La depresión resistente al tratamiento constituye uno de los mayores desafíos en el ámbito de la salud mental. Una condición que afecta a miles de personas que pese a seguir los tratamientos convencionales continúan sufriendo síntomas que limitan gravemente su calidad de vida. En este contexto, un proyecto de investigación desarrollado en la Gerencia de Atención Integrada de Albacete de la mano de los enfermeros Roberto Ibáñez y Beatriz Martínez ha puesto el foco en los beneficios que puede aportar la actividad física como complemento al tratamiento.
Así, estos sanitarios de Albacete han desarrollado un estudio sobre la efectividad del ejercicio físico en el que han participado pacientes con esta patología con el objetivo de comprobar si esta intervención puede contribuir a mejorar la calidad de vida de quienes conviven con esta enfermedad.

El trastorno depresivo mayor es un problema de salud que afecta a más de 300 millones de personas en todo el mundo, cerca de un 4,5% de la población global. Como comparte Roberto Ibáñez, investigador y enfermero, con El Digital de Albacete “existe un grupo de pacientes en los que los tratamientos habituales no tienen el resultado deseado”. De este grupo, “se estima que sufren depresión resistente al tratamiento entre el 29% y el 46% de los pacientes con trastorno depresivo mayor”.
“Hay una relación entre el ejercicio físico y la salud mental”
Tal y como señala Roberto Ibáñez, la investigación pretendía “analizar los efectos de la actividad física aeróbica como estrategia de tratamiento complementaria para poder ver qué aspectos de la enfermedad y de la calidad de vida de los pacientes salían reforzados”. En la misma línea, sostiene que estos pacientes que sufren esa resistencia al tratamiento “suelen contar con pérdida de interés y de placer en casi todas las actividades que antes disfrutaban, y además puede observarse en otros aspectos como cambios en el apetito, dificultad para concentrarse o ideas suicidas”, entre otros. Así, apunta Ibáñez que estos pacientes suelen tener “peor calidad de vida y mayor riesgo autolítico”.
Ante la delicada situación en la que se encuentran estas personas, Roberto Ibáñez explica que “hay una relación positiva entre el ejercicio físico y la salud mental. Un cuerpo activo favorece una mente sana”, y manifiesta que “se observan mejoras en el estado anímico cuando se practica ejercicio, así como disminuye la sensación de tensión, de depresión, de ansiedad y de emociones negativas, favoreciendo además la calidad del sueño y la resiliencia mental”. Además, asegura que la actividad física “puede actuar como factor protector en el desarrollo de esta patología, así como herramienta para el manejo de síntomas, y ha demostrado tener una mejoría del humor, de la sensación de bienestar, y favorece el contacto social”.

Deporte contra la depresión: “Un cuerpo activo favorece una mente sana”
En la investigación se llevaron a cabo 10 sesiones de ejercicio en el que un grupo de personas con depresión resistente al tratamiento realizaba ejercicio físico de forma grupal. Como resultado, Roberto Ibáñez destaca que se observó “una mejora tanto del nivel de depresión como de ansiedad” tras analizar los datos antes y después del programa. Además, señala que el hecho de hacer deporte en grupo “les ayudó a relacionarse con más gente de la que suelen hacerlo en su día a día, con personas con las que podían compartir experiencias, puesto que se encuentran en situaciones parecidas”. Y no solo eso, sino que más allá del estudio, “algunos participantes mostraron interés por mantener las salidas y seguir haciendo ejercicio en grupo” más allá del estudio.
Así, asegura que antes de iniciar la investigación “los pacientes que realizaban actividad física habitual presentaban un mejor perfil de salud mental que los que no lo hacían”, explica, y manifiesta que tras el análisis se registró “una mejora tanto en los niveles de ansiedad como en los de depresión” demostrando un “impacto terapéutico sólido”.

Aunque los investigadores insisten en que el deporte no sustituye a los tratamientos convencionales, los resultados obtenidos refuerzan la importancia de incorporar hábitos saludables como complemento terapéutico. Unos hallazgos que abren la puerta a seguir profundizando en estrategias no farmacológicas capaces de mejorar la calidad de vida de las personas que conviven con una enfermedad tan compleja como la depresión resistente al tratamiento.

