En el corazón de la provincia de Albacete, entre los términos municipales de Albatana y Tobarra, se esconde una de las obras hidráulicas más sorprendentes y desconocidas de Castilla-La Mancha. Discreto, silencioso y perfectamente integrado en el paisaje agrícola del paraje de Los Molinos, el acueducto de Albatana recuerda inevitablemente al célebre Acueducto de Segovia.
Con casi medio kilómetro de longitud y una elegante sucesión de arcos de piedra, esta construcción histórica constituye la obra hidráulica de mayor relevancia de este tipo en la provincia. Durante siglos, el agua que recorría sus canales fue esencial para la economía local, alimentando molinos harineros y antiguos batanes dedicados al lavado de lana.
Aunque tradicionalmente se creyó que el acueducto tenía origen romano, fechado entre los siglos III y IV d.C., investigaciones más recientes sitúan su construcción principal entre los siglos XVIII y XIX. De hecho, parte de la infraestructura actual fue levantada en 1844 para solucionar los problemas de filtraciones y desnivel que presentaba una estructura anterior de mampostería, cuyos restos todavía pueden observarse junto al trazado principal.

Toma agua de una fuente natural
El acueducto toma el agua de una fuente natural situada entre Albatana y Tobarra y la conduce hasta el conocido como Molino de Arriba. Allí, el caudal servía primero para accionar un batán y posteriormente para mover maquinaria harinera. Según la tradición popular, incluso el nombre de Albatana podría derivar del término árabe «al-batan-a», relacionado precisamente con esta actividad textil.
La construcción sorprende por la precisión de su diseño. El canal mantiene una pendiente constante del 0,5 %, una inclinación mínima pero suficiente para transportar el agua durante más de 1.600 metros hasta el molino. En un territorio prácticamente llano, donde cada centímetro de desnivel era fundamental, la obra representa un auténtico ejemplo de ingeniería hidráulica tradicional.
El conjunto está formado por dos grandes sectores claramente diferenciados. Por un lado, un tramo más antiguo y macizo, construido con mampostería y argamasa. Por otro, el sector más monumental. Una alineación de 61 arcos escarzanos apoyados sobre pilares cuadrangulares de piedra arenisca, separados aproximadamente tres metros entre sí. La estructura alcanza en algunos puntos unos dos metros y medio de altura y mantiene una anchura exterior de 1,13 metros.
Bien de Interés Cultural
Lejos de la monumentalidad urbana del acueducto segoviano, el de Albatana destaca precisamente por su integración en el paisaje. Su perfil bajo y armónico se funde con los campos de cultivo y el entorno natural de Los Molinos, creando una imagen tan singular como desconocida para muchos visitantes de la provincia.
Además de su valor arquitectónico e histórico, el acueducto constituye un testimonio de la cultura del agua que marcó durante siglos la vida económica y social de esta zona del sureste albaceteño. Los molinos harineros vinculados a esta infraestructura permanecieron activos hasta la década de 1970, dejando una profunda huella en la memoria local.
Declarado Bien de Interés Cultural, el acueducto de Albatana es una de esas joyas patrimoniales que todavía permanecen fuera de las rutas turísticas habituales. Un rincón donde historia, ingeniería y naturaleza se unen para demostrar que algunos de los tesoros más fascinantes de Albacete siguen escondidos en silencio entre campos y caminos rurales.

