ASÍ SUENA | Soldadito marinero

Artículo de opinión de Humberto del Horno

(( De esas que dicen te quiero si ven la cartera llena    Soldadito marinero – Fito y Los Fitipaldis))

El hantavirus llegó a Canarias en un barco de nombre extranjero. Y desde entonces, qué papelón el del presidente Clavijo. Si nos ceñimos a la literalidad de sus intenciones, al menos las verbalizadas cuando España aceptó el encargo de la Organización Mundial de la Salud de velar por la seguridad de los 140 pasajeros que viajaban a bordo del MV Hondius, supongo que sería del agrado del dirigente canario pensar que el paciente español que empeora por momentos a su llegada al Gómez Ulla estaría en mejores condiciones en estos momentos en alta mar y navegando hasta Países Bajos. Vaya con la prioridad nacional.

A tiburón pasado, lo cierto es que la labor de oposición que el PP ha ejercido a lo largo de esta enésima crisis se ha visto diluida y desacreditada por la tozudez de los hechos. Viendo los vaivenes de estrategia de los ‘populares’ en la última semana, comprobar cómo la petición de cabeza de la ministra de Sanidad de hace siete días se ha tornado en una escueta crítica a los primeros días de gestión permite conjeturar que la orden ahora es la tibieza y el ‘donde dije digo’.

Intuyo que algo tendrá que ver que Ghebreyesus, Guterres y Von de Layen, o lo que es lo mismo OMS, ONU y Comisión Europea (casi nada) hayan felicitado expresamente al Gobierno de España por cómo ha confeccionado el plan para atender la situación.

Auditar al Gobierno, hacer un marcaje férreo, no pasar un error por alto y reivindicarse como alternativa es obligación para todo partido que aspire a arrebatar el bastón de mando a un Ejecutivo, más todavía cuando ese Ejecutivo lleva tres años siendo extremadamente precario. Pero el ‘no’ por el ‘no’ desde la oposición no debiera salir gratis si queremos blindar una democracia más cualitativa.

Y mientras el PP y la cúpula de Génova recoge cable, ahí está Clavijo y los memes de Clavijo, entre ratones nadadores y pollos sin cabeza, obligado a una huida hacia adelante en la que, cuando ha querido echar la vista atrás, ha certificado que ya acometía en solitario. El encargo de ser paladín y punta de lanza del escrutunio de turno al gobierno le ha desbordado, y no ha sido culpa suya.

A la pregunta de qué ocurrirá cuando pasen las cuarentenas y no haya más bola que rascar en la trinchera de crítica en lo que rodea a la gestión del Hondius, la respuesta es sencilla, y es que cualquier otra circunstancia, nimia o no, ocupará los titulares gruesos de una oposición que tres años después aún no ha interiorizado que le toca compartir soledad con Vox en la esquina de la extrema derecha.

Tocará algún día reflexionar sobre las obligaciones y la responsabilidad de ejercer una oposición honesta. Un día que, en cualquier caso, es incompatible con la vigencia de este Gobierno. Durará lo que dure, pero sobre la tierra quemada que deje el día después tendrá que brotar la hierba. Y solo se hará si se riega el campo desde la altura de miras y los pactos de Estado.

De momento, escribir esto es más una ensoñación que una realidad. Por pedir, que no quede.

Humberto del Horno

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