Albacete todavía dormía cuando uno de los edificios que custodia una parte fundamental de su historia acababa de sufrir un golpe que iba mucho más allá de un robo convencional. Apenas había necesitado unos minutos, en realidad, poco más de minuto y medio según confirmaría horas después la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha, para que cuatro personas encapuchadas irrumpieran en el Museo de Albacete, alcanzaran la sala de Arqueología, atacaran unas colecciones muy concretas y desaparecieran de allí con monedas de oro de extraordinario valor histórico.
A primera hora de este martes, desde las 8 de la mañana, El Digital de Albacete era el primer medio que informaba de lo que había sucedido durante la noche. A las 8:19 horas quedaba publicada la primera información, cuatro encapuchados habían protagonizado un robo con fuerza en el Museo Provincial, habían sustraído monedas y escapado en dos vehículos, uno de los cuales acabaría posteriormente completamente calcinado en la Carretera de las Peñas.
Aquello era solamente el principio. Con el paso de las horas comenzaron a conocerse las dimensiones reales de un asalto que había sido tan rápido como preciso. También empezaban a surgir preguntas, muchas de ellas todavía sin respuesta, sobre quién está detrás del golpe, cómo fue preparado, qué cantidad exacta de piezas consiguieron llevarse y, sobre todo, qué destino esperaba a unas monedas cuya importancia histórica supera ampliamente el valor del oro con el que fueron acuñadas.

Poco más de un minuto y medio dentro del Museo de Albacete
Todo comenzó alrededor de la medianoche. La alarma del Museo de Albacete saltó y el personal de seguridad reaccionó inmediatamente. El vigilante comprobó que se había producido una intrusión y dio aviso a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Mientras aquello ocurría, los asaltantes tenían claro su objetivo.
Según explicó posteriormente el delegado de la Junta en Albacete, Pedro Antonio Ruiz Santos, los autores accedieron al edificio por una ventana y entraron rápidamente en la sala de Arqueología. Otras informaciones recabadas de fuentes policiales señalan que previamente habrían superado el perímetro exterior del recinto.
No hubo un recorrido aparentemente aleatorio por las salas, tampoco trascendió que los autores buscaran cualquier objeto susceptible de tener valor. El objetivo fueron unas colecciones numismáticas muy determinadas. Y todo ocurrió a una velocidad extraordinaria.
Según Ruiz Santos, el robo se consumó en “poco más de minuto y medio”. Cuando el personal de seguridad y posteriormente los agentes pudieron comprobar lo sucedido, los asaltantes ya habían emprendido la huida.

Cuatro encapuchados y dos vehículos para desaparecer de Albacete
Las primeras informaciones recabadas por El Digital de Albacete permitieron reconstruir otro elemento fundamental del golpe. Eran cuatro personas, actuaron encapuchadas y abandonaron las inmediaciones del Museo de Albacete utilizando dos vehículos.
El dispositivo policial comenzó entonces a trabajar sobre el terreno, mientras la Policía Nacional se hacía cargo de las investigaciones. Agentes de Policía Científica realizaron las correspondientes labores de inspección, toma de huellas y búsqueda de cualquier indicio que pudiera conducir hasta los responsables.

Además, la Policía Nacional solicitó las grabaciones de las cámaras de seguridad para tratar de reconstruir los movimientos de los autores e intentar obtener elementos que permitan identificarlos. Pero los ladrones todavía iban a dejar otra pieza del puzle a varios kilómetros del Museo.
Un coche convertido en una bola de fuego
Poco después del robo, uno de los vehículos relacionados con la huida apareció ardiendo en la Carretera de las Peñas.
El Digital de Albacete mostró durante la mañana las imágenes del turismo completamente calcinado. Las llamas destruyeron prácticamente el vehículo y llegaron a afectar también a la vegetación situada en sus inmediaciones.

