“Días un tanto oscuros” como dijo S. M. El Rey Felipe VI. Pues eso: el que pueda hacer que haga, para ir recuperando la luz y salir de las tinieblas. No encuentra uno demasiados alicientes para creer que el sistema haya aprendido lo suficiente como para ponerles las cosas más difíciles a quienes, mañana, pretendan convertirse en otro Ábalos o en otro Koldo. También está el caso Montoro, del que algún día se irá despejando todo lo que dicen o figura en los papeles. Que no se preocupe: al final todo llega, a veces con lentitud, pero la justicia es implacable; al menos así lo vemos lo que confiamos en ella.
Uno debe tener sus referencias informativas, sus periodistas de cabecera; cuantos más, mejor. Hay unos cuantos periodistas expertos en tribunales magníficos y con una objetividad bien demostrada. Escribía el otro día Alfonso Pérez Medina que es periodista de La Sexta: “La oleada de demagogia es peor que la del calor. Aldama ha seguido una estrategia idéntica a la del colaborador del caso Púnica, David Marjaliza. O los dos bien o los dos mal. Y no se ha quedado con ningún botín: nos guste o no, la adjudicación de mascarillas a Aldama fue legal”.
“Hay que salir a la calle a defender los derechos” dice Garzón”. Hombre, claro, eso está muy bien, y podría seguir manteniendo aquello de “el que pueda hacer que haga”. Por eso, haciendo, Julia Otero, en Onda Cero, se llevó al estudio el pasado fin de semana al exjuez para hablar de su libro y, ya de paso, poner a parir a unos cuantos, en línea con el pensamiento de Garzón.
Yo escucho a todo el mundo, pero, claro, no es lo mismo prestar atención a quien ha sido condenado que a quien no. El exjuez fue condenado por el Tribunal Supremo, si no tengo mal el dato, en 2012 por un delito de prevaricación y vulneración de las garantías constitucionales. La sentencia lo expulsó de la carrera judicial. Deberían avisarnos los entrevistadores o las figuras mediáticas cuando hablen con determinadas personas, para saber quién tiene su hoja de servicios impoluta o quien tiene alguna mácula.
Ella, la periodista, ha cogido la linde y de ahí no se sale. No sé si habrá algo más desperdigado por ahí, pero rompe con el esquema de una forma de hacer radio, de una cadena, dentro de unos cauces de normalidad. Ella se ha apartado de ese camino; debe caerle bien a los que mandan ahí y habrán pensado, digo yo, que, ya que tenemos a algunos de derechas, una más radical, tirando más al establishment gubernamental, los fines de semana nos equilibra el relato. Las estrategias son las estrategias y, tratándose de un medio privado, cada cual aplica las que quiere.
Como estrategia judicial es también la nulidad de las actuaciones que ha solicitado la defensa de Zapatero por vulneración de principios fundamentales. Desconozco cómo se sustanciará esta petición. Me temo que, si es por las filtraciones, por muy íntimas que sean, como dice una periodista avezada, todo defensor avispado filtraría todo de su patrocinado y, fuera del lio. No creo que ese sea el camino.
Ahora bien, echar mano de las filtraciones relacionadas con la vida privada de Zapatero y que nada tienen que ver con la causa que se instruye no es de recibo. Importa poco saber a qué hora tiene la peluquería y si va al cine o come con quien le parezca. Por tanto, hace muy bien el magistrado de frenar todo esto e, incluso tomar medidas serias. Los medios deberían haber desbrozado todo lo que no tiene interés para la investigación y para la causa porque no todo vale en este oficio de contar cosas.
Tampoco se ajusta a unos cánones de buen gusto, de normalidad y de educación lo que hizo ese futbolista del Sabadell desde un balcón del Ayuntamiento catalán. Ese tipejo, como otros que, por pegarle patadas a un balón, piensan que hay que rendirles pleitesía y están acostumbrados a que les hagan la ola, se aprovecha de ello y cree que cualquier gracia hay que aplaudírsela. Ganaran lo que ganaran, tampoco fue el Premio Nobel de Medicina, e irse a un balcón a insultar al presidente del Gobierno es ser un fascistoide y un imbécil integral.
Chico, diviértete, échate el champagne por donde quieras, bebe lo que quieras, pero sé correcto. Confesaré que siempre he visto así estas cosas. Y soy capaz de ponerme a ver un partido de futbol y ver a Oyarzabal o a Lamine meter goles y disfrutarlo, pero de ahí a ponerles una corona, no. Y si les da por insultar –son los menos– y utilizar el balón para presionar en un momento dado, hay que establecer límites. Conozco a deportistas, futbolistas que son gente estupenda, pero los hay también como al que me estoy refiriendo que piensan que puede hacer y decir lo que quieran.
De verdad, los más humildes, los que no insultan, los que no necesitan subirse a un balcón para presumir de nada, son los mejores profesionales, sea cual sea su ámbito: la medicina, la investigación o quienes, día a día, salvan vidas. Estos –los futbolistas– pueden meter goles; seguramente no lo hará cualquiera, pero, para mí, los que se salen del orden son prescindibles.
