Los vecinos de Albacete han comprobado que pedirle a una inteligencia artificial (IA) que redacte un texto, resuma un documento o cree una imagen apenas lleva unos segundos. Todo parece sencillo, inmediato y casi mágico. Pero detrás de esta aparente simplicidad se esconde en realidad mucho más compleja: gigantescos centros de datos funcionando las 24 horas, millones de servidores consumiendo energía y enorme cantidades de información personal circulando por sistemas que la mayoría de usuarios no ve.
La IA ha llegado para quedarse. Ya forma parte del trabajo, de los estudios, del ocio e incluso de las decisiones personales de millones de personas. Sin embargo, mientras crece su popularidad, también aumentan las advertencias sobre su impacto energético, los riesgos para la privacidad y el uso de estas herramientas en nuevas formas de fraude digital.

El coste invisible de preguntarle algo a una IA
Cada consulta realizada a una herramienta de inteligencia artificial necesita una infraestructura física gigantesca para funcionar. Detrás de una simple conversación hay centros de datos, sistemas de refrigeración, redes globales y servidores trabajando constantemente. El problema es que todo eso consume enormes cantidades de electricidad.
La Agencia Internacional de la Energía estima que los centros de datos consumieron alrededor de 460 teravatios hora (TWh) en 2022 y advierte de que podían superar los 1.000 TWh en 2026, impulsados, sobre todo, por el crecimiento de la inteligencia artificial. Pero el impacto no se queda solo en la energía, ya que mantener refrigerados esos sistemas también requiere grandes cantidades de agua, un aspecto que preocupa cada vez más a expertos medioambientales y organismos internacionales. Y es que, lo digital también tiene un coste material.

La gran trampa: pensar que una IA es una conversación privada
Uno de los mayores errores que cometen muchos usuarios es asumir que hablar con una inteligencia artificial equivale a mantener una conversación privada. Se trata de una interfaz que transmite cercanía y llega a parecer un chat confidencial, pero no conviene confundir comodidad con privacidad.
La Agencia Española de Protección de Datos lleva tiempo alertando sobre ello: no se deben compartir datos personales, financieros, médicos o laborales en herramientas públicas de inteligencia artificial. Una advertencia pese a la que miles de personas continúan introduciendo a diario contratos, nóminas, historiales médicos, documentos bancarios o conversaciones privadas buscando que la IA les ayude a interpretar información o tomar decisiones. El problema es que, una vez compartidos esos datos, el usuario pierde parte del control sobre ellos.

El peligro de usar la IA como asesor financiero, legal o médico
La inteligencia artificial puede explicar conceptos, resumir información o ayudar a preparar preguntas antes de acudir a un profesional. Lo que no debería hacer es sustituir decisiones importantes relacionadas con dinero, salud o cuestiones legales.
Cada vez es más frecuente que usuarios copien contratos enteros para pedir una revisión automática, consulten inversiones o incluso soliciten orientación sobre herencias, deudas o problemas fiscales. Por todo ello, los expertos alertan de un doble riesgo: por un lado, la exposición de información extremadamente sensible, y por otro la falsa sensación de seguridad que generan las respuestas automáticas.
Y es que la inteligencia artificial puede sonar convincente, incluso cuando se equivoca. Este fenómeno, conocido como ‘alucinación’, hace que la IA invente datos, omita detalles importantes o genere respuestas incorrectas con apariencia totalmente fiable.

Borrar un chat no significa que desaparezca
Otro de los grandes malentendidos es pensar que eliminar una conversación supone eliminar también toda la información compartida. Pero no siempre ocurre así, ya que aunque el usuario borre un historial visible, pueden existir copias de seguridad, registros internos o periodos de conservación definidos por la plataforma.
Por eso los especialistas insisten en una idea básica: la mejor protección es no compartir determinados datos desde el principio.
Audios falsos, familiares clonados y fraudes con inteligencia artificial
La IA no solo está transformando la productividad, también está revolucionando las ciberestafas. Los delincuentes utilizan ya herramientas capaces de imitar voces, generar vídeos manipulados o crear imágenes falsas extremadamente creíbles para engañar a las víctimas.
Un escenario que cada vez se repite más: una llamada urgente, una voz familiar, un supuesto problema y una petición inmediata de dinero o códigos bancarios. La presión emocional hace el resto.
Desde el Instituto Nacional e Ciberseguridad advierten de que el verdadero peligro no siempre está en la calidad técnica del engaño, sino en la urgencia con la que se intenta forzar la reacción de la víctima.
Ante todo este tipo de situaciones desde El Digital de Albacete y en colaboración con Globalcaja pone a disposición de la ciudadanía albaceteña unas recomendaciones claras. La primera de ella es no actuar en caliente y seguidamente colgar la llamada. Además, es recomendable verificar la información recibida por otro canal conocido y nunca utilizar teléfonos o enlaces enviados durante el contacto sospechoso.

Inteligencias artificiales con acceso a tu vida digital
Pero más allá de las funciones que ya conocemos de esta tecnología, también existen inteligencias artificiales capaces de conectarse al correo electrónico, gestionar calendarios, acceder a archivos o ejecutar tareas de forma autónoma. Es la llamada inteligencia artificial agéntica.
Aunque promete automatizar numerosos procesos cotidianos, también abre nuevas dudas y brechas sobre privacidad y seguridad. De hecho, la Agencia Española de Protección de Datos advierte de que cuantos más permisos tenga una herramienta, mayores pueden ser las consecuencias si algo falla, pudiendo interpretar mal una instrucción o acceder a información sensible.
La clave para sortear todos estos riesgos no está en rechazar la tecnología, sino en aprender a usarla con criterio. Siendo especialmente importante en el caso de menores y adolescentes. Organismos como Internet Segura for Kids recomiendan enseñar desde edades tempranas qué información nunca debe compartirse, cómo identificar posibles fraudes y por qué una respuesta rápida no siempre es una respuesta correcta.
La inteligencia artificial puede ser útil, creativa y revolucionaria. Pero también consume recursos, procesa información sensible y puede convertirse en una herramienta de manipulación extremadamente potente. Por eso, en plena expansión tecnológica, los especialistas lanzan una advertencia sencilla pero contundente, y es antes de compartir cualquier dato con una IA, conviene hacerse una pregunta básica: ¿Lo publicarías en internet?. Si la respuesta es no, probablemente tampoco deberías introducir estos datos sensibles en una inteligencia artificial pública.
Si crees que has compartido información sensible por error, has recibido una llamada sospechosa, has visto un vídeo manipulado o alguien intenta presionarte para hacer una operación urgente, es aconsejable guardar evidencias como capturas, mensajes, números de teléfono, correos o enlaces. Además, es crucial no responder a nuevas presiones y evitar compartir datos, acudiendo al 017 (Línea de Ayuda en Ciberseguridad de INCIBE) un servicio gratuito y confidencial para ciudadanos, empresas y menores.