El coche había sido abandonado después de la fuga y posteriormente incendiado, un extremo que pasó inmediatamente a formar parte de las pesquisas.
Las fotografías mostraban un vehículo reducido prácticamente a su estructura metálica. Detrás quedaba una cuestión evidente para los investigadores, determinar qué pruebas pueden recuperarse del turismo y reconstruir el recorrido realizado por quienes participaron en el asalto.
La utilización de dos vehículos y la destrucción mediante el fuego de uno de ellos son desde entonces otras piezas de una investigación que intenta rehacer, minuto a minuto, los movimientos realizados antes, durante y después del robo.
Los ladrones sabían dónde estaban las monedas
Conforme avanzaba la mañana comenzó también a conocerse qué había exactamente dentro de las vitrinas atacadas. Y ahí apareció la verdadera dimensión patrimonial del robo.
Los asaltantes fueron directamente a dos importantes conjuntos numismáticos, propiedad del Ministerio de Cultura y depositados en el Museo de Albacete para su exposición.
El primero es el conocido tesoro procedente de Madrigueras, integrado por 42 monedas de oro correspondientes a diferentes periodos de la historia de España, con ejemplares pertenecientes a los reinados de Carlos III, Carlos IV, Fernando VII e Isabel II.

El segundo procede de Villamalea y está compuesto por 180 monedas de oro datadas entre 1850 y 1860, durante el reinado de Isabel II.
En total, ambas colecciones reúnen 222 monedas. Pero hay una precisión fundamental.
Eso no significa que los ladrones consiguieran llevarse las 222 piezas.
Pedro Antonio Ruiz Santos dejó claro que no lograron sustraer la totalidad de las monedas. La extraordinaria velocidad de la fuga provocó incluso que algunas acabaran esparcidas por el suelo.
Por este motivo, mientras no exista un balance definitivo de las piezas desaparecidas, no puede establecerse con rigor el número exacto de monedas que finalmente consiguieron sacar del Museo de Albacete.
Un valor que va mucho más allá del oro
Tampoco existe por ahora una valoración económica definitiva del botín. Y probablemente cualquier cifra estrictamente económica serviría solo para explicar una parte de lo perdido.
El propio delegado de la Junta insistía durante la mañana en que el valor de estas monedas es muy alto y supera ampliamente el correspondiente simplemente a su peso en oro. La explicación está en su rareza.
Son piezas de enorme interés histórico y numismático, con pocos ejemplares semejantes conservados tanto en colecciones públicas como privadas. Las monedas de Madrigueras permiten recorrer diferentes reinados de los siglos XVIII y XIX, mientras que el conjunto procedente de Villamalea constituye un importante testimonio de la circulación monetaria durante el reinado de Isabel II.
El daño, por tanto, no puede analizarse exclusivamente desde una perspectiva económica. Lo que ha salido de las vitrinas del Museo de Albacete es patrimonio histórico español. Y recuperarlo se ha convertido en una de las prioridades de la investigación.
Huellas, cámaras y cualquier rastro que dejaron detrás
Mientras Albacete comenzaba a conocer qué había ocurrido durante la madrugada, el Museo se convertía en escenario de una minuciosa investigación policial.
Los agentes comenzaron a buscar huellas, rastros y cualquier elemento que pudiera haber quedado dentro o en los accesos al edificio.
Las grabaciones de seguridad son otra de las piezas que analiza la Policía Nacional. Los investigadores necesitan reconstruir desde la aproximación de los autores al Museo hasta el momento de su fuga, determinar sus recorridos, sus posibles puntos de llegada y salida y establecer cómo se coordinó un asalto ejecutado en un margen temporal extraordinariamente reducido.
La rapidez del golpe y la elección de unas piezas tan concretas son precisamente algunos de los elementos que han abierto otra vía especialmente relevante. La investigación ya no mira únicamente a Albacete.

