Querido paisano:
Te escribo desde lo que fuera tu hogar allá por la Edad del Bronce, para decirte que aquí seguimos, semana tras semana, reclamando una mayor atención por parte del Consistorio en recuperar como Dios manda un trocito de nuestra pequeña gran historia local. Y más ahora que se dispone de 10.000 € más de presupuesto, como consecuencia de la participación municipal en la convocatoria que para la protección del patrimonio histórico-artístico provincial, publicó la Diputación Provincial.
Recordarás que alguna vez te he hablado de un buen amigo que se dedica a la venta ambulante, uno de esos que plantan su tenderete todos los martes en la Feria, para ofrecer a la clientela los productos de la huerta que él mismo y su familia cultivan casi a tiro de piedra, vamos que mayor producto de proximidad es casi imposible. Un trabajadorautónomo más que sufre la falta de concreción y claridad municipal en lo que al calendario de ventas se refiere, y que nuestro apreciado alcalde y el concejal a cargo de las labores de Proximidad e Intervención Rápida, que desde luego por nombre no va a quedar, no terminan de atreverse a consensuar y negociar con el sector. Y es que hay tiempos en los que la palabra participación pierde todo su valor por falta de uso.
Mi amigo, al igual que la inmensa mayoría de quienes han hecho de la venta ambulante su medio de vida, deseandico están de tener vela en ese entierro y poder participar de forma activa, y así se lo han hecho saber a los responsables municipales, en la confección del calendario de ventas del ejercicio, que es la mejor forma de conocer a primeros del año, coincidiendo con el pago de la tasa municipal correspondiente, qué número de martes serán los que podrán trabajar, inclemencias meteorológicas aparte, y así poder negociar otras ubicaciones alternativas en aquellos días en los que, por unas cosas o por otras, no podrán poner a la venta sus productos.
Coincidirás conmigo en que, al igual que se negocia con los representantes de los trabajadores el calendario laboral, no sería descabellado someter a la consideración de los afectados un cuadrante similar para los asiduos a la venta ambulante en los mercadillos de carácter fijo y periódico como es el de los Invasores, evitando de paso estar al albur de lo que se le ocurra, quiero pensar que con la mejor de las intenciones, al concejal o concejala de turno. Una ausencia de negociación que evidencia una preocupante falta de empatía con el colectivo. Porque ya me dirás cuál puede ser el problema insoluble que impide dar voz y voto a los afectados en el momento de calendarizar el periodo de ventas, que para más inri tampoco afecta a todos los vendedores por igual, siendo habitualmente los que se dedican a la alimentación los más perjudicados, ante la ausencia de una ubicación alternativa que les permita trabajar durante los días en los que el interior del Ferial esta ocupado, tal y como ha sucedido en las últimas semanas. Un problema que, lamentablemente, no dejará de crecer, desde que con buen criterio, de un tiempo a esta parte, se le está dando una mayor ocupación al recinto ferial fuera de lo que es la Feria.
La cosa se podría quedar ahí, en una falta de implicación y diligencia por parte del responsable de este asunto, que a pesar del llamativo nombre que lleva su concejalía, me da en la nariz que eso de los Abastos no es sino una María dentro de la retahíla de tareas que tiene encomendadas, pero como no hay dos sin tres, lo peor del asunto han sido las formas empleadas por el heraldo del inquilino del despacho rectangular de la Casa Consistorial, para empujar a los afectados a pregonar a los cuatro vientos, aunque fuera con la boca chica y a regañadientes, que las relaciones con los munícipes pasan por un momento dulce, casi idílico y a punto de ser histórico, faltaría más.
Y lo llamativo es que no es la primera vez que se emplean veladas amenazas y oscuras advertencias disfrazadas de consejos y recomendaciones, ante quienes no comulgan con los dictados que emanan del equipo de gobierno y osan poner en tela de juicio sus opiniones. ¡Hasta ahí podríamos llegar!, deben pensar más de uno y más de una de los actuales responsables municipales, a tenor de las llamadas al orden que no dudan en repetir cada vez que alguien se atreve a llevarles la contraria, olvidando que se consigue más con miel que con hiel.
Pero claro, a quién le puede extrañar esta actitud, si el equipo de gobierno con su aguerrido alcalde a la cabeza no es capaz de cumplir ni su propia palabra, y no me refiero solo a los flagrantes olvidos electorales, que ya de por sí sería criticable, sino que también incumplen su propio voto, sí, no me mires con esa cara, porque de poco sirve apoyar las mociones presentadas por otros grupos, si a continuación se desentienden de las mismas enviándolas al limbo municipal donde todo se diluye y nada se cumple. Con actitudes de este tipo resulta más fácil entender el porqué de la ausencia de participación activa y representativa por parte de la ciudadanía en los asuntos municipales. ¿Cómo van a ser capaces de consensuar pareceres, de discutir en pie de igualdad la aplicación de tal o cual medida, de aceptar que quizás no se lleve toda la razón, si remolonean a la hora de cumplir sus propias palabras, promesas y votos?
Hay que estar hecho de una pasta especial y tener amplitud de miras, como la tuvo en su día el alcalde Pérez Castell, para estar dispuesto a ceder parte de tu poder, o al menos compartirlo con la ciudadanía y mucho me temo que en este caso no se está por la labor, y a las pruebas me remito.
No me resisto a concluir sin hacer una breve referencia al discurso de despedida de la presidenta de la Asociación de Vecinos de Fátima, cuando en pleno pregón de fiestas y con el auditorio a rebosar, reclamó que alguna de las competiciones de fútbol de los más peques lleve el nombre de un insigne vecino del barrio, Ginés Meléndez. A quien se empeña en llamar complejo deportivo del Paseo de la Cuba, con tal de no nombrar a quien ostenta la titularidad de los mismos, que no es otro que el propio Ginés, se le debió de quedar la cara a cuadros y él ánimo por los suelos, al escuchar esas palabras y el aplauso atronador que siguió a continuación. Es lo que tiene aquello de sostenella y no enmendalla.
Si no te gusta lo que ves, ya sabes lo que toca cuando toque.
PD. Quien se empeña en imponer su criterio se retrata a si mismo, y no sale muy favorecido/a
Antonio Martínez

