Fue Gabriel García Márquez quien dijo que “cuando el fraude y la mentira se convierten en la norma en los palacios de gobierno, la verdad pasa a ser un acto de rebeldía”. Es una invitación a reflexionar sobre los peligros de la corrupción y la deshonestidad en el poder. Porque sucede que, a veces, el sistema busca imponer el silencio y el engaño. En ese contexto, la verdad se convierte en un principio fundamental para preservar la justicia, la democracia y la confianza de la sociedad.
Es frecuente escuchar que, frente a los bulos y la desinformación, hace falta un periodismo que cuente la verdad. Se olvidan del término “manipulación”, que es mucho más grave que todo lo demás junto. Podrían ponerse unos cuantos ejemplos, y cualquiera que me lea podría aportar otros.
También cabe mencionar a quienes mantienen una línea –ya no digo de objetividad, porque eso quizá sea imposible–, y entender que los puntos de vista pueden ser dispares; incluso es bueno que así sea. Siempre defenderé la pluralidad. Y siempre diré que es posible que nadie esté en posesión de la verdad.
Esto es muy sencillo: en las últimas horas ha habido políticos, medios y periodistas mucho más inclinados a seguir hablando del juez Peinado que de las declaraciones de Julio Martínez “Julito”, el amigo de Zapatero. Incluso algunos han puesto en duda la rajada de este hombre, que, por lo que se ve, ha querido hacerse un Aldama: cantar la traviata y, si es posible, evitar la cárcel, Aunque eso, como siempre, lo dirán los jueces.
Desviar la atención, como hace el medio o grupo más identificado con la izquierda, es un método bien conocido. Eso es manipular. Un tratamiento informativo equilibrado dedica atención tanto al caso Kitchen, que afecto al PP y al exministro Jorge Fernández Diaz, como a los asuntos de máxima actualidad, en lugar de seleccionar unos y silenciar otros.
Desconozco lo que le pueda caer a este hombre o si acabará en la cárcel. Como siempre, lo decidirán los tribunales. Ya les digo yo que la mayoría de los ciudadanos no está en eso. Lo que quiere es que, si Zapatero tiene que acabar en Soto del Real y el exministro también, o si ambos quedan libres, sea porque se ha hecho justicia. Lo malo es que algunos solo se fijan en unos y no en los otros.
Sucede, además, que los casos no son comparables, y no precisamente por su gravedad. No lo son porque se intuye que el PSOE está temblando por lo que pueda suceder con Zapatero, mientras que el exministro del PP pinta muy poco en la calle Génova o entre la militancia popular: menos que un cero a la izquierda. Lo que debe hacer el PP es tomar buena nota de personajes como quien fuera secretario de Estado de Seguridad, que acumula tantos despropósitos que ha terminado por perder toda credibilidad.
Sirvan estos dos casos, seguramente muy distintos entre sí, como ejemplo de que ambos merecen ser conocidos y tratados con el mismo interés.
El sábado pasado, en Onda Cero, como es habitual, Julia Otero, volvió a ejercer de activista a jornada completa. Lo hizo para salir en defensa de la mujer de Pedro Sánchez, haciendo ímprobos para justificar su postura recurriendo al padre de Rajoy y a la boda de la hija de Aznar. No daba crédito. Me pareció una comparación tan forzada como surrealista. En fin, nada nuevo. Todo sea por la pasta o, quizá, por la causa. Digamos que, en modo “califato”, cada cual en su ámbito, pero, al fin y al cabo, manipulando siempre, con la credibilidad por los suelos.
Ahora debe ser que los emolumentos guardan proporción con el grado de implicación. Unos cobrarán más que otros, supongo, porque no creo que esa marea crematística llegue hasta las provincias.
Todo, antes que respetar a la justicia y la división de poderes, que para algo están.
El nivel de incredulidad es ya tan absoluto que todo se recibe bajo sospecha. El descrédito ha alcanzado tal magnitud que, cuanto más se empeñen algunos en convencer, más votos acabarán regalando a sus adversarios.
Por fin habló Zapatero. Nada nuevo, ninguna aportación que, presuntamente, pueda resultar de utilidad para el juez Calama, ni para nadie. Sobre las joyas, todo sigue prácticamente igual. Cada cual sacará sus propias conclusiones sobre los motivos que llevaron al expresidente a conceder una entrevista en la televisión pública. No voy a añadir más especulaciones.
