¿Qué ocurre en el cerebro cuando una persona recuerda haber estado al borde de la muerte? Un innovador estudio científico liderado por el radiólogo Alonso Ruiz y con la colaboración del jefe del servicio de Neurología del Hospital General Universitario de Albacete, Tomás Segura, ha puesto el foco en la actividad cerebral asociada a los recuerdos de experiencias cercanas a la muerte, abriendo nuevas vías para comprender cómo el cerebro procesa vivencias límite de alta intensidad emocional.
La ciencia pone el foco en las experiencias cercanas a la muerte
En concreto, este trabajo, titulado ‘Regiones neuronales asociadas a los recuerdos de Experiencias Recordadas de la Muerte: un estudio preliminar de resonancia magnética funcional’, es un estudio observacional que analiza los patrones de activación cerebral cuando las personas reviven recuerdos de experiencias recordadas de la muerte, también conocidas como experiencias cercanas a la muerte auténticas. Para ello, se empleó resonancia magnética estructural y funcional en condiciones de perfusión cerebral normal, en participantes que habían sufrido episodios clínicamente documentados potencialmente mortales acompañados de pérdida de conciencia.
Un estudio científico liderado por el doctor Alonso Ruiz, quien desarrolla su labor médica y docente en Murcia, y quien quiso contar para este proyecto con la colaboración del neurólogo Tomás Segura. En este punto, compartía el neurólogo con El Digital de Albacete que “el doctor Alonso Ruiz en alguna ocasión me había comentado que tenía un grupo de pacientes con experiencias cercanas a la muerte que había ido recolectando a lo largo de años y les había hecho resonancias funcionales”. En este punto explicaba sobre la resonancia funcional que “es una técnica de resonancia que permite medir el consumo de oxígeno”, puntualizando que “se ha utilizado mucho en neurología porque es una manera inocua de saber qué partes del cerebro se están mostrando metabólicamente más activas”.

Resonancias funcionales para analizar la actividad cerebral
Sobre este tipo de pruebas médicas, detallaba Tomás Segura que “podemos pedir a una persona que realice una determinada acción para ver qué área del cerebro se enciende más, y a través de unos cálculos matemáticos colegimos que esa zona del cerebro se pone en marcha en determinadas circunstancias”. Sostenía el prestigioso neurólogo que “esta es una manera sencilla de verlo”, poniendo de relieve que los múltiples estudios sores el funcionamiento del cerebro que se han realizado, como los liderados en el siglo XX por el neurólogo y neurocirujano, Wilder Penfield, quien durante sus intervenciones, con permiso de sus pacientes, electroestimulaba diferentes zonas de su cerebro para determinar de qué áreas cerebrales dependían determinadas acciones.
Con una prueba mucho menos agresiva como es la resonancia funcional, es en lo que ha trabajado de forma paciente durante años el doctor Alonso Ruiz. El especialista ha contado con la supervisión y ayuda del jefe del servicio de Neurología del Hospital de Albacete, Tomás Segura, con el objetivo de “interpretar los hechos” que ahora han recogido en un importante estudio científico.
Un estudio en el que participaron 15 personas con edades comprendidas entre los 18 y los 75 años, teniendo todos en común haber experimentado, por motivos muy diversos, una experiencia cercana a la muerte. Sobre este aspecto, desarrollaba el doctor Tomás Segura que “el más habitual es la parada cardiaca”, pero también hay pacientes que han sufrido “lesiones graves por traumatismos o por meningitis que han perdido la consciencia y que cuando se recuperan cuentan al médico que han tenido este tipo de experiencias”.

