Las botas de vino de Albacete que conquistaron medio mundo: “Buenas, bonitas y baratas”

Botas Íñiguez: la empresa albaceteña que convirtió la artesanía en un símbolo internacional

Hubo un tiempo en el que las botas de vino fabricadas en Albacete viajaban por medio mundo llevando consigo el nombre de una familia muy ligada a la artesanía. Detrás de Botas Íñiguez estaban Pascual y Francisco Íñiguez, dos hermanos que crecieron entre pieles, herramientas y un oficio que heredaron de su padre, también artesano. Unidos dentro y fuera del taller, lograron convertir aquellas botas de vino en todo un símbolo con un slogan que todavía muchos recuerdan: las tres ‘B’, ‘Bueno, Bonito y Barato’.

Este lema resumía la filosofía de trabajo de esta pareja de hermanos de Albacete, que reunía calidad, cercanía y precios asequibles. Además, contaban con dos fábricas en la capital albaceteña y sus productos viajaron hasta Estados Unidos y Japón, cruzando fronteras sin perder sus raíces. Hoy, décadas después del comienzo de aquella empresa que echó a andar sobre los años 60, su legado sigue vivo en muchas familias de Albacete que todavía recuerdan con cariño a Pascual y Francisco, dos hermanos que dejaron huella.

Fábrica Íñiguez / Foto: Cedida familia Íñiguez

Alba Íñiguez, nieta de Pascual Íñiguez, recuerda que una de las cosas más llamativas de las botas de vino, más allá del gran arraigo a una tierra como Albacete, era su slogan: ‘BBB’, que se traduce como ‘Bueno, Bonito y Barato’. “Lo pusieron para llamar la atención. Era un trabajo artesanal, muy trabajado, pero tampoco las vendían a precios altos”, explica, y sostiene que “le daban mucha importancia a la calidad pero asequible para todo el mundo”. Una filosofía empresarial que casaba muy bien con las tres ‘B’.

Foto: Cedida familia Íñiguez

Un legado artesanal en Albacete

Así, explica Alba que “tenían dos fábricas en Albacete, una de ellas muy cerca del Depósito del Sol y otra a la altura del Pincho de la Feria”, y añade que “eran bastante grandes y les iba muy bien en el negocio”. En esta línea, indica que “le dieron trabajo a mucha gente en Albacete”.

Y es que, con manos artesanas, Pascual y Francisco, “sabían tratar muy bien la piel porque les enseñó su padre, que también era artesano y decidieron lanzarse con la fabricación de las botas de vino”, explica. En la misma línea, asegura que “tenían muchísimos clientes y decidieron exportar al extranjero. Llegaron a vender mucho en América, mis tíos me cuentan que incluso en algunas películas salieron botas de la empresa”. Y no solo cruzaron el Atlántico, sino que también llegaron “a Japón”, asegura.

“Buenas, bonitas y baratas” conquistaron el mundo

Con el tiempo, la empresa terminó cerrando sus puertas. “Mi abuelo y su hermano estaban muy unidos. Primero falleció Francisco y después mi abuelo también muy joven, y fueron sus hijos quienes se quedaron con la empresa”, manifiesta, y sostiene que “intentaron sacarla a flote pero fue muy complicado”.

Foto: Cedida familia Íñiguez

De Pascual y Francisco hoy queda su legado. “Recuerdo ir de pequeña con mi madre por la calle y mucha gente nos paraba. Siempre me han hablado muy bien de mi abuelo, destacaban que dio mucho trabajo y la gente en Albacete lo recuerda con mucho cariño”, manifiesta.

Aunque las fábricas cerraron hace años y el tiempo ha cambiado la forma de trabajar la artesanía, el recuerdo de Botas Íñiguez continúa muy presente en Albacete. En la memoria de quienes conocieron a Pascual y Francisco todavía permanece la imagen de dos hermanos trabajadores, cercanos y unidos, que lograron convertir un oficio tradicional en una empresa. Porque más allá de las botas de vino, su verdadero legado fue el cariño que dejaron entre generaciones de albaceteños que todavía hoy siguen pronunciando su apellido con cariño.

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Noelia López

Natural de Albacete, Graduada en Periodismo por la Universidad Miguel Hernández. Experiencia en medios de comunicación como VIsión6, Es Radio y Telemadrid
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