El gesto que lo cambió todo: un joven de Guinea recupera la vista gracias a Julia, una enfermera de Albacete

Julia Navalón, enfermera de Albacete, se ha desplazado junto a varios profesionales sanitarios a Guinea de la mano de la asociación Stop Ceguera

“Nosotros viajamos para operar ojos, pero al final también cambiamos vidas”. Hay historias que van mucho más allá del quirófano: hablan de segundas oportunidades, de manos que devuelven la luz y de vidas que cambian para siempre. Julia Navalón, enfermera de Albacete, se embarcó junto al resto del equipo de Stop Ceguera en una aventura al otro lado del mundo con un objetivo claro: tratar de devolver la vista a pacientes sin recursos en Fria, una pequeña aldea de Guinea Conakri en África.

Lo que no se esperaban era que más que realizar intervenciones quirúrgicas iban a cambiar vidas para siempre. Es el caso de un joven, de unos 15 años, al que Julia y su equipo devolvieron algo más que la vista: devolvieron su autonomía, su ilusión y su luz. Con una ceguera casi completa, este joven volvió a abrir los ojos al mundo tras la operación. Su reacción al recuperar la visión, inmortalizada en un vídeo compartido por la asociación, demuestra cómo se puede hablar con la mirada, sin necesidad de palabras.

Un equipo capaz de devolver la luz donde solo había oscuridad. Un equipo capaz de desplazarse al otro lado del mundo de forma desinteresada. Capaz de cambiar vidas. Manos como las de Julia, enfermera de profesión, devolvieron la vista a este joven, y a otros muchos más. Y además lo hicieron con emoción y humanidad. Y es que, aunque viajaron para operar ojos, “terminamos cambiando vidas”, como señala Julia.

Foto: Cedida Julia Navalón / Stop Ceguera

Más allá de la cirugía: la sanitaria de Albacete que transformó la vida de un joven ciego

En el caso de Julia, esta fue su primera experiencia en Guinea Conakri, tras dos intentos fallidos por diferentes circunstancias, lo que demuestra que a la tercera va la vencida. “Es una experiencia que no se olvida. Ayudas a muchísima gente que tiene carencias en cuanto a infraestructuras y a otras cosas que damos por hecho”, señala Julia Navalón. Del mismo modo, indica que “la experiencia a nivel personal fue bonita”.

Así, Julia recuerda que una de las cosas que más le ha impactado de esta experiencia va más allá de lo sanitario. “Ya no es la ceguera, sino el nivel de dependencia que genera. Nosotros en España tenemos muchas cosas adaptadas. Allí no hay nada, caminos sin asfaltar y obstáculos constantes, sin iluminación, sin accesibilidad. Una persona ciega en una zona como Fria depende de otra persona prácticamente para todo”. “Se multiplica la dificultad”, asegura, y sostiene que “no solo le devolvemos el poder ver a la gente, sino la autonomía, la dignidad y las posibilidades de futuro”.

Foto: Cedida Julia Navalón / Stop Ceguera

Julia Navalón, enfermera de Albacete: “Fue sobrecogedor”

Durante su estancia en el país, Julia Navalón de la mano del resto de profesionales de Stop Ceguera, han conseguido devolver la vista a varios pacientes. Entre ellos destaca el caso de un joven de apenas unos 15 años. “Hay personas que tienen todo un futuro por delante y que ya están condicionados desde pequeños”, recuerda, y explica que “el caso de este chico nos impactó a todos por la edad que tenía, por la dependencia y fue para todos sobrecogedor y reconfortante».

Foto: Cedida Julia Navalón / Stop Ceguera

Así, explica que el chico tenía “una catarata bilateral, es decir, estaba completamente ciego, y dependía de su hermano. Le realizamos dos cirugías y después, en estos casos, se tapa el ojo durante 24 horas hasta la revisión del día siguiente. Nosotros cuando salimos del quirófano sabemos cómo ha salido la intervención, pero no lo sabemos al 100%”, por lo tanto, esas 24 horas son cruciales para conocer el resultado. Así, hasta que no destapan ese ojo, no hay un resultado final como tal. En uno de los vídeos compartidos por la asociación se puede ver el momento en el que al joven le destapan el ojo y vuelve a ver. Un momento de máxima emoción tanto para el chico como para el equipo sanitario.

“Enseguida nos dimos cuenta que volvió a ver, por la emoción que nos transmitió, su cara, su expresión, su manera de mirar alrededor. Son todo”, comparte Julia, que señala que “en el vídeo se ve su reacción, pero todo el equipo se emocionó, desde el logista al optometrista. Todos nos emocionamos cuando supimos que recuperó la vista. Fue muy gratificante y sobrecogedor para todos”. Y es que, en estos momentos, donde la barrera del lenguaje quizá se hace presente, sale a la luz el lenguaje universal a través de las emociones. «Ellos hablan en francés y al ser un pueblo de interior hablan un dialecto, pero la gratitud está en las expresiones, en esa emoción, esa felicidad, en las lágrimas que le caían cuando volvió a ver, en la sonrisa cuando le devolvimos la vista”.

Julia Navalón: “Es un momento que nos llevamos para siempre”

La mirada de este joven y su reacción tras la cirugía es uno de esos momentos “que nos llevamos para siempre. Es lo que realmente le da sentido a estas campañas. Ver cómo recuperan la visión y ahí es cuando se entiende que todo el esfuerzo ha merecido la pena”, asegura. 

Y es que, si no fuera por estas manos casi mágicas y desinteresadas, no tendrían otra oportunidad. “Desafortunadamente no pueden permitirse ni una consulta médica”, explica. Por este motivo, Julia lo tiene muy claro y anima al sector sanitario a embarcarse en esta aventura. “La recompensa es preciosa a nivel personal y profesional. Animo a la gente a implicarse, porque realmente merece la pena. Nosotros viajamos para operar ojos, pero al final también cambiamos vidas”, sostiene.

Foto: Cedida Julia Navalón / Stop Ceguera

Manos como las de Julia Navalón y el resto del equipo de Stop Ceguera representan mucho más que la labor sanitaria, pues son manos capaces de sostener esperanza donde apenas queda nada, de devolver ala autonomía a quienes habían aprendido a vivir en la oscuridad y de transformar una operación en una segunda oportunidad. La enfermera albaceteña junto a su equipo no solo llevó conocimiento y medicina hasta Guinea, llevó humanidad, cercanía y compromiso porque detrás de cada intervención hay esfuerzo y vocación, pero también la sensibilidad de quienes entienden que recuperar la vista también significa volver a vivir.

Foto: Cedida Julia Navalón / Stop Ceguera

Y entre todas las intrahistorias que deja esta nueva campaña, la de aquel joven permanecerá para siempre en la memoria de un equipo que se lleva esta emoción para siempre. El instante en el que el joven volvió a ver no solo iluminó sus ojos, también emocionó a los que estaban allí. Su sonrisa y sus lágrimas fueron las de una persona que descubría nuevamente el mundo casi como la primera vez. Un instante que bastó para que todos los profesionales sanitarios desplazados entendiesen que todo había valido la pena. Porque la Medicina cura, pero también cambia vidas. Y en una pequeña aldea de Guinea Conakri, un grupo de sanitarios españoles entendió que la mayor recompensa no estaba únicamente en devolver la visión, sino en devolver futuro, autonomía y esperanza. “Nosotros viajamos para operar ojos, pero al final también cambiamos vidas”.

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Noelia López

Natural de Albacete, Graduada en Periodismo por la Universidad Miguel Hernández. Experiencia en medios de comunicación como VIsión6, Es Radio y Telemadrid
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