La batalla por el negocio de la comida preparada ha abierto un nuevo frente entre los bares y los supermercados en España. Lo que hasta hace unos años parecía un servicio complementario dentro de las grandes superficies se ha convertido ahora en motivo de enfrentamiento directo entre la hostelería y gigantes de la distribución como Mercadona.
El detonante ha sido el crecimiento imparable de los espacios de comida lista para consumir que algunas cadenas están implantando en sus tiendas. El presidente de Hostelería de España, José Luis Álvarez Almeida, criticó durante la asamblea anual del sector que “hay supermercados que quieren ser bares”, denunciando lo que considera una situación de “competencia desleal”.
Aunque no mencionó expresamente a Mercadona, las palabras de la patronal apuntaban directamente al modelo “Listo para Comer” impulsado por la compañía presidida por Juan Roig, que continúa expandiendo zonas con mesas y sillas dentro de sus establecimientos para que los clientes consuman allí mismo los productos preparados.
Según datos publicados estos días, las ventas vinculadas a comida preparada y refrigerada para consumir en tienda superaron los 1.000 millones de euros durante el último año, consolidándose como uno de los negocios con mayor crecimiento dentro del sector de la distribución.
Desde la hostelería consideran que esta fórmula está afectando especialmente al tradicional menú del día y denuncian que supermercados, gasolineras o hipermercados operan bajo condiciones regulatorias y fiscales distintas a las de bares y restaurantes. “Todos tenemos que jugar en igualdad de condiciones”, reclamó Álvarez Almeida durante su intervención.
El conflicto refleja además un cambio en los hábitos de consumo. Los supermercados han conseguido captar a parte de los clientes más jóvenes gracias a propuestas rápidas, económicas y percibidas en muchos casos como más saludables. Esa tendencia ha llevado a cadenas como Mercadona a seguir apostando por este modelo dentro de sus nuevas tiendas.
Más allá de esta polémica, Hostelería de España aprovechó también para reclamar al Gobierno medidas urgentes ante otros problemas que afectan al sector, como la presión fiscal, la burocracia o la falta de vivienda para trabajadores en destinos turísticos tensionados.


