Lo dejaron todo y hoy viven así: la historia de dos albaceteños que da la vuelta al mundo

Los ‘Manchegos Trotamundos’ están viviendo su gran aventura

Nacidos en Tobarra, Luisa García y José Carlos Martínez, química e ingeniero agrónomo respectivamente, se han convertido en los ‘Manchegos Trotamundos’ y están dando la vuelta al mundo. Todo empezó hace diez años, cuando decidieron dejar todo lo que tenían entre manos para iniciarse en la aventura de los viajes. Desde entonces, recorren todo el globo terráqueo al volante de una camioneta llena de sueños. Mientras tanto, han escrito tres libros sobre todas sus vivencias, que pasan por esquivar revueltas en Senegal, asistir como invitados a una boda en Guinea, o a un entierro en Ghana, comer serpiente en Camerún, ver gorilas en el Congo, lidiar con la malaria, o conocer el vudú en Togo.

Un cambio de vida

La aventura de Luisa y José comenzó en 2016, cuando se encontraban trabajando en Bélgica. “Siempre nos ha gustado conocer otros países, y por eso hace tiempo nos fuimos a aprender inglés a Canadá, o a trabajar a Holanda o Bélgica. Hace 10 años estábamos viviendo en Bélgica y decidimos dejar nuestros trabajos por un sueño que queríamos cumplir, el de hacer un cambio de vida para poder vivir viajando. Este sueño se había forjado 14 años antes, en Santiago de Compostela, cuando fuimos a visitar a una amiga que teníamos allí, y como no, empezamos a hablar de viajes. En un momento dado, su padre nos contó el viaje que siempre había querido hacer: recorrer el continente americano, desde Alaska, hasta Tierra de Fuego. Cuando escuchamos aquello nos marcó, porque hasta ese momento habíamos viajado por países, pero no habíamos pensado nunca en recorrer un continente. Este señor nos metió en la cabeza ese sueño que él nunca había podido cumplir, y pensamos que podríamos cumplirlo nosotros por él, y así lo hicimos. De hecho, nuestro primer libro va dedicado a Jaime Barreiro, el padre de nuestra amiga gallega, porque fue una inspiración clave para comenzar nuestra aventura”, explican. 

De Alaska a Tierra de Fuego

Tenían claro que querían emprender el viaje sobre ruedas, pero salía muy caro comprar una camioneta en España y llevarla a América, así que “pensamos comprarla allí con los ahorros que teníamos. Investigamos en páginas de segunda mano americanas, pero los vendedores no nos tomaban en serio cuando les contábamos que éramos españoles, donde estábamos, y lo que queríamos hacer.  Entonces lo que hicimos fue comprarnos unos billetes de avión a California, y escribirles diciéndoles que vivíamos allí. Planificamos las visitas para ver las camionetas que más nos interesaban, pero la primera camioneta que vimos nos conquistó. Fue amor a primera vista, un flechazo total. Y es que, cuando vimos un pickup ‘GMC’ 4×4 con un camper que llevaba de todo: baño, una cama enorme, cocina con horno y hasta un saloncito, y solo por 10.000 €, ni nos lo pensamos. Con ella comenzamos a viajar, subimos hasta Alaska y luego bajamos hasta Tierra de Fuego. En este recorrido visitamos 14 países en 19 meses y fue brutal, una experiencia que nos marcó para siempre. El hecho de levantarnos por las mañanas rodeados de una naturaleza increíble en lugares maravillosos, y conocer a gente encantadora fue increíble. Un viaje lleno de aventuras en el que tuvimos encuentros con osos en Canadá, acabamos siendo padrinos por accidente en Perú, y hasta tuvimos encuentros chamánicos en Bolivia”, relatan. 