De nuevo, Felipe González y Emiliano García-Page, acapararon la atención en las últimas horas, desde la tarde del día 23, cuando coincidieron en Toledo en un acto organizado por la patronal toledana. Lo seguí en diferido y me salen más de medio centenar de titulares interesantes, todos ellos de rabiosa actualidad. Es una forma muy completa de ver el presente, analizar el pasado y vislumbrar el futuro.
No me dirán ahora que quien ha sido uno de los políticos más capaces, que ha ejercido un liderazgo más sólido y se ha codeado con líderes de todo el mundo, es ahora un don nadie de la política. Lo repito siempre y lo seguiré haciendo cuando sea menester: muchos de los que ahora incluso lo insultan –desde su propio partido– antes era los palmeros más notables del universo político.
Escuchar el otro día a Patxi López, en el Congreso, hablar de Felipe González con ese desdén me hace pensar que quien ni ha estado ni estará a una altura aceptable es él. Es más, lo escucho, lo veo en su portavocía del grupo y me parece que no está al nivel que la política requiere. Puedo entender que hay que vivir de esto, pero un mínimo de dignidad siempre es muy aconsejable.
Ayer empezaban a saltar los primeros titulares relacionados con Page y el comité federal del PSOE. El País: “Los barones del PSOE dejan solo a Page en su petición a Sánchez de que adelante las elecciones generales”. El Mundo, más o menos lo mismo. Lo dejan solo quienes han perdido las elecciones, quienes están políticamente muertos y quienes tienen nulas posibilidades de gobernar. Espero que la delegación castellanomanchega no lo deje solo, porque ellos, sin Page, están como los barones del resto de España: con expectativas cero de salir airosos de un trance electoral. Ya se sabe –más o menos– quiénes están a muerte con el líder regional y quiénes no se pronuncian o están a verlas venir. En estos momentos, más que hablar de cuchufletas, de banderas o de mociones, el debate es este: con Page o sin Page.
Hablando de candidatos y de votos. Si tuviese que votar para elegir al equipo que se encargará de dirigir la Asociación de Hostelería (APEHT) no tendría ninguna duda: mi voto sería para un gran equipo encabezado por David Giménez. Y como no estaré en el censo, por no ser de gremio, sí digo que votarlos a ellos es lo más recomendable, por muchos motivos.
Lo que si ha sido de nivel, y con una extraordinaria participación, han sido todos los actos con motivo del patrón, San Juan. Desde el Festival Antorchas, con todo agotado; el añadido gastronómico; la noche de las antorchas y así todo lo demás.
A nadie le duelen prendas en reconocer que “el Antorchas “se inició en la etapa socialista, pero tampoco hay que regatearle esfuerzos por su capacidad organizativa al actual equipo de gobierno del PP que ha sabido incluso darle mayor lustre. Las cosas como son y a cada cual su parte alícuota de mérito.
Vuelvo a lo que ha sido motivo de consensos y de iniciativas muy loables, sobre el apoyo unánime a la industria cuchillera albaceteña. Un último movimiento socialista en el Ministerio del Interior, que, aunque no eran sus máximos responsables, se ha hablado del asunto. Además, no se quejará el portavoz socialista en el Ayuntamiento y seguramente candidato a la alcaldía que ha ido como diputado provincial según leo. Santiago Cabañero lo está proyectando todo lo que puede y más, pero esa dupla Diputación-Ayuntamiento, quizá no se entienda como debiera, aunque esto mejor dejarlo para otro día. Si todo ha salido bien, hay que alegrarse, si el sector no corre peligro mejor. Todas las imágenes cuentan, todas suman, pero la del Museo de la Cuchillería es la que más me ha llenado, por el mensaje que lanzó.
Escuchar a un periodista, o lo que sea, como Gonzalo Miró que cobra y, seguramente, vive de nuestros impuestos, de lo que pagamos todos, decir que el Consejo General del Poder Judicial debería dimitir en bloque es cuando menos sonrojante. ¡Qué vergüenza! Sigamos llenándole la bartola a individuos como este. Menos mal que algunos califatos se mueven en el ámbito privado haciendo encajes de bolillos entre la izquierda y la derecha. Eso se llama prepararse para lo que pueda venirse encima. Se llenan de gozo cuando ven aparecer a los miembros de la derecha –incluido VOX– en sus actos. Cuestión de supervivencia. Desconozco lo que ha podido suceder, pero leo en El Plural que se solidarizan con los compañeros de la cadena SER, en estos oscuros tiempos que están sufriendo. Quizá todo venga de esa polarización que como dijo Felipe González viene de arriba abajo. Habrá que bajarse en la siguiente estación y que ese marrón de la división se lo coman quienes lo alimentan.
Ángel Calamardo
X: @AFCalamardo

