Hay gestos que cambian vidas. Gestos sencillos que pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte para alguien que ni siquiera conocemos. Donar sangre es uno de ellos. Un acto altruista, silencioso y anónimo que cada día permite salvar vidas en hospitales de toda España y que se sostiene gracias a miles de personas como Mari Paz Avendaño y Francisco Javier Pérez, que desde Albacete tienden su brazo para ayudar a los demás.
Detrás de cada bolsa de sangre hay compromiso y generosidad. Así, Mari Paz Avendaño y Francisco Javier Pérez, recientemente galardonados con la Gran Cruz y Cruz Mayor respectivamente por Donantes de Sangre de Albacete, son el reflejo de dos albaceteños con trayectorias diferentes, pero unidos por una misma convicción: la de que donar sangre es una de las formas más directas y valiosas de ayudar a quienes lo necesitan. Sus testimonios ponen rostro y nombre a una cadena de solidaridad infinita y anónima para que los hospitales puedan atender a miles de pacientes.

Mari Paz Avendaño, donante desde el día que cumplió la mayoría de edad, lleva a sus espaldas 62 donaciones, y Francisco Javier Pérez, en el mismo caso, suma 109 donaciones a sus 52 años. Así, decenas de gestos, tan sencillos como solidarios, han cambiado la vida de muchas personas que ni siquiera conocen. Todo por ese carácter solidario y esas ganas de ayudar a los demás. Solo por pura convicción y compromiso con la sociedad.
Cuando tender el brazo salva vidas en Albacete
Mari Paz y Francisco Javier coinciden en que es algo que les viene de sangre, ya que para ambos fue un gesto que heredaron de su familia. En el caso de Mari Paz, como comparte con El Digital de Albacete, “acompañaba siempre a mi madre a donar sangre y cuando fui mayor de edad me hice donante, y hasta el día de hoy. Es un gesto altruista, sin interés”, sostiene. Para Francisco Javier fue también algo heredado de familia. “Mis padres nos lo inculcaron, cuando cumplimos 18 tanto mi hermano como yo fuimos a donar casi de forma automática. Es una de las formas más sencillas de ayudar a los demás y la que más satisfacción nos puede dar”, asegura.

Así, Mari Paz pone en valor la importancia de “intentar ser buena persona y ayudar a la gente”, y por ello anima a posibles futuros donantes a dar el paso. “No hay que tener miedo, es un pinchazo y además el equipo está muy pendiente de ti, no estás solo y son muy buenos profesionales”, apunta. Por su parte, Francisco coincide con Mari Paz en la calidad profesional y humana de los sanitarios que atienden a los donantes de sangre, y añade que “son personas muy amables y te lo agradecen muchísimo”. Además, explica que “la idea es ayudar, hay que pensar y ponerse en la piel de la gente. Ojalá nunca nos tengan que poner sangre, pero a todos nos gustaría que si nos toca pasar por ahí, haya gente dispuesta a asumir este compromiso con la sociedad”, y se suma al llamamiento de Mari Paz para animar a los donantes. “Las molestias son mínimas”, asegura.
La solidaridad corre por sus venas: dos referentes de la donación en Albacete
En la misma línea, señala Francisco Javier que “ahora que empieza el verano, por desgracia, hay más accidentes y es importante, pero al margen de eso, es clave saber ponerse en el lugar de los demás”, también durante el resto del año.

Historias como las de Mari Paz Avendaño y Francisco Javier Pérez ponen de relieve que la donación de sangre no es solo un gesto puntual, sino una forma constante de compromiso con la sociedad. Dos trayectorias distintas que confluyen en una misma idea: ayudar no siempre requiere grandes actos, sino la voluntad de tender el brazo cuando alguien lo necesita.
En un contexto en el que los hospitales dependen de forma permanente de la solidaridad ciudadana, su ejemplo se convierte en un recordatorio de la importancia de mantener viva la cadena de donación. Gestos silenciosos como los suyos sostienen cada día la atención sanitaria y demuestran que, detrás de cada transfusión, hay personas que deciden —una y otra vez— estar al otro lado para salvar vidas.