La Policía mira a Badajoz
Según ha podido conocer El Digital de Albacete, una de las líneas de investigación con las que trabaja la Policía Nacional consiste en analizar las posibles similitudes entre el golpe cometido en Albacete y otro espectacular robo ocurrido hace solamente tres meses en España.
El escenario entonces fue el Museo Arqueológico Provincial de Badajoz. La fecha, el 25 de abril de 2026. El objetivo también fueron monedas de oro.
En aquella ocasión los ladrones sustrajeron el conocido Tesoro de Villanueva de la Serena, compuesto por 149 monedas de oro acuñadas entre 1772 y 1822 y correspondientes a los reinados de Carlos III, Carlos IV y Fernando VII.
Los autores accedieron por la parte trasera del Museo Arqueológico de Badajoz, forzaron una reja y atacaron violentamente la vitrina donde se encontraba expuesto el conjunto.
La similitud resulta evidente en varios aspectos, entrada nocturna en un museo, actuación dirigida hacia una colección muy concreta, monedas históricas de oro como objetivo y ejecución aparentemente preparada. Y precisamente por eso ese robo está sobre la mesa de los investigadores.
Una línea de investigación, no una conexión demostrada
Hay que establecer, sin embargo, una diferencia esencial. A día de hoy no puede afirmarse que los autores del robo de Albacete sean los mismos que participaron en el de Badajoz. Tampoco que exista una conexión directa entre ambos golpes.
Según ha podido conocer El Digital de Albacete, se trata de una de las vías de investigación con las que trabaja la Policía Nacional, que está analizando las coincidencias entre ambos sucesos.
El tipo de piezas buscadas, la rapidez, la elección de colecciones muy específicas y el aparente conocimiento previo de dónde se encontraban son elementos que justifican que los investigadores estudien aquel precedente.
En el caso de Badajoz, las pesquisas llegaron además a manejar la hipótesis de que pudiera haberse tratado de un robo por encargo. El delegado del Gobierno en Extremadura, José Luis Quintana, explicó públicamente dos días después del golpe que esa era una de las posibilidades que se investigaban, aunque el caso continuaba abierto y sin detenciones. Eso tampoco permite trasladar automáticamente aquella hipótesis a Albacete.
Por el momento, lo que existe es una investigación y una serie de similitudes que la Policía Nacional considera suficientemente relevantes como para analizarlas.
Dos golpes separados por apenas tres meses
Las coincidencias temporales y materiales hacen inevitable la comparación. El 25 de abril, 149 monedas históricas de oro desaparecieron del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz.
Poco más de tres meses después, en la medianoche del 27 al 28 de julio, cuatro encapuchados entraban en el Museo de Albacete y atacaban dos conjuntos formados por 222 monedas de oro, aunque, como ha confirmado la Junta, no consiguieron hacerse con todas ellas. En ambos casos el patrimonio numismático era el objetivo. En ambos casos los autores se dirigieron hacia unas piezas determinadas.
Y en ambos casos la Policía Nacional se encontró ante un robo cometido de madrugada y ejecutado antes de que pudiera producirse una intervención capaz de detener a los responsables dentro del edificio.
Hasta ahí llegan, de momento, las coincidencias conocidas. Establecer si detrás de ellas existe algo más corresponde ahora a los investigadores.
El golpe que despertó a Albacete
Desde aquella primera información publicada por El Digital de Albacete a primera hora de este martes, cada nueva pieza conocida ha ido dibujando la dimensión de uno de los robos contra el patrimonio más llamativos ocurridos en la ciudad.
Quedan, sin embargo, las preguntas más importantes.
Quiénes fueron los cuatro encapuchados, cómo prepararon el asalto, cuánto sabían sobre las colecciones antes de entrar en el Museo, cuál es el número exacto de monedas que consiguieron llevarse, dónde se encuentran ahora esas piezas y si existe realmente alguna relación con otros robos de patrimonio cometidos en España.
Por ahora no se han comunicado detenciones relacionadas con el asalto y la investigación continúa abierta.
En algún lugar permanecen unas monedas que han sobrevivido durante siglos y que, en apenas noventa segundos, dejaron de estar donde habían sido depositadas para su conservación y disfrute público.
Encontrarlas antes de que puedan desaparecer definitivamente es ahora la carrera contra el tiempo que tiene por delante la Policía.

