Cada año, millones de personas de todas las religiones y procedencias emprenden largas peregrinaciones hacia lugares considerados sagrados. Una de las más conocidas y transitadas es la que conduce a la tumba del Apóstol Santiago: el Camino de Santiago. Se trata de una experiencia profundamente personal, impulsada tanto por la fe como por el deseo de aventura, el contacto con la naturaleza, la convivencia, el encuentro cultural y la riqueza artística que acompaña a sus rutas. Cualquier motivo es válido para iniciar un viaje que además atraviesa pueblos, ciudades y paisajes de Castilla-La Mancha antes de continuar hacia Galicia.
Quien lo ha hecho asegura que es imposible describir el “verdadero camino”, ya que más allá de encaminar nuestros pasos hacia un lugar concreto, etapa tras etapa se realiza un recorrido interior e intransferible que cada peregrino construye a su manera. Un trayecto sin guión fijo, sin etapas idénticas y quizá sin un final único, donde hay quien asegura que el Camino no se hace para ir, sino para volver transformado. Y es que existen tantos caminos como personas lo recorren.
Para conocer el origen de esta peregrinación debemos remontarnos al año 821, cuando el hallazgo de las reliquias del apóstol dio lugar al denominado Campus Stellae, el actual Santiago de Compostela. De este entonces, el Camino de Santiago se ha consolidado como una de las tres peregrinaciones de la cristiandad, junto a Jerusalén y Roma, manteniendo vivo hasta hoy un legado espiritual, cultural y humano de alcance universal.

Ruta de la Lana
Perfectamente señalizada, equipada con infraestructuras adecuadas para el peregrino y ampliamente documentada, la Ruta de la Lana se adentra en el corazón de la Península siguiendo, en gran parte, los antiguos caminos utilizados por los esquiladores en sus rutas de transhumancia entre Castilla-La Mancha y Burgos. El recorrido puede dividirse en dos grandes tramos, siendo el primero de ellos el que transcurre desde Alicante hasta Monteagudo de las Salinas (Cuenca); mientras que el segundo abarcaría desde este punto hasta su destino final en Burgos.
Con un total de 23 etapas, esta ruta ofrece en territorio castellano-manchego, algunos de sus enclaves más atractivos, con al menos cuatro paradas imprescindibles para el peregrino. En la provincia de Albacete, una de las primeras etapas de la Ruta de la Lana conduce a Alpera, donde destacan sus valiosas pinturas rupestres, declaradas Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO, testimonio excepcional del Arte Prehistórico Levantino. Desde allí, el camino continúa hacia Alcalá del Júcar, considerado uno de los pueblos más bellos y pintorescos de España, pudiendo el peregrino ascender por el entramado de sus callejuelas hasta el castillo que corona esta localidad albaceteña.
El itinerario prosigue hacia la provincia de Cuenca, con parada obligatoria en su capital ciudad Patrimonio de la Humanidad, donde la historia, la naturaleza y la arquitectura contemporánea conviven en perfecta armonía. Finalmente, ya en tierras de Guadalajara, el peregrino avanzará entre paisajes que siguen los pasos del Cid y que recorren enclaves donde disfrutar de la riqueza del románico castellano, atravesando localidades como Viana de Jadraque, Hérmeces del Cerro, Santiuste y Riofrío del Llano, hasta alcanzar la imponente Atienza, villa declarada Conjunto Histórico-Artístico y auténtico referente patrimonial de la comarca.

