No sé qué les ocurre a algunos políticos cuando alcanzan el poder. Pierden el sentido común y son capaces de adoptar decisiones difíciles de explicar que los meten en callejones sin salida y los convierten, innecesariamente, en protagonistas de la extravagancia política.
Lo más sorprendente es que suelen hacerlo cuando mejor les van las cosas y más debilitados están sus adversarios, dilapidando un capital político que tanto les costó conseguir.
Lo digo por Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, y la compra de un ático de 485 metros cuadrados en Chamberí para utilizarlo, según la versión oficial, como oficina temporal durante las obras en la sede del Gobierno Regional. Se trata de un inmueble muy próximo a otra propiedad de la presidenta y cuyo valor de mercado podría rondar los seis millones de euros. La operación se realizó en abril, aunque ha trascendido ahora.
Seguramente ante la presión política y mediática, el jueves al medio día saltaba la noticia de que la Comunidad había decidido vender ese ático –junto con otros inmuebles– y destinar el importe a paliar la situación provocada por los recientes incendios.
Pues me parece muy bien que se rectifique. Ojalá todos los responsables públicos hicieran lo mismo cuando se les sorprende en decisiones difíciles de justificar: dar marcha atrás, devolver lo que corresponda o corregir aquello que nunca debió hacerse. Sería un magnífico precedente y un ejemplo para quienes puedan verse tentados de recorrer el mismo camino.
Pero una cosa no quita la otra. Si lo de Ayuso no es de recibo, el trato periodístico que ha recibido desde la izquierda mediática, desde primeras horas de la mañana del jueves y también el día anterior, cuando se conoció la noticia, tampoco lo es. No han parado. Auténticos monográficos ante un asunto denunciable, claro, pero seguramente también debería haber tiempo para todo lo que rodea al caso Zapatero, con novedades importantes, por ejemplo, o para la imputación de un exdirector general del Gobierno de España.
Pero no, Ayuso y Ayuso. Al menos en los medios que yo habitualmente escucho, con mayor o menor asiduidad.
Luego esos mismos hablan de bulos y desinformación. No sé dónde están los bulos en los medios convencionales que todos conocemos. Yo no los veo por ningún sitio. Ahora bien, la desinformación y el empeño en orientar la actualidad para golpear donde más daño haga, eso sí lo veo.
Y termino como empecé: lo de Ayuso, a lo que no le quito la más mínima importancia, puede ser un colosal error de gestión y un notable fallo político. Pero otros asuntos conocidos en las últimas horas son casos corrupción política ya juzgados o presuntos casos de corrupción que, desde luego, presentan un aspecto francamente preocupante.
Ahora, con la situación vivida en Ceuta, no hay que preocuparse: la culpa, en términos generales, empieza a achacarse a la derecha y a la extrema derecha. Así funciona la opinión sincronizada. Menos mal que he cambiado el dial en busca de pluralidad y resulta que los vecinos ceutíes están asustados, encerrados en sus casas y con sus negocios cerrados. Pero eso no importa, ¿verdad?
No voy a culpar a nadie de esa crisis, que también es humanitaria; eso lo dejo para los sabiondos. Incluso periodistas de izquierdas coinciden ya en que el problema no son las mafias, como repiten machaconamente. Lo que sí sé es que, en estos momentos, PP y VOX sumarían 200 diputados.
Alguien recordaba hace unas horas: “Así es la vivienda oficial de Yolanda Diaz en Madrid: 443 metros cuadrados en pleno Paseo de la Castellana. La vicepresidenta segunda cuenta con el inmueble más grande de todos los miembros del Gobierno situado en las dependencias del Ministerio de Trabajo y Economía Social”. Parece otro dislate.
Recientemente el presidente Page pasó por la SER nacional para hablar de los incendios, la financiación, la corrupción y los indultos. Me quedó la sensación de que dejó boquiabiertos tanto al conductor del programa como a los tertulianos, que escucharon con atención, sin comentarios ni repreguntas. Sin embargo, una vez finalizada la entrevista y tras despedirse el presidente, surgieron las críticas de siempre hacia el político regional.
Da la impresión de que son más partidarios del Gobierno de Sánchez que de Page. Aunque esa es la situación actual; más adelante, ya veremos. Todo es susceptible de cambiar.
Sobre incendios lo tiene claro: habló con datos, habló de solidaridad y demostró conocer bien el terreno que pisa. Sobre el modelo de financiación recordó que el modelo actual lleva caducado 12 años y que le parece mentira que se quiera negociar uno nuevo cuando el país lleva cuatro años sin presupuestos.
Admitió tener dudas sobre las explicaciones de Zapatero. “Si tuviera la certeza de que todo es falso estaría tranquilo…Lo peor es la duda”. Sobre el indulto a Borrás, lo califica de chantaje y sostuvo que “daña la credibilidad en la lucha contra la corrupción”.
A Cospedal le envió un recado por “cargarse la mitad de la empresa pública” que se creó como consecuencia de un gran incendio en Guadalajara.
Todo muy claro, la verdad. Aunque entiendo que desde el PP y otros sectores se le pida que dé algún paso más si realmente quiere contribuir a poner fin a la política actual. No es fácil: los diputados nacionales no son suyos, aunque a veces lo parezca. Pero su liderazgo se entendería mucho mejor si, más pronto que tarde, hiciera algún movimiento.
Las carreteras también cuentan historias. La inversión en dos carreteras que unen Viveros con El Bonillo y Alcaraz (pasando por Solanilla y Canaleja) con una inversión de 2,6 millones de euros, facilitará desplazamientos y harán más seguro el día a día de muchos ciudadanos. Un proyecto impulsado, según escucho y leo, por el diputado provincial socialista, Fran Valera que demuestra que los pequeños municipios cuentan en la Diputación Provincial.
Es mi pueblo y me alegro mucho. Seguimos.
“Quien no se contradice, no ha pensado lo suficiente”. (Hegel)
Ángel Calamardo
X: @AFCalamardo