Una manera diferente de viajar

En este viaje descubrieron una manera diferente de viajar.  “Una forma mucho más lenta y pausada, disfrutando más de esos lugares que nos gustaban y pasando en ellos el tiempo que queríamos. Ya no buscábamos tanto la atracción, sino disfrutar más el camino, y sobre todo, de toda esa gente que íbamos conociendo en los países por donde pasábamos. Gente que nos mostraba su vida cotidiana, sus tradiciones, y su cultura. Descubrimos una forma diferente de vivir, una vida en la que podíamos hacer cada día lo que quisiéramos. En este viaje también nos quitamos todos esos miedos de dejarlo todo y saltar al vacío, dimos con el modo de vida que queríamos. Con todas estas experiencias decidimos hacer un diario de viaje, un diario de a bordo donde íbamos contando todas nuestras aventuras, aquello que nos iba pasando, toda la gente que conocíamos, y la historia de todos esos lugares que visitamos, todas nuestras reflexiones y aprendizajes, y de ahí surgió ‘De Alaska a Tierra de Fuego’, nuestro primer libro”, revelan. 

De la Mancha al Cáucaso en Camper

Se acabó el dinero, así que vendieron la camioneta en Chile a unos alemanes, y volvieron a España, pero con un objetivo claro en la cabeza: el de seguir viajando. “Algo había cambiado en nosotros, porque la semilla de querer vivir viajando había germinado y no había marcha atrás. Queríamos ser libres, hacer cada día lo que queríamos, así que al llegar a España buscamos un trabajo para ahorrar un poco más, y así poder comprar otra camioneta e irnos a conocer mundo. Encontramos los dos un puesto de lo nuestro, y estuvimos trabajando en Murcia durante tres años. Pasado este tiempo, decidimos que queríamos recorrer Europa vendiendo tapas españolas para financiar el viaje. También tuvimos la idea de llevarnos nuestros trajes manchegos, porque en otros países habíamos acabado vistiendo con trajes tradicionales de otras etnias, y en esta ocasión queríamos llevarnos el de nuestra etnia: la etnia manchega. Encontramos una camioneta muy similar a la americana, con una célula camper detrás del pickup, y la tuneamos para vender tapas. A este segundo vehículo comprado en España lo bautizamos como ‘La Española’. Nos llevamos todos los aperos de cocina, y la materia prima con la idea de hacer tapas de tortilla de patatas y pisto, aceite de oliva, queso manchego, y embutidos ibéricos, entre otras delicias manchegas. La cosa no salió como esperábamos, porque se nos echó el invierno en Europa y no había gente en la calle, además el covid no se había llegado a extinguir, así que acabamos comiéndonos las tapas nosotros, e invitamos a gente de otros lugares a probarlas. Lo de llevarnos los trajes manchegos sí fue un acierto, porque la gente se acercaba a preguntarnos cuando nos veía”, indican. 

A pesar del fracaso con la venta de tapas españolas, en este segundo viaje pudieron vender su primer libro y algo de merchandising, en la parte de recorrido por España de camino hacia Oriente. Una vez allí, a José le llamaron para un trabajo en Arabia Saudí. “Nos fuimos a Armenia, dejamos la camioneta allí, y volamos hasta Arabia. Fueron dos meses y medio de trabajo, algo que nos dio la oportunidad de conseguir algo de dinero para seguir la ruta. Cuando nos decidimos a seguir nos encontramos muchos problemas, como la guerra entre Rusia y Ucrania, que nos impidió entrar por esa frontera de camino a Oriente para conseguir nuestro objetivo que era llegar a Mongolia. Luego en Irán había revueltas por lo de Masha Amini, la joven kurda iraní que fue asesinada. En esos momentos nos vimos en una encrucijada, y encima se nos rajó el chasis de la camioneta, porque llevábamos demasiado peso. Esto nos abrió los ojos, y nos dimos cuenta de que todo eran señales de que no siguiéramos por ese camino. Así que hicimos caso a esas señales, y dimos media vuelta para volver a España y solucionar lo de la camioneta. A pesar de esto, pudimos ver 14 países de Europa y Asia”, celebran. 

