Pasó el 40 de mayo y parece que lo de quitarse el sayo va en serio. No sé si habrá que despojarse de más prejuicios, porque casi nada termina de encajar. Digamos que la distorsión se ha convertido en una de las características más habituales de nuestro tiempo. Claro que, si se sigue poniendo en tela de juicio el papel de la Justicia, según convenga en cada momento, o si el respeto a las instituciones depende de quién sea el afectado, resulta difícil mantener un cierto equilibrio de normalidad.
“Hay jueces que prevarican”, lo ha dicho un ministro del Gobierno de España. Quienes más deberían predicar con el ejemplo, da la impresión de que quieren cargarse el sistema y a ver si con ese totum revolutum alguien se escapa de la que se le puede venir encima. Si se hace esa afirmación hay que irse a los tribunales y querellarse, no basta con acusar y huir. Una cosa será criticar una resolución judicial, pero esa afirmación por sí sola no arregla nada y lo estropea todo un poco más. También es verdad que mientras estamos con esas, no se habla del problema de la vivienda, ni de las listas de espera, ni de los sueldos de miseria que cobra mucha gente, ni de las cuotas de los autónomos y así un largo etcétera.
Uno se detiene a leer algunos titulares y no es que produzcan miedo, no; generan más bien preocupación porque parecen confirmar realidades que hasta ahora permanecían ocultas. Sirva como ejemplo este de El Mundo: “Leire Díez anotó un plan del Gobierno para que Telefónica asaltara Prisa y que la línea editorial la había marcado P.S.” Todo ello, presuntamente, a través de un tal Contreras, una figura que durante años acumuló una notable influencia y que, según diversas informaciones, seguiría manteniéndola. Aunque el actual presidente de Prisa apartó a varios directivos, entre ellos a la que fue directora de El País y también a la directora del programa líder de la SER, que el pasado jueves se despidió de la empresa y de los oyentes. Al final, y también al principio, todo parece reducirse a una lucha por el poder, por controlar la línea editorial y por garantizarse el acceso al maná, sea cual sea la fórmula.
Son despropósitos que quizá no alteran la vida cotidiana de quien madruga para ir a trabajar y no pierde el sueño pensando quién manipula, altera la realidad, selecciona las opiniones más convenientes o amplifica determinados escándalos. Sin embargo, aunque no quiten el sueño, sí contribuyen a deteriorar los procesos y la convivencia que sostienen el día a día de un país democrático.
Si las cosas son realmente como se cuentan, estos escándalos no quedan tan lejos de otras prácticas que también se producen en ámbitos más próximos –regionales o locales– y que tienen igualmente su propia escabechina, aunque no aparezcan en los periódicos. Al final, no dejan de ser marrullerías, utilizando la expresión popularizada por el presidente del Gobierno, que juegan con el pan de mucha gente y enturbian el trabajo serio de muchos políticos que, en todos los partidos y administraciones, desempeñan una labor con honestidad y pensando en los ciudadanos. Seguramente son esos “Contreras” y, en otra escala, los califas de turno quienes ejercen cuotas de poder entre bambalinas y alimentan buena parte de la podredumbre que contemplamos a diario.
Es que claro, en las famosas libretas de Leire se desvela que el periodista de El País José Manuel Romero colaboraba con la cloaca. Es un titular de las últimas horas. Ahora al parecer está en otro medio y allá por 2015 y 2018 fue director de informativos de la cadena SER. No es que me interese mucho el currículo de algunos periodistas como el reseñado –ni antes ni ahora– me importa mucho más añadir que no siempre son políticos, ni fontaneros, ni jueces, los de las cloacas. Para que el circuito funcione también hacen falta periodistas que se presten a ello y por eso dando el crédito justo por ser todo tan sucio y nauseabundo, empiezan a aparecer nombres de periodistas. Y lo que queda. Ya lo verán.
En la despedida de Barceló de la SER el jueves dijo: “Soy la página de la izquierda y ahora toca completar la página de la derecha”. Algunas indirectas más y pullas, cuidadosamente elegidas que a buen entendedor con pocas palabras basta. Se ha dicho que querían no ser tan progubernamentales y dar un giro. A ver si ahora lo dan tan pronunciado que acaban haciendo el ridículo.
No me gustan los abucheos a nadie, tampoco al presidente del Gobierno. Acudir a la puerta de la Nunciatura el otro día o a Barcelona para lanzar insultos o descalificaciones no me parece de recibo. Es cierto que algunos medios de la llamada izquierda mediática han publicado que, a la llegada del presidente a Barcelona, se escucharon gritos de “¡Pedro, presidente!”. Las imágenes difundidas parecen mostrar también otras expresiones de rechazo. En cualquier caso, no merece la pena conceder demasiada relevancia a quienes convierten cualquier acto público en una oportunidad para exhibir mala educación o descargar frustraciones personales.
