Querido paisano:
Una semana más te escribo desde la muralla que rodea la Motilla del Acequión. Ahora que el calor aprieta de nuevo, no quiero ni pensar como os las apañabais en la Edad del Bronce para combatir los sofocos de los tórridos veranos, de forma especial cuando la laguna se secaba. Mucho me temo que me voy a quedar con las ganas de conocer el secreto, porque en el proyecto de recuperación del yacimiento no existe previsión de contar con una recreación que nos muestre tu modo de vida, usos y costumbres, y lo que es peor, tampoco se le espera.
Como tampoco espero que, a estas alturas de la película, los responsables del consistorio entiendan de una vez que dar participación a la ciudadanía en los asuntos públicos no es convocarlos de vez en cuando a tal o cual despacho, para contarles lo que el o la munícipe de turno ha pensado o se le ha ocurrido, y si te he visto no me acuerdo, sino que se trata de algo mucho más profundo. La cosa va de atreverse a compartir espacios de decisión y para ello no solo hay que tener el suficiente arrojo, sino también una visión política de largo alcance, como la tuvo el alcalde Pérez Castell, y desde luego estar dispuesto a ceder parte del poder que te dan las urnas a quien generosamente te lo ha prestado por un tiempo, porque el resultado siempre será infinitamente mejor, aunque solo sea porque nadie sabe tanto como todos juntos.
Todo esto viene a cuento de las noticias que hemos podido escuchar estos días, sobre el malestar que existe entre algunos colectivos de la ciudad por varias decisiones municipales, que a su juicio les perjudican de forma palmaria, y que tienen que ver con la cabalgata de apertura de Feria y las Escuelas de Verano.
Como sabes, desde hace años el ayuntamiento procura que el número de carrozas que desfilan en la cabalgata de apertura de la Feria sea más o menos el mismo, pero sin llegar a disponer de un númerus clausus inalterable. De ahí que se propiciaran acuerdos para que al menos un par de asociaciones compartieran un mismo movimiento, y en el caso de que hubiese más solicitudes que puestos para desfilar, la cuestión quedaría dirimida acudiendo al sorteo puro y duro sin ningún tipo de discriminación, ni tan siquiera positiva. Está claro que el papel todo lo aguanta, pero el tema se empieza a torcer cuando quien se queda fuera es una asociación de las que programan y realizan diversas actividades a lo largo del año, como sucede con las asociaciones vecinales, y no alguna otra de las que solo aparecen en época ferial.
Quizás ahora el concejal de Llevamos Bien, y también responsable de todo lo que gira en torno a la Feria, se arrepienta de haber votado en su día en contra de crear el Consejo de Participación de Feria, en el que la ciudadanía tuviera un peso importante a la hora de tomar decisiones, porque es muy posible que el problema que ahora aflora no se hubiera dado, o de haberse producido, la respuesta a una situación no prevista sería colegiada, de acuerdo con todos los implicados y no una salida bienqueda que a buen seguro no contentará ni a unos ni a otros. Es lo que tiene hacer oídos sordos a la participación y pensar que cualquier iniciativa que provenga de la oposición es mala per se y tiene que estar de antemano condenada al fracaso, con el peregrino argumento de que yo lo valgo, y punto.
Tres cuartos de lo mismo sucede con el mosqueo que tienen las familias que no han obtenido plaza para sus retoños en las Escuelas de Verano.
Aún siendo consciente de que no es posible atender la totalidad de las solicitudes que se presentan, o sí, que cuando se quiere, se puede, de lo que estoy convencido es de que si existiese un espacio de participación en el que se discutiesen este tipo de iniciativas, otro gallo cantaría, y más de uno y más de una se sorprendería de la capacidad de propuesta seria y rigurosa que tiene el vecindario una vez que se le da voz y voto. Unos planteamientos a los que puede que les falte cuarto y mitad del rigor administrativo necesario, pero que en cualquier caso siempre sería un mal menor y desde luego subsanable.
Si nuestro querido alcalde se empeña en seguir entendido la participación de la forma tan sui generis en la que lo hace, que sepa que de original no tiene nada, porque el despotismo ilustrado ya se inventó en el siglo XVIII. Vamos, lo que viene siendo todo para el pueblo, pero sin el pueblo y además sin rechistar, que ya sabemos como funciona eso de las lentejas.
Sirva como ilustración de esta afirmación lo que hemos podido leer esta semana, tras el acuerdo alcanzado entre el Ayuntamiento y la empresa que llenaba de paraguas y otros colgajos la calle Ancha en el verano, por el que esta última entrega al municipio toda la infraestructura precisa para el montaje, y que el consistorio haga con ella lo que le parezca. Y lo que ha estimado conveniente, según han publicado medios generalmente muy bien informados, es trocear el tinglado y trasladarlo hecho cachos a las zonas de juegos infantiles, y en un alarde de participación sin precedentes, e histórico por supuesto, anuncian que consultarán con la FAVA los lugares precisos. Por si no ha quedado claro; el equipo de gobierno, comandado por nuestro apreciado alcalde, decide en solitario qué hacer con el regalo, y solo consulta con los demás donde se pone. Si te gusta o no te gusta el planteamiento es lo de menos, el caso es hacer que parezca que hago algo.
Si no te gusta lo que ves, ya sabes lo que toca, cuando toque.
PD. Las decisiones importante se adoptan en los parlamentos, no en la puerta de los cines.
Antonio Martínez

