¿Vivimos más o vivimos mejor? Una enfermera de Albacete revela la clave que transforma la vida de los mayores

Un estudio en Albacete demuestra que el ejercicio mejora la salud y combate la soledad en mayores

“Cada vez vivimos más, pero ¿vivimos mejor?” Esta es la pregunta que lanza en su trabajo de investigación la enfermera especialista en Enfermería Familiar, Lucía Onrubia. La Gerencia de Atención Integrada (GAI) de Albacete continúa impulsando la cultura de la investigación entre los profesionales de Enfermería, algo que pone nuevamente de manifiesto la presentación de los resultados de trabajos de Investigación EIR 2024-2026. 

Ponía de relieve esta enfermera que “en 2022, más de 9 millones de españoles eran mayores de 65 años, lo que representaba el 20% de la población total de aquel momento”, añadiendo que “además, esas personas tenían una esperanza de vida a esa edad de 21,11 años”. En este punto, comentaba Lucía Onrubia a El Digital de Albacete que “la prevalencia de fragilidad en personas mayores de 65 años es del 18% y el 70% presenta al menos una enfermedad crónica”. Todo esto, reconocía que lleva aparejado “un aumento del uso de recursos y, por tanto, del gasto sanitario y una peor calidad de vida”.

Desarrollaba la especialista en Enfermería Familiar y Comunitaria que ante estos datos, “es esencial prevenir, pasar de un modelo reactivo a un modelo proactivo”. Esto supone “no esperar a la enfermedad, sino aprender a prevenirla para llegar a edades avanzadas con la mejor calidad de vida posible”.

Ante estas evidencias, Lucía Onrubia, junto a sus compañeros Alejandro Martínez Serrano, Elena Parreño García y María Asunción Gómez de Lera presentaban su trabajo de Investigación EIR 2024-2026 titulado ‘En movimiento ganamos salud: efectividad de un activo de salud basado en el ejercicio físico en la mejora funcional física en personas mayores de 65 años’. Un trabajo que ha contado con la colaboración de Metasport, a través del que se ha querido constatar si la realización de ejercicio físico a través de un recurso de la comunidad es de utilidad para mejorar el nivel de salud de las personas mayores.

“Este trabajo nace de una pregunta sencilla pero profunda: ¿y si empezamos a construir salud en lugar de limitarnos a tratar la enfermedad?”, cuestionaba Lucía Onrubia. Al respecto, detallaba que “nuestro trabajo no estudia un fármaco ni una tecnología compleja”, sino que “parte de un recurso accesible, comunitario, sostenible y basado en la evidencia”. 

En este punto, consideraba esta enfermera de la GAI de Albacete que “la salud no solo se prescribe; también se entrena, se acompaña y se fortalece”. Por tanto, ponía de relieve que “si queremos una Atención Primaria fuerte, resolutiva y preparada para el futuro, necesitamos ampliar la mirada”, apostando por pasar de un modelo reactivo a uno proactivo. Así, sostenía que la clave se encuentra “en prevenir la enfermedad y no esperarla”, planteando el ejercicio físico como herramienta principal al tratarse de “una actividad preventiva avalada por la ciencia y recomendada por organismos tan importantes como la Organización Mundial de la Salud (OMS)”, sostenía.

Equipo de trabajo / Foto cedida

Del tratamiento a la prevención

Antes de poner en marcha este estudio, detectaron que, más allá de los beneficios asociados a la actividad física, existían otros factores con una gran influencia en el bienestar de las personas mayores. Entre ellos, destacaba Lucía Onrubia “la calidad de vida y la sensación de soledad no deseada”, dos aspectos que consideraba fundamentales incorporar al análisis debido a su impacto directo en el día a día de la población mayor de 65 años.

La relevancia de esta problemática queda patente en distintas iniciativas desarrolladas en Albacete para atajar de lleno estas cuestiones. Un ejemplo de ello es el proyecto ‘Francisca, no está sola’, surgido en el barrio de Franciscanos después de que los propios vecinos identificaran la soledad no deseada como uno de los principales problemas de la zona. Esta realidad llevó a estos profesionales de la GAI de Albacete a prestar especial atención a variables relacionadas con el bienestar emocional y social, entendiendo que el envejecimiento saludable va mucho más allá del estado físico.

Ejercicio físico para combartir la soledad

Para llevar a cabo este estudio “se realizaban dos sesiones semanales de 60 minutos cada una de ellas en el Centro de Actividad Física Adaptada de Metasport Industria”, explicaba la enfermera a El Digital de Albacete. Sobre estas sesiones, concretaba que “las realizan los educadores físicos tras una valoración inicial, planificando, diseñando y dirigiendo el plan de ejercicio”. Pero además, señalaba que “en algunas ocasiones y de manera opcional para el usuario, el fisioterapeuta ve el caso y da pautas y orientaciones para las sesiones” que se desarrollan en grupos de 13-14 personas con edades y condición física similares.

El programa de ejercicio físico desarrollado dentro del estudio se estructuraba en sesiones completas y adaptadas a las necesidades de las personas mayores. Cada entrenamiento se dividía en tres fases diferenciadas: “En primer lugar, los participantes realizaban un calentamiento basado en ejercicios de movilidad articular. Posteriormente, llevaban a cabo la parte principal de la sesión, compuesta por un circuito de ocho estaciones combinando 20 minutos de trabajo en máquinas cardiovasculares, alternando así ejercicios de fuerza y de resistencia aeróbica”, explicaba Lucía Onrubia, concretando que la actividad concluía “con una vuelta a la calma mediante estiramientos guiados y ejercicios de flexibilidad”.