Un fenómeno que continúa rodeado de incógnitas científicas
Alrededor de este tipo de cuestiones existe “toda una literatura médica y no médica”, manifestaba el neurólogo de Albacete. En este sentido, concretaba que “podríamos diferenciarla en dos grandes enfoques, siendo el primero de ellos “la gente que piensa que las experiencias cercanas a la muerte son una prueba de la existencia del alma humana y de que hay un más allá del que algunas personas vuelven y son capaces de contarlo”. Pero además, hacía referencia el doctor Segura a “la visión más neurobiológica que sostiene que son un reflejo de situaciones extremas a las que se somete el cerebro cuando deja de llegarle sangre u oxígeno”, situaciones extremas que “encienden determinadas zonas del cerebro que evocan en el paciente estas percepciones que luego, si revive, es capaz de contarlas”.
A favor de esta última teoría puramente biológica estaría “el hecho de que no coinciden exactamente las experiencias que cuentan personas de diferentes confesiones religiosas”, desvelaba el doctor Tomás Segura, apuntando que “está claro que hay algo que influye en estas percepciones que tiene que ver con la capa cultural y psicológica de cada persona”. Pero también ponía de relieve que “la biología no llega a poder explicar del todo determinados fenómenos que se producen en las personas que tienen estas experiencias cercanas a la muerte”, poniendo como ejemplo que “no explica del todo las experiencias extracorpóreas con aparente percepción de situaciones que quedan aparentemente fuera del campo visual o de los sentidos” como verse a sí mismo tumbado en una camilla y ser capaz de describir hechos u objetos que no serían accesibles desde la posición de tumbado en la que realmente el paciente se encuentra, pero sí desde una posición elevada, como la que cuenta que ha tenido.
Reconocía el jefe del Servicio de Neurología del Hospital General Universitario de Albacete que “hay datos a favor y datos en contra”, motivo por el que trataba de abordar este fenómeno desde una perspectiva estrictamente neurobiológica y neurológica. En este sentido, explicaba que “el cerebro, sometido a una situación extrema de falta de sangre o de oxígeno, puede provocar una descarga masiva de determinados neurotransmisores”, afectando especialmente a áreas concretas del cerebro. Sobre ello, puntualizaba que las zonas que registran una mayor actividad en este tipo de experiencias “son aquellas relacionadas con la percepción de nuestro propio cuerpo”. Así, detallaba que “existe una parte del cerebro encargada de interpretar lo que vemos y oímos, de permitirnos movernos o sentir determinadas partes del cuerpo, así como de situarnos y percibir el espacio que nos rodea”. De este modo, explicaba el doctor Tomás Segura que “cuando estas áreas cerebrales se estimulan de manera anómala podrían producirse experiencias como la sensación de salir del propio cuerpo o percibir fenómenos extraños en el entorno”, relacionándolo con relatos frecuentes sobre túneles, luces intensas o sensaciones difíciles de explicar.
En este estudio concreto en el que ha participado el doctor Segura se ha centrado en “hacer una resonancia funcional a personas que han vivido una experiencia cercana a la muerte y que cumplían determinados parámetros y criterios, y pedirles que recordasen esa experiencia que tuvieron hace años”. Especificaba el neurólogo de Albacete que “sabemos que cuando a una persona le pedimos que recuerde una historia que ha contado pero que es mentira y esa persona sabe que es falsa, se le encienden unas determinadas zonas del cerebro”, algo que aseguraba también ocurre “en el caso de que se trate de un recuerdo fruto de una alucinación”.

Sin embargo, sostenía el jefe de Neurología del Hospital de Albacete que “cuando cuentas un hecho autobiográfico que para ti es real y que fue importante, se encienden otras zonas del cerebro”. En este punto, detallaba que en este estudio han comprobado que las personas objeto de estudio que aseguraban haber vivido una experiencia cercana a la muerte “no son farsantes”, ya que “lo que cuentan para ellos es completamente verdad y cuando lo hacen se encienden áreas del cerebro que tienen mucho que ver con la memoria autobiográfica, con aquellas cosas que nos permiten construir nuestro propio ser y nuestra propia autopercepción”.
Por tanto, manifestaba que “es algo que, efectivamente, les pasa a estas personas, quedando integrado en su cerebro y es algo que consideran que es verdad”. Sobre ello, sostenía Tomás Segura que “quizás esto explique por qué muchas de las personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte cambian y se vuelven más tranquilas o dedican su vida a la filantropía”, ya que “realmente esto es algo que ellos han experimentado como real y cuando les hemos hecho una resonancia funcional hemos visto que se han encendido además zonas del cerebro que nos permiten formar nuestra propia autoconciencia”. Un hecho especialmente relevante en la vida de estas personas que “transforma su manera de ser”, confirmaba Tomás Segura.
Un estudio que, además, ha contribuido a “desterrar la idea de que las personas que han vivido este tipo de experiencias únicamente buscan llamar la atención o actúan como farsantes”. Una investigación que abre nuevas vías para analizar mediante resonancia magnética funcional la actividad cerebral de pacientes en situaciones próximas a una parada cardiaca y que sitúa este fenómeno como un campo de estudio todavía abierto, complejo y con numerosas incógnitas por resolver.

