((Bésame antes de que cambie el Gobierno, la izquierda pocas veces se pone de acuerdo, esto es lo mejor que se puede hacer Bésame antes de que cambie el Gobierno – Capitán Sunrise))
Tenemos una teoría, no sé si muy certera, en las redacciones de Castilla-La Mancha, las de hijo de vecino, las de vecino de pueblo, las de más allá de la M-30, las que no están contaminadas por el agujero de gusano que supone la política madrileña. Esta teoría dice que en curso electoral que desemboca en elecciones, ese que se alumbra en septiembre a nueve meses de ir a votar (o 40 semanas en idioma de gestante), empieza cuando acaba la Feria de Albacete.
Es ese día 17 de septiembre en el que se oye en los gabinetes políticos, institucionales y de partido, el pistoletazo de salida de lo que llaman precampaña electoral. Y como toda calma que precede a la tempestad, resulta ser el último verano vigente de la legislatura el que permite a periodistas y gestores de la cosa pública darse un último homenaje en forma de descanso del guerrero. Y en esas estamos. Y qué ganas tengo.
Por eso, hoy que saludamos al mes de julio, se oyen los últimos petardazos de trifulca política antes de lo de vacaciones.
El penúltimo tiroteo desde las trincheras viene a cuenta de la regularización de inmigrantes, recién abrochada; y la llamada ley de Nietos. Y en esa estrategia simplona y efectiva de quien lidera la oposición en España de reducirlo todo al absurdo, el argumentario pasa por aferrarse al bulo primigenio y a partir de ahí repartir las cartas.
Le habrán contado en el bar, o lo habrá leído en el periódico, que el Partido Popular anda diciendo que el Gobierno de Pedro Sánchez ha fabricado 2,5 millones de nuevos votantes a cuenta de la citada ley de cara a las elecciones generales, tan inminentes como lo llevan siendo meses y aún así con el horizonte igual de difuso.
Lo cierto es que abrazarse a esa brocha gorda sería injusto si no se profundiza. Porque 2,5 millones fueron las peticiones planteadas a fecha cerrada del pasado mes de marzo de 2025 dentro de una herramienta albergada en la disposición octava de la Ley de Memoria Democrática, un planteamiento que, por cierto, no encontró oposición de los ‘populares’ en su tramitación, aunque ahora parezca lo contrario.
Pasa que desde el mes de octubre no se aceptan más solicitudes antes un planteamiento que venía a permitir que se reconociera la nacionalidad española a descendientes de exiliados del Franquismo. En cualquier caso, de las 2,5 millones de peticiones firmadas, apenas la mitad continuaron con su trámite; solo 540.000 tienen el derecho reconocido; y, al fin, son 306.000 las que tienen el pasaporte reconocido y quizá, la posibilidad de emitir su voto.
Ahora que se escucha a Núñez Feijóo solapar este extremo con la regularización de inmigrantes, y no por casualidad, cabe plantearse cuál es el coeficiente de la exageración que enarbola el Partido Popular para hacer su labor de oposición. Si de 2,5 millones de peticiones, dato utilizado para cincelar el titular, son realmente 306.000 los electores «fabricados» por el Gobierno, cabe decir que sus afirmaciones suponen ocho veces más la realidad que pretende ilustrar.
Un par de apuntes más, si aún queda hueco. Que se fabrique un votante no implica que se fabrique ni su intención de voto, ni siquiera su intención de ir a votar. Vaya usted a saber si esos 306.000 se saltarán el vermú por ir a depositar la papeleta. Y, con todo, el PP se está limitando a imitar a su copia, a sabiendas de que esa estrategia no suele salir bien del todo.
Termino con la variable castellanomanchega. El aspirante Feijóo se apresuró esta semana, al calor de estas teorías, a volver a plantear el debate de que se deje gobernar a la lista más votada. Así, y como oscuras golondrinas, volverá el PSOE patrio a preguntar a Paco Núñez si está dispuesto a hacer lo propio el 23 de mayo en los ayuntamientos, diputaciones, y en definitiva, en la autonomía donde aspira a derrocar a García-Page.
Humberto del Horno

