La presentación de los carteles de la Feria Taurina de Albacete 2026 dejó uno de esos momentos que trascienden cualquier anuncio, cualquier nombre propio o cualquier combinación ganadera. Fue el homenaje a Manuel Podio, un reconocimiento tan justo como necesario a quien lleva décadas escribiendo con luz la memoria gráfica de Albacete y, muy especialmente, de su Feria Taurina.
Porque hablar de la historia reciente de la plaza de toros de Albacete es hablar de Manuel Podio. Y hacerlo es también recorrer, fotografía a fotografía, algunas de las páginas más intensas, brillantes y conmovedoras que se han vivido en el coso de la calle Feria.
Durante más de cuarenta años, su cámara ha estado allí donde ocurría la noticia. En el instante exacto. En ese momento irrepetible que dura apenas una fracción de segundo y que distingue al fotógrafo excepcional del simple funcionario de la fotografía. Podio no sólo fotografió la Feria Taurina; la documentó para la eternidad. Sus imágenes han contado triunfos memorables, puertas grandes, ovaciones interminables, tardes de gloria, broncas monumentales, silencios sobrecogedores y también la cara más dura y dramática de la tauromaquia.

Su nombre quedó ligado para siempre a una de las fotografías más impactantes de la historia del fotoperiodismo español. El 14 de septiembre de 1981, mientras toreaba Manuel Benítez «El Cordobés», el espontáneo Fernando Eles Villarroel, conocido como «El Chocolate», saltó al ruedo de la plaza de toros de Albacete y encontró una muerte trágica bajo las astas del toro. Podio, situado en el lugar preciso del callejón, tuvo la serenidad profesional de captar una secuencia que daría la vuelta al mundo. Aquella imagen, publicada en medios internacionales, le valió una Mención de Honor en el prestigioso World Press Photo, situando el nombre de Albacete y el suyo propio en la élite mundial del fotoperiodismo.
Sin embargo, reducir la trayectoria de Manuel Podio a aquella fotografía sería profundamente injusto. Su archivo es, probablemente, una de las mayores reservas de memoria visual que posee esta ciudad. Desde finales de los años setenta ha retratado la evolución de Albacete, sus gentes, sus costumbres y sus acontecimientos más relevantes, convirtiéndose en un cronista imprescindible de la vida albaceteña.
En el ámbito taurino, su legado resulta sencillamente incalculable. Generaciones de aficionados han conocido y recordado la Feria a través de sus instantáneas. Sus fotografías han sabido captar la emoción de una verónica templada, la tensión de una cogida, la verdad de una mirada antes del paseíllo o la explosión de alegría de un triunfo grande. Donde otros veían una corrida, él encontraba una historia.
Por eso el homenaje recibido durante la presentación de los carteles de la Feria Taurina 2026 tiene un significado especial. No se homenajeaba únicamente a un fotógrafo. Se rendía tributo a una parte esencial de la propia Feria. A un hombre que ha estado presente en la mayoría de sus momentos históricos. A alguien cuya firma resulta tan inseparable de la tauromaquia albaceteña como la Puerta Grande o el Paseo de la Feria.
Hay personas que observan la historia y otras que la conservan. Manuel Podio pertenece a estas últimas. Gracias a su talento, miles de instantes que se habrían perdido para siempre siguen vivos en el recuerdo de Albacete.
La Feria Taurina cambia cada año. Cambian los carteles, los toreros y las ganaderías. Pero hay algo que permanece. En la memoria visual de varias generaciones de albaceteños sigue apareciendo, detrás del objetivo, la figura discreta de Manuel Podio, esperando el instante perfecto para convertirlo en eternidad., eso sí, dando cuenta de un buen puro.
Y por eso, cuando Albacete le aplaude, no sólo reconoce a un gran fotógrafo. Se reconoce a sí misma en las imágenes que él ha sabido legarnos.


