Entró Samuel Navalón en Azpeitia por la vía de la sustitución. Cogió el puesto de Marco Pérez, al que arrasó siempre de novillero, y que fue herido gravemente hace unos días en Santander. En realidad el rebote del otro gran rebote, el que se llevó el empresario, Joxin Iriarte, después de cambiar las fechas de la feria y adelantarlas a este jueves por expreso deseo de Morante de La Puebla, que ha resituado Azpeitia en el mapa de los taurinos, pero que este año, a ultima hora, le dejó tirado para irse a matar unos churros a Mallorca. Tampoco es que los del coso vasco fueran porras. Los había elegido él. Las cosas de las figuras que se convierten en dictadores. Por donde va Morante no crecen los pitones. En Azpeitia no hay ya ni semilla para que germine un ápice de colágeno cornudo.
El torero de Ayora dio en el oscuro ruedo vasco sus dos versiones, la rotunda, por fresca, inteligente y capaz, y la populista, válida y cortoplacista a partes iguales. Lo mejor llegó con el sexto toro de la tarde, al que recibió con un manojo de largas cambiadas de rodillas y un ramillete de verónicas coronadas con una media elegantísima y una revolera que pusieron en pie a los tendidos, ya entregados a la fiesta con las peñas cantando y la banda tocándose una jota en banderillas. Antes, dos picotazos magníficamente señalados por Daniel López, oro manchego a caballo que rara vez baja del notable cuando se sube al caballo. Saludó la cuadrilla tras parear y Navalón brindó también al público, que estaba a muerte con el torero. Así es Azpeitia con los que se entregan.

Se quedó en los medios y se sacó al toro por la espalda en un inicio vibrante. El de Loreto Charro, burraco y de mejor estampa que sus espantosos hermanos, se movió con franqueza y siempre al galope. Navalón estuvo muy hábil para cogerle el ritmo y la distancia. Corrió bien la mano en tandas periféricas, pero con mucha ligazón y no menos temple. Sacó su mejor versión, gracias a un toro que casi le imploraba toreo fundamental. Al natural se explayó y dejó varios muletazos soberbios, mucho más acoplado y dando el pecho al toro. Cuando la faena había roto en calidad, Navalón optó por echarse de rodillas para nutrir el ansia de testosterona de los tendidos, ya bien tomaditos. Lo hizo perfecto, eso sí. Acabó dando circulares que el toro, más rajado y al abrigo de las tablas, se tragó con avaricia. Lo mató con un espadazo espectacular por ejecución pero que viajó excesivamente contrario, algo que dilató la muerte en exceso. Aún así cortó dos orejas que le valdrán para repetir el año que viene aquí, por méritos propios.

Su primero, que hizo tercero, estaba gordito, pero presentaba una cara irrisoria, acucharado de pitones, pero cucharas de café solo. A este, como al resto, le habían dado forma en las puntas. Siempre en presunto, como cuando Ábalos y sus ‘furcioniarias’ de la Renfe. Lo recibió el torero de Ayora con una larga de rodillas en el tercio y rápido cambió el arrojo por la paciencia para ir ahormando al animal, que se fue al relance al caballo que montaba Cristian Romero, que le dejó dos puyazos sensacionales. Uno, reglamentario y otro, propina involuntaria. Vestido además el jinete con una chaquetilla con un azul nocturno revestido de un oro coruscante. Preciosa. Apretó el toro con mal estilo y buscando las cosquillas a Javier Perea y a Víctor Martínez, que resolvieron con su habitual habilidad. El momento que vive el toreo de plata albaceteño es formidable.

Brindó Navalón al público y se echó de rodillas para rendir a los tendidos con su valor, tan habitual como a veces kamikaze. Torero ascético en el ruedo, aunque no es el intelecto lo que más brilla en él últimamente. Algo estancado en cuanto a concepto y, sobre todo, en lo que tiene que ver con los fundamentos del toreo. Arrea mucho y da el 100% siempre, pero nunca se debe prescindir del freno de mano y mucho menos en los inicios. Conviene contar hasta diez y pensar qué necesita el toro y de qué manera se pueden aprovechar sus virtudes, por pocas que sean, para que valgan para triunfar, pero para que sirvan también para progresar como torero. Navalón sacrifica en muchas ocasiones un conocimiento que sí atesora por el corte constante de orejas, que se le da fenomenal.
El verdadero problema de buscar únicamente cortar orejas es que pasado mañana llegue un Julio Norte de turno o el mismo Marco Pérez y te adelante por la derecha en las matemáticas. Y si jugamos a sumar, la cantidad matará a la calidad. Navalón jugó a sumar con el primero de Loreto Charro y le cortó una oreja de ley, eso sí, gracias a una estocada perfecta, una de las mejores de la temporada. El resto, un arrimón, el enésimo, que se le da fenomenal. Navalón es brillante en lo accesorio, uno de los mejores, pero en lo fundamental es una montaña rusa. En Valencia por Fallas y en Alicante por San Juan estuvo tremendo en todos los registros. También lo hizo, por momentos, con su sexto toro en Azpeitia. Por ahí debe enfocarse.
Daniel Luque, vestido de burdeos con detalles en un azabache que se camuflaba con la tarde, bajo un lienzo de plomo con la nave siderúrgica que se cae a cachos y las cumbres de Izarraitz como punto de fuga, abrió la tarde con un toro de Loreto Charro negro astracanado de largos y romos pitones. Vulgar desde que salió hasta que se lo llevaron a rastras. Movilidad cansina y una docilidad casi borreguil, aunque con cierta tosquedad en las embestidas. Acudía raudo al cite de Luque, pero en mitad de los lances soltaba la cara con desaire. El torero sevillano hizo todo bien, aunque ni por esas fue agradecido el animal, que cayó con media estocada eficaz en lo alto.