En cuanto al perfil de participantes de este estudio, concretaba que “todos eran mayores de 65 años y contaban con un nivel de autonomía suficiente para desarrollar las actividades propuestas”. Además, debían disponer de “la capacidad cognitiva necesaria para comprender y completar los cuestionarios del estudio, no haber realizado ejercicio físico estructurado de forma continuada durante los seis meses previos y no presentar patologías graves que desaconsejaran la práctica deportiva”. No obstante, la responsable del proyecto destacaba que el requisito más importante fue “la implicación y la voluntad colaborativa de los participantes”, cuya disposición resultó fundamental para el desarrollo de esta investigación.

Lucía Onrubia / Foto cedida

Resultados que van más allá de la salud física

Un trabajo que ha demostrado “una mejora significativa de la capacidad funcional global entre el grupo que asistió al activo de salud frente al grupo que solo tuvo control en el centro de salud, presentando una mejor puntuación del grupo intervención”, ponía de relieve la enfermera. Además, señalaba que “la alta adherencia y la valoración entre los participantes en el programa de ejercicio físico evidencian niveles de satisfacción altamente positivos, consolidando al programa como una experiencia de calidad excelente”. 

Desgranaba Lucía Onrubia que “tras cuatro meses de asistencia al activo en salud, hubo una mejora significativa en variables de velocidad de la marcha, velocidad de sentadilla y en la puntuación final del SPPB, teniendo mejor puntuación en el grupo que asistió a esta actividad”. Pero además de los beneficios físicos, también se han observado mejoras en la percepción de la soledad, especificando que “se muestra una tendencia ascendente posterior a la intervención en la mayoría de las áreas examinadas del grupo intervención a la diferencia del grupo control”, incidiendo en que “en el análisis de soledad hubo menos empeoramiento en el grupo que asistió a la actividad frente al que no lo hizo”.

Sobre los resultados extraídos de este estudio, confesaba esta enfermera que “no sorprendieron sobre todo los testimonios de las personas a las que les pasábamos los cuestionarios”. En este punto, incidía en que “los resultados de nuestro trabajo hablan sobre personas, con su vida, sus preocupaciones y sus problemas. Personas que nos contaban que estaban deseando que llegara su sesión en el grupo para poder vestirse y salir de casa”, subrayando que “es precisamente esto lo que nos llevamos y lo que realmente más nos llena”.

Por todo ello consideraba que este tipo de programas deberían impulsarse de forma habitual desde el ámbito sanitario y comunitario, considerándolos “clave”. Al respecto, desarrollaba Lucía Onrubia que “los activos en salud son un recurso valioso que promueve la mejora de la salud y el empoderamiento de los miembros de la comunidad”. En relación a ello explicaba que “nuestro estudio indica que este tipo de recursos pueden llegar a mejorar la capacidad física de los participantes, siendo idónea su recomendación desde la consulta de Atención Primaria, destacando la figura de la Enfermera especialista en Enfermería Familiar y Comunitaria como referente en la promoción y en el enlace con dichos activos”.

Dada la gran evidencia que presenta, consideraba “necesario el desarrollo de políticas sanitarias que potencien la implementación de estos recursos, de manera que lleguen a formar parte de la actividad esencial, siendo obligatoria su recomendación por parte de los profesionales de la salud”. De hecho, ponía de relieve Lucía Onrubia que “muchos países europeos han llevado a cabo estudios donde la prescripción social, y sobre todo aquella basada en el ejercicio físico, ha mostrado mejorías en el estado físico, la calidad de vida, la autoestima y el bienestar de las personas”. Además, incidía en que en muchas ciudades españolas “la prescripción social basada en activos ya es una realidad, y se usa al mismo nivel que la prescripción de un fármaco”, detallando que en el caso de Albacete, “estamos empezando, y aunque aún queda mucho por hacer, es especialmente importante que empecemos a darle visibilidad”, deseando que “ojalá y las políticas sociales impulsen este tipo de proyectos y consigamos un trabajo interdisciplinar”.

“El ejercicio físico es un factor de protección, promoción y mantenimiento de la salud ya que contribuye a mejorar el estado físico y mental, reducir el estrés, mejorar la cognición y capacidad de pensamiento, además de fortalecer las habilidades funcionales”, subrayaba esta enfermera para poner en valor cómo puede cambiar la vida de una persona mayor al incorporar la actividad física a su rutina. Pero además, trasladaba que hacer este tipo de ejercicios “actúa como vía de escape de la cotidianidad, fortalece el estado de ánimo, autoconcepto, autodeterminación y autoeficacia, y permite la interacción social y cooperación”.

Por todo ello y con todas estas evidencias científicas, esta enfermera de Albacete lanzaba un claro mensaje para animar a las personas mayores a hacer ejercicio: “Pueden encontrar una forma de movimiento que les guste, sea como sea”. De este modo, manifestaba Lucía Onrubia que puede ser “desde cardio o fuerza, solos o acompañados, por la mañana o por la tarde, pero que sin duda empiecen”. Tirando del refranero albaceteño destacaba que “nunca es tarde si la dicha es buena”.

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Marta Lopez

Periodista natural de Albacete. Licenciada en Periodismo por la Universidad de Murcia con más de 6 años de experiencia en medios de comunicación.
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