así, señala que “ha sido una convivencia con pilotos de toda España, porque tampoco te vas todos los días a Canarias”, y manifiesta que este tipo de travesía también quieren tiempo y planificación, ya que las avionetas vuelan a unos “200km/hora, lejos de la velocidad de un avión comercial, y necesita hacer paradas para repostar”. Sin embargo, asegura que esa es precisamente la esencia de la aventura. «Lo importante es el viaje. Cuando vuelas dominas el paisaje y todo cambia muchísimo. Albacete, visto desde el aire, es otra cosa distinta», asegura, y anima a cualquier a probar esta experiencia: “Puede que olvides un regalo de Navidad, pero un vuelo nunca se olvida”.

Ahora, después de miles de kilómetros y cientos de imágenes grabadas desde el cielo, Antonio y Francisco siguen mirando hacia nuevos destinos. Porque para ellos la aviación no es solo llegar a un lugar, sino disfrutar de cada segundo del camino.













// Fotos: Cedidas Antonio Lorente y Francisco Vidal //