Sí conviene reconocer algo. El periodista, tan cuestionado en otras ocasiones, formuló esta vez algunas de las preguntas que correspondía hacer. Al menos no hizo el ridículo, que ya es algo en los tiempos que corren, aunque cumplir con el deber nunca debería considerarse un mérito, sino una obligación. Dicho esto, ni su trayectoria anterior en la SER ni la actual en TVE bastan para generar la confianza que exige un periodismo verdaderamente independiente. Tampoco la de buena parte de los colaboradores que completan ese ecosistema informativo.
A la vista de cómo está evolucionando el caso que afecta a Zapatero, todo apunta a un recorrido judicial largo y complejo.
Confieso que, por un instante, sentí una extraña sensación –no hablaría de compasión– al ver a quien fue presidente del Gobierno, un hombre que lo tuvo todo y lo representó todo, enfrentarse a una situación de difícil salida, con consecuencias que alcanza también a su entorno más cercano, incluida su familia.
Siempre se me viene a la cabeza aquella frase tan manida: “Ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho”. Ni poco ni mucho: que cada cual, tenga lo que se gane en buena lid.
Se anuncia la candidatura de Yolanda Diaz, vicepresidenta del Gobierno (SUMAR) para dirigir la OIT (Organización Internacional del Trabajo). Es una institución que tiene el consenso como bandera, justo lo contrario de lo que, a mi juicio, ha caracterizado la actuación de esta mujer con sindicatos y patronal. No creo que su candidatura prospere. Sería un error y una puerta giratoria más, remunerada con varios centenares de miles de euros. Lo que no consigue en las urnas pretende conseguirlo por la puerta de atrás.
Hace poco me referí a la ministra Morant como una de las políticas actuales que no reúne los mínimos exigibles, para estar en la primera línea de la política. Comparar ahora a Feijóo con “gobiernos criminales como el de Hitler”, supone cruzar una línea sencillamente inaceptable.
Por cierto, Feijoo anuncia una limpieza a fondo si llega a La Moncloa, “para que la decencia vuelva”.
Leo el fallo de los Premios PSOE de Albacete “Pablo Iglesias 2026”.
Premiar a Modesto Belinchón Escudero no solo es justo, sino también merecido. Su hoja de servicios lo sitúa como una de las figuras más destacadas del socialismo albaceteño. Conoce muy bien a su partido y ha estado en todas las líneas de actuación. Incluso algunos de sus resultados electorales figuran entre los mejores obtenidos por el PSOE en los últimos años. Es verdad que, cuando uno habla de un amigo, no puede regatear adjetivos.
He tratado menos a Roberto Tejada, pero también creo que es un socialista que se ha ganado el reconocimiento por parte de sus compañeros. Me parece justo y acertado acordarse de él y distinguir su trayectoria.
Respeto el fallo del jurado, como no puede ser de otra manera. Tiene toda la legitimidad, ¡faltaría más! Sin embargo, la elección de Patxi López, en estos momentos, da la impresión de haber sido poco meditada. Si hay que cargar con extraordinaria dureza contra los jueces, ahí está Patxi; si hay que lanzar un dardo contra Page, ahí está Patxi; si hay que salir en defensa de Zapatero o de quien sea, ahí está Patxi. Hoy no le acompañan el prestigio ni las cualidades que deberían distinguir a un socialista que aspire a predicar con el ejemplo. No soy yo quien tiene que repartir premios y entiendo que las decisiones responden a una mayoría, pero hay nombramientos con los que, sencillamente, no se acierta. Y eso que, al ver la fotografía del jurado, reconozco a personas con crédito político, que, en mi opinión, dignifican a su partido.
De todas formas, va siendo hora de que los socialistas que no estén conformes con lo que se les viene encima levanten la voz, se rebelen y, al menos, hagan como Page. Porque, en estos momentos, soplar y sorber al mismo tiempo ya no convence.
Sinceramente, creo que al socialismo local en el Ayuntamiento de Albacete en concreto, le hacen falta unos cuantos políticos con el modo y el estilo de Modesto Belinchón.
“El tiempo es el mejor antagonista, o el único, tal vez”. (Jorge Luis Borges)
Ángel Calamardo
X: @AFCalamardo