África es para vivirla

Al llegar a España buscaron un taller en Madrid, y se fueron a trabajar en verano a un camping en Islandia para pagar el arreglo de la camioneta. ”Lo que hicimos fue quitar el camper que llevábamos, que era de 800 kg, y le hicimos una camperación básica. Pusimos una tienda de campaña de techo, un depósito de agua, unas placas solares, instalación eléctrica, un frigorífico, unas sillas y mesa plegables, una cocinilla de gas, y con eso teníamos todas las necesidades cubiertas. De todas estas vivencias sacamos nuestro segundo libro. ‘De la Mancha al Cáucaso en Camper’. Cuando volvimos de Islandia ya teníamos la camioneta preparada, y decidimos seguir la vuelta al mundo, pero esta vez por áfrica. Ya habíamos encontrado la forma para financiarnos los viajes con trabajos esporádicos en países, además de la publicación de nuestros libros. Comenzamos el viaje por África occidental, desde Marruecos a Mauritania, y a día de hoy hemos recorrido 17 países. África es un continente que pone el listón muy alto. Por mucho que hayamos viajado por América, Europa o Asia, África es otro mundo. Hemos tenido las situaciones más difíciles, más duras, pero a la vez las recompensas más grandes. Ha sido todo muy intenso, para lo bueno y para lo malo. Cruzar fronteras en África es complicadísimo, y sobre todo el tema de arreglar papeles y visados. La policía es corrupta, y cada dos por tres te paran para sacarte dinero o intentar meterte en algún lío para llevarse algo a cambio. Por ejemplo, nos dijeron que nuestro cuchillo de Albacete era un arma, y decían que José tenía que ir al calabozo”, lamentan.

Poco a poco fueron aprendiendo e ideando estrategias para ir atravesando el continente de la mejor manera posible. “Al final le fuimos pillando el tranquillo, y fuimos saliendo de todos los apuros. Pero había más cosas, y es que la climatología allí es demasiado adversa, y pasas de un calor muy seco a lluvias tropicales. Las carreteras están fatal, y eso lo sufrimos nosotros, y también el vehículo. Además de lo duro del recorrido, te vas dando cuenta de que allí la gente no vive, más bien sobrevive. Hemos escuchado testimonios de gente que se ha montado en una patera y ha sobrevivido de milagro. Testimonios de mujeres que nos han hablado de la vida tan durísima que llevan. También situaciones muy duras, como un día en el que a José le ofrecieron casarse con una niña de 1 año, con el fin de solucionarle la vida a la familia. No podíamos creer que una madre pudiera dar a su hija a un hombre de 50 años al que ni conoce. Es algo difícil de digerir, pero que al final te van curtiendo un poco, lo vas asimilando, y lo vas integrando en el viaje. Vas aprendiendo que, además de cosas maravillosas, te llevas esa dureza de lo que te vas encontrando”, señalan.  

África también les ha regalado gente magnífica, y vivir una cultura y unas tradiciones diferentes. “Hemos estado en bodas africanas, en un entierro de un rey, en una fiesta de iniciación de la juventud, o en celebraciones vudú.  Este viaje nos ha hecho reflexionar sobre la suerte que tenemos de tener todo lo que tenemos. Aparte de la libertad de poder elegir lo que hacemos con nuestras vidas, y también las comodidades. De dónde venimos abres el grifo y sale agua, le das a un interruptor y se enciende la luz, pero en la mayoría de los sitios donde hemos estado en África, no tienen estos recursos básicos. Allí tienen que andar kilómetros para buscar agua, y para lavar la ropa las mujeres van al río, y esas cosas te hacen pensar en lo afortunados que somos, y en valorar mucho más las cosas. Las mujeres llevan una vida durísima, se levantan muy temprano a por leña, se encargan de hacer la comida, lavar la ropa, cuidar el ganado, la huerta, y además de criar a 7 u 8 críos. Nuestra máxima admiración a ellas. Da mucho pie a la reflexión, porque hemos tenido una infancia feliz, hemos jugado con otros niños, y hemos ido a la escuela. En África los niños que van a la escuela lo tienen que hacer andando muchos kilómetros bajo el sol, y hacen lo mismo para ir a por agua. A pesar de todo esto, África también te da muchas cosas, encuentros con gente que compensan con creces estas situaciones desagradables. De hecho, ahora nos vamos de nuevo a trabajar el verano a Islandia, para seguir luego nuestra visita a África. Esta vez por el cono sur, y toda África del Este”, concluyen. Luisa y José acaban de publicar su tercer libro ‘África es para vivirla’, donde cuentan toda su aventura por el  continente africano, y su nueva manera de vivir, de Tobarra al mundo. 

Mapfre

Modesto Colorado

Comunicador y cantante de Albacete. Más de 20 años de experiencia en medios de comunicación, especializado en información y reportajes de ámbito cultural.
Botón volver arriba