Con el cuarto, un animal feo, desgarbado y con los pitones hacia el cielo, pero con las puntas así como camarguesas, como si tuvieran glande, Luque estuvo fantástico. Un recital de madurez, conocimiento y capacidad torera. Hizo todo perfecto, tanto con el capote como con la muleta. No picó al toro, que derrotaba siempre con mucha vulgaridad con el pitón izquierdo. A punto estuvo de llevárselo por delante en un quite por chicuelinas como aquellos que hacía El Juli como botón de «ahora va a ser». Luque siempre ha sido muy Juli en ese sentido. Cogió la muleta y salió a bordar el toreo, pese a la poca fuerza y la brusquedad del de Loreto Charro, lleno de varetazos por toda la piel. Intercaló tandas primando siempre la elegancia para poner todo lo que le faltaba al animal, que era bastante.
Fue cambiando de terrenos y milimetrando las distancias para encontrar el fruto, aunque a raíz de uno seco es difícil hacer zumo. Se remangó Luque porque tenía ganas de dejar claro en Azpeitia, que es su feudo -nadie en la historia ha hecho más paseíllos y ha triunfado más aquí que él-, que no le pueden poner un pero. Buscó las vueltas hasta que obtuvo un par de tandas en las que el animal se desplazó con algo más de ritmo y calidad. Terminó con varios naturales con el palillo casi en perpendicular al piso y media muleta arrastrando, cosida al hocico, que no podía hacer más que irse detrás de ese caramelo. Ahí llego la estocada, casi entera y trasera que no valió para una oreja, pero que sí acreditó que Daniel Luque atraviesa un momento de forma envidiable. Estará en la feria de Albacete el 16 de septiembre.
El primero del lote de Borja Jiménez recibió al salir los pitos y las protestas de los aficionados, algunos, de Azpeitia. Una presentación espantosa. No es que fuera pequeño, porque la morfología iba en sintonía con una plaza de tercera, pero la cara la habían expoliado de la selva del Rey Escorpión en El regreso de la Momia. Cabría perfectamente en una botella de txakolí. En esta plaza, no hace tanto, los toros estaban más cerca de un coso importante que de una portátil de recreo. Lo que pasó después, totalmente intrascendente. El toreo robótico y mecanizado de Borja Jiménez que genera agujetas incluso hasta al que lo ve por televisión. Una tensión inhumana en todo el cuerpo y una composición presuntamente artística que a Picasso le parecería caótica. No tiene además versatilidad en sus registros, solo sabe atacar. A algunos toros, especialmente estos animales que lo de bravo lo llevan solo en la guía, conviene dosificarlos para que las faenas vayan de menos a más. Lo que pasó después con la espada fue un crimen. Después de terminar un Ironman para tirarse a matar, recetó una decena de pinchazos, cogió el descabello sin matar al toro y acabó despenándolo como un matarife. Se llevó la bronca otra vez de los aficionados, algunos, de Azpeitia.

El quinto, ‘Madrileño’ de nombre, un juguete para los forcados portugueses y un insulto para la tauromaquia canónica. Más fuerte que el resto, con más presencia de toro, pero con los cuernos circuncidados. Estuvo Borja más arreado y con más recursos con este, que fue mal picado y tuvo alguna reacción compleja en la faena de muleta. Resolvió problemas el sevillano y acabó sometiendo al animal con mucha seguridad. Se atrancó otra vez con la espada, que en el primero de los intentos se la escapó de la mano y le causó una aparente lesión de la que sangraba entre los dedos. Se fue a la enfermería tras acabar con él. Mañana está anunciado aquí otra vez.
FICHA DEL FESTEJO
Jueves 30 de julio de 2026. Plaza de toros de Azpeitia (Gipuzkoa). 1ª de la feria de San Ignacio. 3/4 de entrada. Toros de Loreto Charro, ridículos de presentación , desiguales y con manifiestas sospechas de manipulación en las astas.
Daniel Luque: ovación y ovación
Borja Jiménez: leves pitos tras aviso y silencio.
Samuel Navalón: oreja y dos orejas


