Cruzar fronteras, cambiar de país y descubrir el mundo desde otra mirada es una experiencia que marca un antes y un después en la vida de cualquier joven. Y eso es precisamente lo que ha vivido Ana Espada, una estudiante de Albacete de 16 años de edad del IES Diego de Siloé, que acaba de regresar tras pasar un año académico en Estados Unidos gracias a una de las becas de la Fundación Amancio Ortega. Una vivencia que ha supuesto un auténtico aprendizaje personal y académico.
Desde Albacete, Ana trasladó su residencia hasta Grass Valley, una ciudad ubicada en el condado de Nevada dentro del estado de California, donde ha cursado 1º de Bachillerato. Tras diez meses fuera de casa, acaba de regresar a España con la maleta cargada de recuerdos, experiencias y una visión completamente distinta de la educación y de la vida cotidiana en América.

“Ha sido increíble”, comparte Ana Espadas con El Digital de Albacete. Durante su estancia, la joven ha participado en numerosas actividades y ha vivido un modelo educativo muy diferente al español. “El instituto era mucho más divertido. No es solo sentarte a estudiar y memorizar, sino que había mucha práctica”, explica. Entre sus asignaturas, la joven destaca clases tan variadas como “cocina o baile”, algo impensable para ella en su centro educativo habitual. “Las clases eran muy dinámicas y te divertías un montón”, añade.
“Todo parecía de película”
Más allá del aula, Ana también ha podido conocer de primera mano la famosa vida estudiantil americana, muy presente en películas y series. “Todo parecía de película, con las animadoras, los bailes y el ‘prom’. Era como lo típico americano, pero ha sido muy divertido”, recuerda. Y aunque reconoce que el nivel académico le pareció “más bajo” que en España, asegura que la experiencia ha sido completamente enriquecedora.

Durante los diez meses que ha pasado en Estados Unidos, Ana ha vivido con una familia anfitriona. “No era la familia americana que me esperaba al principio, pero fue una familia increíble”, explica. La convivencia, asegura, le ha permitido integrarse en la vida cotidiana del país de una forma mucho más profunda.
“Es una experiencia que merece mucho la pena”
Ahora, ya de vuelta en Albacete tras regresar hace apenas unos días, reconoce que está atravesando esa mezcla de emociones habitual tras una experiencia así. “Estoy muy triste y no paro de hablar con mis amigos de allí”, confiesa entre risas.
Con la perspectiva que le da la experiencia, Ana lo tiene claro: volvería a repetirlo. Y no duda en animar a otros estudiantes a intentarlo. “A todo el mundo que pueda, que lo haga. Yo lo probé pensando que no me la iban a dar y al final fue una oportunidad increíble. Es una experiencia que lo incluye todo y merece muchísimo la pena”, afirma.

Una vivencia que, más allá de lo académico, deja una huella profunda en la vida de quienes tienen la oportunidad de disfrutar de una estancia académica al más puro estilo americano. Diez meses a miles de kilómetros de casa que se convierten en recuerdos, aprendizajes y vínculos que no se borran fácilmente.

