OPINIÓN | De mierda hasta las cejas

Artículo de opinión de Javier Romero

Hubo un tiempo en el que José Luis Rodríguez Zapatero convirtió una ceja en símbolo político. Aquella famosa campaña del “talante”, del optimismo antropológico y de la sonrisa permanente terminó transformándose en un gesto casi caricaturesco de una etapa política que dejó profundas cicatrices en España. Hoy, años después, esa misma ceja adquiere un significado mucho más oscuro. Porque tras conocerse el demoledor auto judicial que apunta al entramado investigado por el juez de la Audiencia Nacional, la imagen que queda del expresidente socialista ya no es la de aquel líder ingenuo que prometía diálogo infinito, sino la de un político cercado por una sombra cada vez más espesa. Una sombra que huele a cloaca, a intereses cruzados y a poder manejado desde las tinieblas.

El auto judicial es devastador no sólo por lo que dice, sino por lo que sugiere. Porque cuando un juez empieza a dibujar conexiones, reuniones discretas, movimientos societarios, estructuras bancarias opacas y mensajes que evidencian proximidad con determinados intereses económicos y políticos, la cuestión deja de ser únicamente penal. Pasa a ser moral. Y ahí es donde Zapatero queda retratado de cuerpo entero.

Durante años, el expresidente ha intentado presentarse como una especie de estadista internacional, mediador global y figura imprescindible en determinados tableros geopolíticos. Venezuela, República Dominicana, operaciones empresariales, contactos de altísimo nivel, empresarios “amigos”, intermediarios… Siempre aparecía Zapatero orbitando alrededor de lugares donde el dinero y el poder parecían mezclarse en una sopa difícil de digerir para cualquier ciudadano normal que madruga cada mañana para pagar impuestos.

Y ahora, el problema ya no es únicamente lo que hizo o dejó de hacer. El problema es el hedor. El insoportable hedor político y ético que desprende todo lo que rodea al caso. Porque cuando un expresidente del Gobierno aparece mencionado en contextos judiciales tan delicados, España entera queda salpicada.

Lo verdaderamente insultante no es sólo la gravedad de las sospechas. Es la sensación de impunidad permanente. Esa arrogancia de quienes llevan décadas moviéndose entre despachos, consejos de administración, gobiernos extranjeros y élites económicas creyéndose intocables. Como si la política fuese simplemente una puerta giratoria hacia negocios mucho más lucrativos. Como si haber ocupado La Moncloa concediera una especie de bula moral eterna.

Mientras tanto, millones de españoles contemplan atónitos cómo quienes daban lecciones de ética pública terminan apareciendo entre sociedades instrumentales, estructuras financieras opacas y relaciones cada vez más difíciles de justificar políticamente. Los mismos que hablaban de “democracia ejemplar”, de “progreso” y de “regeneración” aparecen ahora envueltos en un escenario que recuerda demasiado a aquello que tanto criticaban.

Zapatero simbolizó una época de propaganda emocional, de política vacía revestida de superioridad moral. Y quizá por eso el golpe resulta todavía más demoledor. Porque no cae únicamente un expresidente. Se derrumba todo un relato construido durante años. El relato de quienes pretendían dividir España entre buenos y malos mientras se movían cómodamente por los pasillos más oscuros del poder internacional.

“De mierda hasta las cejas”. Sí. El titular puede parecer duro. Pero hay momentos en los que la crudeza es la única forma honesta de describir la magnitud del deterioro político y moral que percibe gran parte de la sociedad española. Y este es uno de ellos.

Porque ya no hablamos de adversarios políticos lanzándose reproches. Hablamos de autos judiciales, de investigaciones serias y de indicios que dibujan un panorama profundamente inquietante. Y cuando eso ocurre alrededor de un expresidente del Gobierno, el daño institucional es inmenso.

España merece algo mejor que este desfile interminable de dirigentes convertidos en personajes de una novela de corrupción, influencias y negocios opacos. Merece políticos que, cuando abandonen el poder, no dejen tras de sí un reguero de sospechas, reuniones discretas y nombres apareciendo una y otra vez en sumarios judiciales.

La famosa ceja de Zapatero ya no provoca sonrisas ni campañas virales. Hoy se ha convertido en el símbolo de otra cosa: de una decadencia política que empieza a resultar insoportable para millones de ciudadanos.

Javier Romero

Director de El Digital de Albacete

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Javier Romero

Director y fundador de El Digital de Albacete. Nacido en Albacete. Más de 15 años de experiencia en medios de comunicación en radio, televisión y prensa digital, como Intereconomía radio, Cadena SER, Punto Radio, ABTeVe y VOZ Castilla-La Mancha.
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