«Una pesadilla»: seis meses sin cobrar y 60.000 euros perdidos en una escuela Montessori de Albacete

Laura, Marta y Natalia son víctimas de una supuesta trama empresarial vinculada a escuelas privadas de esta metodología

«Han sido los peores años de nuestra vida». Así resumen Laura García, Marta Pérez y Natalia Alfaro la experiencia que aseguran haber vivido tras embarcarse en el que pensaban que iba a ser el proyecto educativo de sus sueños y que, según denuncian, terminó convirtiéndose en una auténtica pesadilla económica y psicológica.

Las tres educadoras han relatado a El Digital de Albacete cómo acabaron atrapadas, presuntamente, en una trama empresarial vinculada a escuelas privadas de metodología Montessori, una supuesta estafa que habría afectado a centros educativos de varias comunidades autónomas como Madrid, Cataluña, País Vasco o Castilla-La Mancha.

Las afectadas señalan directamente a Diego G., empresario vinculado a distintos proyectos educativos alternativos bajo marcas como Montessori Village o Seed Education, y también a una conocida empresaria de Albacete. Según explican, ambas personas estaban detrás de la gestión del centro de Albacete y de la estructura societaria del negocio. «Hemos sido víctimas de una estafa», aseguran.

«Jugaron con nuestra ilusión»

La historia comenzó en 2022, cuando las tres recibieron una propuesta para participar en la creación de una escuela Montessori en Albacete. La iniciativa se presentaba como un proyecto educativo innovador, respaldado supuestamente por profesionales especializados y por una red de centros que ya funcionaban en otras ciudades españolas. «Veías otros colegios y decías: ‘Qué maravilla’. Gente muy preparada, el método que a nosotras nos gustaba y que queríamos como forma de vida», recuerda una de ellas.

La metodología Montessori, creada por la médica y educadora italiana María Montessori a finales del siglo XIX, basa su filosofía en el desarrollo integral del niño, fomentando la autonomía, la libertad con límites y el aprendizaje a través de la experimentación y la observación. Este modelo pone el foco en el alumno y en su capacidad para desarrollarse de forma independiente dentro de un entorno preparado y guiado por educadores especializados. Precisamente esa filosofía fue, según explican, lo que terminó empujándolas a confiar plenamente en el proyecto. «Jugaron con nuestra ilusión», lamentan.

Invirtieron cerca de 20.000 euros 

Dos de ellas invirtieron 17.000 euros cada una para convertirse en socias de la empresa. Marta, que se incorporó algo más tarde, llegó a desembolsar 25.000 euros. Sin embargo, con el tiempo descubrió que nunca había figurado oficialmente como socia. «Ese 10 % de participaciones mío nunca llegó a estar a mi nombre», denuncia.

Según relatan, en la notaría descubrieron además que las participaciones societarias que habían adquirido no tenían el valor que ellas pensaban y que existían diferentes tipos de acciones con distintos derechos de voto. «Las nuestras eran de tipo C y las suyas de tipo A. Aunque nosotras tuviésemos más porcentaje, ellos siempre mandaban cuando había una votación», explican.

«Era nuestro sueño»

La escuela abrió finalmente en septiembre de 2023, siendo la primera de este tipo en Albacete, y durante los primeros meses el proyecto parecía funcionar. Las familias respondieron bien, los niños se adaptaron y las educadoras se volcaron completamente en el centro. «Era nuestro sueño», recuerdan. Sin embargo, las sospechas comenzaron pronto. Según las trabajadoras, las familias pagaban mensualmente cuotas cercanas a los 500 euros por alumno, pero el dinero «nunca aparecía».

Las afectadas aseguran que estuvieron hasta seis meses trabajando sin cobrar mientras seguían sosteniendo el funcionamiento diario de la escuela. «Nos llegaron a cortar la luz un día que estábamos a -7 grados», relatan. Además, tenían que poner dinero para la comida de los niños y para los suministros. Según explican, llegaron a comprar alimentos de su propio bolsillo para garantizar los menús de los menores. «Abrías el frigorífico y había una lechuga y una zanahoria», recuerdan.

Pese a la situación, continuaron trabajando por responsabilidad hacia las familias y los alumnos. «Si esto hubiera sido una fábrica de ruedas, lo habríamos dejado, pero eran niños», afirman. «Nosotras sí creemos en esta pedagogía», reiteran. 

Presión, miedo y silencio

Las educadoras describen además un clima constante de presión y miedo. Aseguran que se les pedía guardar silencio sobre la situación económica del centro y que recibían amenazas de posibles denuncias si hablaban con las familias. «Nos decían que si contábamos algo nos denunciarían por difamación», detallan.

Mientras tanto, comenzaron a descubrir nuevas irregularidades. Según denuncian, la empresaria vinculada al proyecto habría subarrendado el local a la propia sociedad educativa cobrando una cantidad muy superior a la que realmente pagaba al propietario. «Nos enteramos de que cobraba 2.600 euros por un local por el que realmente pagaba 1.400», explican.

Con el paso de los meses, la situación se volvió insostenible. Las trabajadoras comenzaron a sospechar incluso de problemas con la Seguridad Social y, asesoradas por abogados de Albacete, terminaron solicitando un concurso necesario de acreedores.

El momento más duro, aseguran, fue tener que comunicar toda la situación a las familias. «Fue el desahogo de nuestra vida», recuerdan emocionadas. «Pensábamos que nos iban a dar la espalda y fue todo lo contrario. Lloraban más que nosotras», añaden.

Secuelas psicológicas y pérdidas económicas 

Las secuelas psicológicas todavía continúan. «No sabes lo que hemos llorado», señalan. «Hemos ido a psicólogos, psiquiatras… Era venir aquí cada día sin saber si iban a cortar la luz, el agua o si los niños iban a poder comer», dicen. Las tres calculan que entre inversiones iniciales, salarios impagados, gastos asumidos personalmente y nuevas cantidades aportadas posteriormente, las pérdidas económicas superan ampliamente los 60.000 euros.

Pero incluso después del cierre de la escuela, aseguran que los problemas continuaron. Cuando intentaron seguir con el proyecto educativo por su cuenta y negociar directamente con el propietario del local, descubrieron una deuda de alquiler de más de 40.000 euros. «Asumimos nosotras ese crédito solo por seguir adelante», explican.

Un nuevo comienzo

Pese a todo, en septiembre de 2025 lograron reabrir el centro completamente desvinculadas de la anterior empresa y bajo una nueva cooperativa educativa: Montessori Minds. Actualmente continúan desarrollando su proyecto en el mismo local y aseguran que el colegio funciona «muy bien», con cerca de una treintena de familias. 

Mientras las denuncias siguen avanzando por la vía judicial, Laura, Marta y Natalia intentan reconstruir no solo un proyecto educativo, sino también sus propias vidas. Después de meses «trabajando con miedo», poniendo dinero de su bolsillo para alimentar a los niños y soportando una situación que describen como «insostenible», las tres educadoras aseguran que contar públicamente lo ocurrido es también una forma de proteger a otras personas. «Lo único que queremos es que nadie más vuelva a pasar por algo así», concluyen.

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María López

Nacida en Albacete (1996). Graduada en Periodismo por la Universidad de Castilla-La Mancha. He pasado por Cadena SER, Castilla-La Mancha Media y El Español.
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