Lo que comenzó hace más de un año como una ocupación ilegal en una vivienda del barrio Universidad de Albacete continúa convirtiéndose en un auténtico calvario para Manuel, el propietario de la casa, que a día de hoy sigue sin poder recuperar su vivienda pese a existir ya una sentencia firme de desalojo.
El caso, adelantado por El Digital de Albacete el pasado mes de diciembre, sigue sumando capítulos. Manuel asegura que los ocupantes continúan dentro de la vivienda mientras, según denuncia, «han empezado a llevarse muebles, electrodomésticos e incluso partes de la instalación de gas».
«Dentro de poco hará tres meses que el Juzgado número 2 dictó que tenían que salir los okupas y todavía no se ha ejecutado la sentencia», lamenta Manuel en declaraciones a este medio.

Más de un año de calvario
Todo comenzó el 7 de marzo de 2025, cuando un vecino le llamó mientras trabajaba en Valencia para avisarle de que habían entrado en su vivienda de la calle del Derecho, en Albacete. Manuel cogió el coche y se desplazó inmediatamente hasta la ciudad con las escrituras y las llaves de la casa, pero asegura que, pese a presentarse como propietario, no pudo acceder a la vivienda.
Según relató entonces, varios vecinos presenciaron cómo un menor accedía por una ventana para posteriormente abrir desde dentro al resto de la familia. La Policía acudió al lugar y se presentó denuncia por usurpación, aunque los ocupantes permanecieron en el interior de la vivienda.
Durante estos meses, Manuel ha denunciado daños en la casa, modificaciones en la estructura, conexiones ilegales a suministros y hasta cambios continuos de titularidad en contratos eléctricos. Incluso Iberdrola le reclama, según explica, cerca de 1.680 euros por un supuesto enganche ilegal realizado en la vivienda.

Reformaron la vivienda
Ahora, la situación se ha agravado todavía más. Manuel denuncia que los ocupantes están vaciando la casa antes de un posible lanzamiento judicial. «Los vecinos me avisaron de que estaban sacando muebles. Se han llevado los muebles de la cocina y electrodomésticos», relata.
Además, asegura que recientemente descubrió que habían arrancado la tubería de gas de la fachada. «Se han llevado hasta la salida de humos del calentador», explica indignado.
A todo ello se suma el deterioro de unas obras realizadas por los propios ocupantes en la entrada de la vivienda. Manuel asegura que derribaron elementos originales y levantaron nuevas estructuras sin supervisión profesional. Sin embargo, dichas modificaciones habrían terminado cediendo. «Una vecina me llamó diciendo que se habían caído los muros y que casi pillan a una persona que pasaba por allí», señala.

El propietario explica que recientemente acudió a la vivienda acompañado de un albañil y un cerrajero metálico para valorar los daños y preparar futuras reparaciones, aunque insiste en que todavía no puede iniciar ninguna obra porque la vivienda sigue ocupada.
La sentencia es firme
Pese a que la sentencia ya es firme y no cabe recurso, Manuel asegura que el procedimiento continúa paralizado a la espera de que otro juzgado fije la fecha definitiva para ejecutar el lanzamiento. «El abogado ha ido varias veces a preguntar y siempre le dicen que será cuestión de semanas, pero seguimos igual desde febrero», lamenta.
Tras más de un año de proceso, el propietario asegura sentirse completamente desprotegido. «Lo más indignante es que todo el mundo sabe cómo va a acabar esto, porque nadie puede quedarse con una casa que no es suya, pero mientras tanto el propietario sigue pagando abogados, suministros, desplazamientos y viendo cómo destrozan su vivienda», sostiene.

«Me va a costar un dineral»
Manuel reconoce que todavía desconoce el coste total de los daños ocasionados porque ni siquiera ha podido entrar a revisar el estado interior de la vivienda. «Cuando pueda entrar habrá que valorar todo lo que falta y todo lo que han destrozado, pero va a ser un dineral», explica.
Además, considera que este tipo de situaciones están generando miedo entre los propietarios a la hora de alquilar viviendas. «La inseguridad jurídica está hundiendo el mercado del alquiler. Mucha gente prefiere no alquilar por miedo a verse en una situación así», dice.
Mientras espera la fecha definitiva para recuperar su vivienda, Manuel continúa pendiente del teléfono y de los avisos de los vecinos, que siguen alertándole de nuevos movimientos en la casa. Más de un año después de aquella llamada que recibió mientras trabajaba en Valencia, asegura que la sensación sigue siendo la misma, «impotencia absoluta» al ver cómo el inmueble continúa ocupado pese a existir ya una sentencia firme de desalojo.

