(Sí, camarada, la vida fue tu auténtica universidad. Las clases que se daban no eran para ti, ¿verdad? La universidad de la vida – Sr. Chinarro)
Ayer, la UCLM cantó las cuarenta, y lo hizo en un acto que hizo justicia a los más de 157.000 titulados que han pasado por sus aulas desde su génesis, que, aunque vino por obra y gracia de una ley del 82, necesitó mucho más para hacerse realidad.
Hubo que forjar una identidad; no quedaba otra. Desde la confianza, claro. Una confianza en que una región como la nuestra podía aspirar a tener una institución académica que sirviera para que el talento no se fuera más allá de sus fronteras. Los frutos ahí están: generaciones de estudiantes que han revertido todo el conocimiento adquirido en una región y en un país que no se lo pidió.
Una universidad que, además, ha llevado el nombre de la región a escaparates de más allá. Desde aquel acto inaugural en la Escuela de Ingenieros Técnicos Agrícolas de Ciudad Real, que sirvió como primer azulejo amarillo, hasta ahora, el recorrido ha sido intenso.
Derribó así el muro de ser la única región pluriprovincial sin universidad, y lo hizo a paso corto, con poco más de 6.000 estudiantes en su primer año y un logo que aún perdura y que fue firmado por Feliciano Barrios, hijo de zamoranos y madrileño, pero desde entonces más castellanomanchego que nunca. Fue él quien tuvo que soportar incluso las bromas de quienes, desde su cátedra, le daban codazos disimulados afeando la conducta de quien se lanzó a la aventura de impulsar una universidad de pueblo.
Lo que fueron los centros universitarios de Almagro, Sigüenza y Toledo, todos históricos, todos impolutos, fueron el germen de lo que ahora es ya tradición. Mientras que hace 40 años ni siquiera había fotocopiadora, ahora la UCLM está presente en clasificaciones mundiales que la sitúan entre las mil mejores universidades del mundo, según el ranking de Shanghái, y entre las 250 universidades jóvenes más punteras del planeta, según Times Higher Education (THE).
Para resumir el orgullo de una de las instituciones que cosen la identidad regional, basta con un discurso: el de Paula Jurado, la alumna más brillante del pasado curso, quien, rozando la excelencia, fue capaz ayer de subirse al atril para defender que se ha quedado en Castilla-La Mancha por ser la mejor opción.
Más allá de lo académico, lo que han conseguido estas siglas no es ni más ni menos que democratizar la educación. Hacer posible que llegue a todos. Porque en los pueblos, irse a Madrid a estudiar era cosa de señoritos, y gracias a cómo se ha desplegado la entidad, paso a paso y poco a poco, se ha conseguido que la vara de medir pueda ser la misma desde esta tierra.
Cumplir cuarenta años en plena forma solo es posible gracias a las personas que conforman la arquitectura de esta institución. Cada una de las manos que hay detrás de ella tiene parte de la responsabilidad de haber convertido a la UCLM en un pilar fundamental de esta región. Y si lo es, al menos en su última etapa, también lo es por don Julián, magnífico rector que lo está dando todo, y un poco más, para que podamos sentir este orgullo.
Feliz cumpleaños. Por otros cuarenta años y por muchos más.
Humberto del Horno