Con lo bien y tranquilos que estamos por aquí, fortaleciendo lazos que conviene visibilizar de vez en cuando. Así ocurrió en Albacete con la instalación de un Mirage F1 en la rotonda de la Avenida de España con la A-20. El alcalde Manuel Serrano, junto al coronel del Ala 14, Diego Sánchez Caamaño, representantes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y numerosos albaceteños participaron en un acto sencillo pero emotivo.
Se rendía homenaje a la Base Aérea, tan ligada a la ciudad desde hace décadas. Habrá quien hubiera preferido otro elemento en esa rotonda, y es una opinión respetable. Pero el Mirage F1 representa una parte importante de nuestra historia reciente, vinculada al servicio, la seguridad y el trabajo desarrollado desde la Base Aérea en beneficio de miles de ciudadanos.
Por eso llamó la atención que buena parte del grupo municipal socialista diera la espalda al acto. Más allá de que acudieran otras autoridades del PSOE, como el presidente de la Diputación o el subdelegado del Gobierno, la escasa presencia de concejales socialistas invita a preguntarse si mantienen una visión diferente sobre esta iniciativa o sobre el homenaje a la Base Aérea.
Cada cual está en su derecho de discrepar, pero cuando se trata de representantes públicos conviene explicar las posiciones adoptadas, especialmente en cuestiones que forman parte de la historia y la identidad de la ciudad.
Aquí sí que ha habido un respaldo institucional claro y nítido, en defensa del sector cuchillero. Ayuntamiento y Diputación, de Albacete, se han juntado en el Museo de la Cuchillería, en señal y prueba de apoyo al sector. Manuel Serrano y Santiago Cabañero, representantes de ambas instituciones, han acudido a un lugar tan emblemático como el Museo para refrendar algo que ya sabíamos y de lo que, junto a los secretarios de ambas corporaciones, han dado fe: su disposición a actuar unidos ante cualquier obstáculo que pudiera presentarse.
Ha sido seguramente la primera vez que un hecho tan singular ha sucedido en la capital, como es el de presentarse ambas corporaciones en una sesión conjunta.
Solo el hecho de juntarse ya merece el aplauso general.
La presidenta de APRECU, Pilar Jiménez, también tuvo un papel destacado en el acto.
Por lo demás, en el ámbito local, reina la tranquilidad y mantenemos la esperanza de que ese ruido generado en la capital de España, por ser allí donde se concentran las principales instituciones del Estado, vaya desenredándose, aclarándose y juzgándose cuando corresponda; y, si además llega acompañado de alguna solución, mejor aún. Ah, bueno, y votar, que no es poca cosa: cada vez parece una necesidad más apremiante. Y de paso que Zapatero dé muchas, muchas explicaciones.
A Ione Belarra, de Podemos, tan segura de sí misma y tan dada a las afirmaciones contundentes, la han condenado a pagar 9.000 euros por llamar corrupto al juez Castellón. A veces conviene recordar que la libertad para opinar no exime de las consecuencias cuando determinadas acusaciones terminan examinándose en los tribunales. No todo vale en política.
Resulta curioso comprobar cómo quienes en su día criticaban al juez Antonio Viejo por dar prioridad a determinadas causas hoy le aplauden por ordenar a la policía judicial que investigue de arriba abajo las cuentas del novio de Ayuso.
En los medios de comunicación proliferan ahora periodistas y tertulianos convertidos en improvisados expertos en Derecho. Todos quieren transmitir la impresión de que dominan los entresijos jurídicos de cada asunto, cuando en muchos casos apenas conocen una parte de la información. Eso sí, cuando una sentencia o una instrucción coincide con sus preferencias, la Justicia funciona de maravilla; cuando no es así, llegan las críticas y las sospechas.
Sin embargo, los jueces son los mismos cuando investigan a personas de derechas o de izquierdas, y también lo son los miembros de la Policía Judicial, ya pertenezcan a la Guardia Civil o a la Policía Nacional. Por eso, la conclusión de siempre sigue siendo válida: dejar trabajar a quienes tienen esa responsabilidad y esperar a que los procedimientos sigan su curso. Criticar es legítimo y saludable, pero otra cosa es convertir cada decisión judicial en una batalla partidista donde cada cual intenta arrimar el ascua a su sardina.
Empecé hablando de lo que está ocurriendo en la SER y, entretanto, ya ha caído otro cargo. Se marcha Barceló y también ha sido relevado el responsable de informativos. Las incógnitas vendrán ahora con los cambios que puedan producirse. Habrá que observar quiénes salen y quiénes llegan para comprobar si se trata únicamente de relevos organizativos o de un giro más profundo. Con lo cómodo que resulta llevarse bien con todo el mundo, aunque este oficio, como tantas veces ocurre, obliga a mirar más allá de las apariencias.
Ángel Calamardo
X: @AFCalamardo

