Querido paisano:
La verdad es que pensaba iniciar el periodo de vacaciones formales este domingo, pero como la cosa se ha puesto tiznada en el entorno del yacimiento de El Acequión, he decidido reabrir el ordenador para hacerte partícipe del último desmán que se pretende llevar a cabo en las inmediaciones de la que fuera tu morada allá por la Edad del Bronce.
Según hemos podido saber por fuentes generalmente bien informadas, una empresa murciana, aunque eso sea lo de menos, ha iniciado los trámites pertinentes para abrir dos macrogranjas de cebo con una capacidad conjunta de 14.400 cerdos, en las proximidades de la laguna de El Acequión y frente a la zona de laminación del Canal de la Lobera.
A nadie se le escapa que, de recibir el visto bueno desde un punto de vista ambiental y administrativo y por muy bien que se pretenda gestionar el tratamiento de los purines y la gestión del agua, el futuro del yacimiento arqueológico de El Acequión quedaría seriamente comprometido. No sé si herido de muerte, pero si de extrema gravedad.
No hace falta tener una licenciatura cum laude en Ciencias Ambientales por la prestigiosa Universidad de Harvard, ni tampoco presumir de Máster en Sostenibilidad Ambiental en el Desarrollo Local y Territorial impartido por la Universidad de Castilla-La Mancha, para llegar a la conclusión de que la instalación de este tipo de ganadería intensiva en las proximidades del paraje dificultaría hasta límites insospechados la posible y anhelada recreación de lo que pudo ser el germen, el origen, de lo que hoy es nuestra ciudad.
¿Quién en su sano juicio se animaría un domingo por la mañana a visitar el yacimiento y su centro de visitantes, cuando a pocos cientos de metros se engordan 14.400 cerdos con la coletilla que eso lleva detrás? Y no me refiero solo al aroma que indudablemente flotará en el ambiente, que ya sería suficiente para desanimar al más pintado, sino a las condiciones medioambientales que serían preciso cumplir en el momento de solicitar las correspondientes ayudas a la inversión para su recreación, si es que alguna vez nuestro apreciado candidato se apresta a ello, a lo que habría que añadir el constante trasiego de camiones para el transporte de los lechones al inicio de cada ciclo, el aprovisionamiento semanal del forraje necesario para su engorde y su posterior traslado al matadero. Vamos, un verdadero sindiós en toda regla.
Mira que me cuesta creer que no exista otro lugar dentro de los 1.125 kilómetros cuadrados de los que dispone nuestro término municipal, para que se pretenda ubicar esta instalación, precisamente en el proximidades de la primera Motilla declarada Bien de Interés Cultural en la región y la única de este tipo documentada en toda la provincia. A fin de cuentas, estamos hablando del yacimiento arqueológico más importante de la Edad del Bronce, único en nuestra provincia y uno de los más representativos, por no decir el que más, en toda la región.
De momento no nos queda otra que apelar a la conciencia de los gobernantes que han de dar el visto bueno a esta operación industrial y les animo a que se carguen de razones técnicas y administrativas para denegar la solicitud, que por otra parte tampoco va a suponer la panacea universal, por lo que a la creación de puestos de trabajo se refiere, dado que según la memoria presentada tan solo serán dos los empleos de nueva creación
No estamos hablando solo del posible impacto medioambiental, que doctores tiene la Santa Madre Iglesia que se encargarán de su evaluación, sino de la contradicción que supondría autorizar la instalación en las proximidades de la laguna que alberga la Motilla, y que tras su declaración como BIC y en base a lo recogido en la Ley del Patrimonio Histórico de Castilla-La Mancha, tiene prohibida cualquier actividad industrial.
Por supuesto que nuestro querido candidato también tiene mucho que decir en este tema, no en vano el Plan General de Ordenación Municipal de Albacete tiene catalogada la Laguna del Acequión como zona húmeda con protección cautelar. Con independencia de la cantidad de agua que albergue, el suelo mantiene su consideración ambiental y urbanística especial, además, el planeamiento municipal califica el paraje en su conjunto. como terreno de alto valor agrícola, no haciendo mención ni expresa ni de pasada, a su posible recalificación como suelo industrial. Por no hablar de las filtraciones de amoniaco procedentes de los purines que pudieran afectar de forma directa al Canal de La Lobera, que conecta las aguas procedentes del río Jardín con la red de drenaje del Canal del Acequion y el Canal de María Cristina, por lo que supongo que la Confederación del Júcar también también tendrá que tener su propia vela en este entierro.
Si el asunto no fuera tan serio como lo es, sería para partirse de risa recordando a nuestro aguerrido candidato exigiendo a la Confederación que rompiera el canal cuando la amenaza de desborde del mismo aguas arriba parecía que era inminente, y eso que hace unos meses, cuando llovía a mares, el canal no tenía acumulaciones de amoniaco en su seno que se desparramaran por los campos adyacentes, contaminando todo su recorrido, que probablemente será lo que suceda en un futuro en el caso de que esta instalación reciba luz verde, cuando regresen los episodios de lluvias constantes, que regresarán, digan lo que digan los negacionistas del cambio climático.
Haría bien el inquilino del despacho rectangular de la Casa Consistorial en tocar a arrebato y convocar una reunión urgente con todo quisqui para analizar este tema y poner pie en pared ante tamaño despropósito, anunciando, entre otras medidas, la realización del Plan Especial de Protección que preserve medioambientalmente la zona, combinando actuaciones que puedan derivarse del interés arqueológico con la protección integral de la zona, que dicho sea de paso es lo que se recoge en el artículo 3.4.8. de las normas urbanísticas municipales actualizadas en julio de 2022.
Si no te gusta lo que ves, ya sabes lo que toca cuando toque. Y vete preparando la pancarta por si acaso.
PD. La peor forma de contaminación es la indiferencia.
Antonio Martínez