Camino de Levante
Esta ruta, con una longitud aproximada de 750 kilómetros, parte desde Valencia y avanza hacia el noroeste hasta llegar a Zamora, donde enlaza con la conocida Ruta de la Plata que nace en Sevilla. Se trata de un trazado que recorre prácticamente de este a oeste la Península Ibérica, actuando además como un eje vertebrado que divide España en dos mitades. Un camino que conduce los pasos del peregrino hacia Santiago de Compostela y que se encuentra estructurado en 27 etapas, de las cuales 16 discurren por Castilla-La Mancha.
Su entrada en tierras albaceteñas se produce a través de los ondulados paisajes de Almansa, localidad coronada por uno de los castillos más imponentes de la región, destacando además por el entramado de las callejuelas que forman parte de su caso histórico. Desde allí, el recorrido avanza hacia la llanura, no sin antes atravesar Chinchilla de Montearagón, joya medieval casi intacta, para continuar el peregrino por Albacete capital y La Roda.
Ya en la provincia de Cuenca, el itinerario atraviesa la elegante San Clemente, tesoro renacentista declarado Conjunto Histórico-Artístico. Más adelante aparecen en el horizonte los paisajes cervantinos por excelencia: los icónicos molinos de viento de Mota del Cuervo y El Toboso, tierra de Dulcinea. Pero el Camino de Levante continúa por tierras castellano-manchegas hasta llegar a la provincia de Toledo, adentrándose en localidades como Quintanar de la Orden, La Villa de Don Fadrique, Villacañas o Tembleque, cuya plaza mayor está considerada como una de las más bellas de España y es muestra del barroco popular del siglo XVII.
Pero además, esta ruta discurre por la localidad de Mora hasta alcanzar en una nueva etapa la ciudad imperial de Toledo. Desde allí, el itinerario se adentra en las tierras de Torrijos, destacando los castillos de Barcience y Maqueda, antes de llegar a Ecalona, localidad de gran riqueza monumental y parada obligatoria. Unos kilómetros más adelante, Almorox marca el límite y la despedida de Castilla-La Mancha, dando paso a la continuidad de este recorrido por tierras de Madrid, Ávila, Valladolid y Zamora.

Camino del Sureste
Paralelo en gran parte al Camino de Levante, el Camino del Sureste se presenta como una alternativa de gran riqueza paisajística y patrimonial para el peregrino que parte del sureste peninsular. Con origen en Alicante, este itinerario atraviesa alrededor de 300 localidades a lo largo de sus 28 etapas hasta alcanzar Benavente (León), donde enlaza con el Camino Francés para llegar a nuestro destino final: la ciudad de Santiago de Compostela.
Su entrada en Castilla-La Mancha se produce a través de la provincia de Albacete, concretamente por Caudete, donde el viajero tendrá la oportunidad de viajar en el tiempo, pudiendo discurrir por antiguas vías históricas como la calzada prerromana del Camino de Aníbal. Pero además, este camino se adentra en extensos campos de cultivo que dibujan un paisaje agrícola de gran belleza. El recorrido continúa hacia Pétrola, donde resulta muy recomendable hacer una parada en la Laguna Salada de Pétrola, un enclave natural de alto valor ecológico y uno de los mejores espacios de observación de aves de la provincia albaceteña.
Desde este punto, el trazado avanza por un itinerario que comparte numerosos tramos con el Camino de Levante, atravesando lugares emblemáticos como Albacete capital, La Roda, El Toboso o Tembleque, antes de dirigirse hacia Almonacid y la histórica ciudad de Toledo. Más adelante, el camino se adentra en la Comunidad de Madrid por Cadalso de los Vidrios, continuando así su largo recorrido hacia el norte en una ruta que combina patrimonio, naturaleza y espiritualidad en cada etapa.

Camino Manchego
Entre Ciudad Real y Toledo se extiende este atractivo itinerario de unos 150 kilómetros, dividido en cinco etapas, que tiene como objetivo enlazar con el camino del Sureste. En concreto, el denominado Camino Manchego discurre en gran parte por tierras de Castilla-La Mancha, invitando a viajar no solo a través del paisaje, sino también de la historia, evocando episodios tan relevantes como la batalla de Alarcos o el avance de las huestes cristianas hacia Las Navas de Tolosa. Un camino en el que el peregrino también puede descubrir las huellas de figuras universales como San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús.
En buena medida, se trata de un especial viaje coincidente con la Ruta del Quijote. El Camino Manchego arranca en Malagón, localidad estrechamente vinculada a Santa Teresa de Jesús. Desde allí, el peregrino se dirige hacia Urda, donde se encuentra el conocido y venerado Cristo de La Mancha, custodiado en la ermita del Santísimo Cristo de Urda, un destacado centro de devoción que año recibe a miles de fieles, especialmente durante las fiestas celebradas entre el 27 de septiembre y el 1 de octubre.
Castilla-La Mancha se revela no solo como tierra de paso, sino como un destino en sí mismo dentro del Camino de Santiago: un lugar donde cada sendero guarda una historia, cada pueblo ofrece hospitalidad al peregrino y cada paisaje invita a detenerse. Ya sea a través de la Ruta de la Lana, el Camino de Levante, el Camino del Sureste o el Camino Manchego, el viajero descubrirá que, más allá del destino final, el verdadero tesoro está en cada paso, en cada encuentro y en la huella imborrable que deja el propio camino.
Contenido ofrecido por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha


