Mi coincidencia con Juan Luis Cebrián, durante años máximo responsable del Grupo PRISA, ha sido siempre muy amplia. Puede sonar a presunción –o quizá a atrevimiento– decirlo, pero ya no estamos ni él en la organización ni yo tampoco. No hay, por tanto, ni peloteo ni ajuste de cuentas. Los afectos y también los reproches quedaron saldados hace tiempo. Él puede decir lo que quiera, y yo exactamente igual.
Cebrián tuvo todo el poder en el Grupo, por delegación de Jesús de Polanco, accionista mayoritario y alma del proyecto. Ambos tuvieron siempre muy claro algo fundamental: quienes mandaban en la SER y en El País eran los periodistas. Así se dirigían entonces unos medios de comunicación enormemente influyentes.
No pretendo colocarme al nivel de los grandes directivos de aquella época, ni mucho menos. No necesito alardear de nada. Pero sí fui directivo de esa compañía durante muchos años, algo de lo que me sentiré orgulloso siempre. Afronté aquella etapa con trabajo y dedicación, en tres comunidades autónomas bien distintas. Nada de aquello habría sido posible sin un equipo brillante, al que sigo recordando con afecto y admiración. Algunos continúan hoy ocupando grandes responsabilidades, y eso también me produce orgullo.
Casi prefiero no citar nombres, aunque sería para bien, no vaya a ser que un elogio termine perjudicando a alguien en estos tiempos. Tuve buen ojo en muchos casos; en otros –los menos– me equivoqué, como le ocurre a cualquiera.
Quizá otro día retome este hilo, con argumentos documentados. Pero hoy toca hablar de lo importante: de Juan Luis Cebrián, un pedazo de periodista, con motivo del 50 aniversario de El País.
Leo siempre con interés lo que escribe. Me merece credibilidad. Y ahora, coincidiendo con ese aniversario, ha publicado en THE OBJECTIVE un artículo titulado: “Hacer El País no es fácil”.
“La foto del 50 aniversario parecía una traición a sus principios. De las doce personas presentes en ella, solo dos eran periodistas: la reina Letizia y el actual director”.
Escribe Cebrián que no sabe si llorar de pena o desternillarse de risa al contemplar la fotografía de los sonrientes anfitriones de la celebración de un periódico fundado, precisamente, para defender a los ciudadanos de los excesos de los políticos y plutócratas. Allí aparecían una vicepresidenta, una ministra, el delegado del Gobierno, el alcalde de Barcelona y, por parte de El País, “su presidente, un financiero gestor de un fondo de inversión activista, de esos que algunos llaman buitres…”.
Una fotografía muy plural –ironiza uno–, con casi todos los presentes vinculados, de una forma u otra, al entorno político de Pedro Sánchez.
Luego dirán que el posicionamiento del periódico no es evidente. Y se extrañarán de que sectores del centro derecha –e incluso de la derecha más dura– les hayan dado la espalda. El panorama, en realidad, se explica solo.
Savater, de Azúa, Carreras o Elorza fueron apartados. Con ellos se marchó también buena parte del aire intelectual y cultural de un periódico que marcó una época en la historia reciente de España. Más tarde ocurrió lo mismo con Antonio Caño y su equipo.
Cebrián relata además el papel que jugó Telefónica en determinados momentos de la historia del grupo, asunto que –según se anuncia– desarrollará ampliamente en sus memorias.
Hace poco escribió: “El País ya no es una institución; se nota la influencia de Rodríguez Zapatero”.
Y muchos antiguos lectores del periódico lo perciben igual. Quienes lo compraban cada día y lo consideraban casi un manual de cabecera sienten hoy aquella influencia, aquella autoridad moral e intelectual, se ha diluido por completo. La sensación es que ya no se resiste con la misma firmeza a las presiones políticas y económicas.
Por eso sigo coincidiendo con Cebrián: antes, cuando mandaba mucho, y ahora, cuando ya no manda nada. La lealtad intelectual es la misma, aunque hoy tenga ya algo sentimental. No le debo nada, ni él me debe nada a mí. Pero hizo un periodismo y ejerció una gestión que me gustaban y que, dicho suavemente, hoy echo de menos.
Todo acaba reduciéndose al dinero. A las subvenciones, a todo lo demás y a la dependencia del poder. Y quienes participan del reparto hace tiempo que perdieron el pudor ante semejante masaje político. El miedo real es que VOX, en alguno de sus acuerdos, recorte el entramado subvencionado. Otra cosa es que luego, como tantas veces, las promesas se evaporen en cuanto pisan moqueta.
Por eso algunos sectores políticos saben que antes una información publicada en El País podía hacer tambalear a un ministro, mientras que hoy ocurre justamente lo contrario: el Partido Popular gana elecciones incluso con el periódico en contra y sin concederle entrevistas. A VOX apenas le prestan atención, salvo cuando atraviesa algún conflicto interno y entonces, sobre todo en provincias, algunos acuden raudos pensando que algo ha cambiado.
Esto, en verdad, ha pasado siempre. La realidad siempre acaba vengándose de las ideologías.
Juan Luis Cebrián fue –y sigue siendo– un demócrata liberal. Y eso, aplicado al oficio de contar lo que ocurre, suele ser garantía de pluralidad y de independencia frente al clima de sometimiento que muchos perciben hoy en los medios.
El miércoles, en plena polémica por el barco frente a Canarias y el problema del hantavirus, la ministra de Sanidad volvió a retratarse.
Mónica García, incapaz desde hace meses de resolver el conflicto que mantiene con el colectivo médico, tampoco quiso ponerse al teléfono para ser entrevistada en la SER y dar explicaciones. Lo llamativo es que sí suele mostrarse disponible cuando se trata de criticar a dirigentes del PP. La SER llevaba desde primera hora esperando su intervención y ella simplemente declinó entrar en antena. Al parecer el jueves accedió a la petición.
Una escena que refleja hasta qué punto muchos políticos han aprendido que pueden esquivar a los medios sin asumir coste alguno. Es verdad que la polarización en estos casos también ha calado y, en muchos casos, la derecha evita entrevistas en medios donde consideran que son criticados a diario en sus tertulias; a VOX, seguramente, ni siquiera lo llaman.
Mientras tanto, el Parque Científico y Tecnológico de Castilla-La Mancha, con sede en Albacete y dirigido por Agustín Moreno, continúa avanzando en su proceso de ampliación. Su capacidad actual crecerá un 60 %, gracias a una inversión millonaria que, si no recuerdo mal, ronda los diez millones de euros. Albacete se sitúa a la vanguardia del sector aeroespacial y, de hecho, el presidente Emiliano García-Page ya anuncióque este proyecto supondrá “la llegada de entre 400 y 500 nuevos empleos a la ciudad y, por tanto, a Castilla-La Mancha”.
Lo destacable es que hay políticos que siempre están ahí y que incluso superan barreras internas y externas para seguir gestionando. Son aquellos a los que, cuando se les encomienda una tarea, se ponen al frente y convierten la gestión en su principal norma de actuación.
No hay que olvidar que, incluso desde algunos sectores mediáticos, todo se puso en contra en determinados momentos y hoy, sin embargo, parece haberse desplegado la alfombra roja. Así es la vida política y también este oficio de contar cosas. Lo importante, en cualquier caso, es crear riqueza y empleo; lo demás son triquiñuelas y actuaciones bajo cuerda que, tarde o temprano, terminan descubriéndose.
Paco Núñez, líder del PP en Castilla-La Mancha, no desfallece y, pese a las dificultades de todo tipo –políticas y mediáticas– mantiene el ritmo sin perder de vista el horizonte electoral. Ha anunciado la que define como la mayor bajada de impuestos en la región, con una devolución de 400 millones de euros destinada a familias, jóvenes y pymes, además de la deflactación del IRPF.
Se aprecia, además, que desde hace tiempo sabe rodearse de personas capacitadas en distintos ámbitos. Mencionaré, una vez más, a Santiago Sánchez, albaceteño y todavía muy joven, que se está revelando como una gran analista y planificador del futuro económico. Habla de economía y de fondos europeos con un nivel propio de expertos consolidados.
A Núñez le cuesta abrirse paso mediáticamente; diría incluso que más en algunos medios privados que en los públicos. Un hándicap añadido para quien tiene enfrente a unos de los pocos dirigentes socialistas que, de momento, parece escapar del berenjenal político nacional.
En materia de vivienda ya se conocen las medidas impulsadas por el Gobierno de Castilla-La Mancha. Otro joven político, el albaceteño Nacho Hernando, consejero del Ejecutivo regional, da la impresión de haber iniciado un trabajo serio en este ámbito, muy alejado de la gestión que está desarrollando el Ministerio de la Vivienda, también dirigido por una dirigente castellanomanchega, sobre cuya actuación se ciernen más dudas que certezas.
Han vuelto a derrapar desde el grupo municipal socialista del Ayuntamiento de Albacete con el asunto de Los Invasores. Aunque, a tenor de las declaraciones de la propia Asociación, la polémica parece tener un alcance menor del que algunos han querido transmitir. De hecho, la entidad ha manifestado públicamente su satisfacción con el diálogo existente con el equipo de gobierno y ha señalado al concejal popular Carlos Calero como un interlocutor receptivo. Queda aproximadamente un año para las elecciones municipales, pero si la estrategia de confrontación continúa por esta vía, el tiempo hasta la cita con las urnas puede hacerse largo para algunos.
Resultan muy recomendables las exposiciones que pueden visitarse actualmente en Albacete. Entre ellas, “El legado de Valeriano Belmonte, el último juglar” en el Museo Municipal, un recorrido por la vida y obra de una personaje muy querido y recordado en la ciudad.
También merece una visita la muestra “Fotógrafos legendarios de la provincia de Albacete (parte I), en el chalé Fontecha, sede del Instituto de Estudios Albacetenses. Se trata de un gran trabajo de recopilación sobre profesionales que, además de captar imágenes, también hicieron periodismo con sus cámaras a lo largo de distintas épocas.
Recuerdo, hace ya más de medio siglo, ver a Antonio Saiz Núñez, en momentos quizá delicados desde el punto de vista político, aunque siempre supo estar a la altura ejerciendo con profesionalidad. También a Jesús Moreno Romero, cuya imagen conservo acompañando a otro periodista que marcó una época, Sebastián Moreno. Y a Luis Miguel Calero Azorín, a quién también conocí personalmente: hombre de izquierdas, comunista y un buen profesional del reporterismo gráfico. Coincidí con él en algunos trabajos para La Voz de Albacete. Son muchos más los nombres que forman parte de esta historia. Me detengo únicamente en aquellos a los que conocí más directamente, aunque todos ellos dejaron un legado que hoy podemos contemplar y disfrutar en esta exposición.
Además, el recinto ferial acoge estos días FERIMOTOR y FIQAB, las ferias dedicadas al motor y al queso. El pasado jueves, día de la inauguración, fue necesario cerrar temporalmente las puertas debido a los protocolos activados por las inclemencias meteorológicas, aunque la organización ha acertado amp0liando la programación un día más, hasta el lunes.
De ese modo, el Recinto Ferial recupera plenamente su pulso, en lo que supone un notable éxito tanto para los expositores como para el público que desee acudir.
También merece reconocimiento el homenaje tributado a Vicente Rouco (expresidente del Tribunal Superior de Justicia de CLM) por parte de la Real Asociación de la Virgen de los Llanos. Sin duda, se trata de una distinción merecida por su contribución al realce de todo lo que representa y dignifica la devoción mariana de un pueblo como el nuestro.
Ha fallecido el empresario Lorenzo López, que desempeño distintas responsabilidades en el ámbito del comercio local y regional, entre ellas al frente de su federación. Pertenecía a una familia estrechamente vinculada al sector textil y, en su momento, recogió el testigo de su padre, logrando mantener viva la tradición comercial familiar. Persona apreciada, deja tras de sí numerosos amigos y el reconocimiento de quienes le trataron.
También nos ha dejado Emilio Botija Marín, ingeniero de caminos, canales y puertos, vinculado durante muchos años al servicio de carreteras de la Diputación Provincial. Una buena persona que, a lo largo de su extensa trayectoria profesional, contribuyó desde la institución provincial a la mejora y modernización de nuestras carreteras.
Y así va pasando la vida, mezclando sonrisas con inevitables despedidas.
Ángel Calamardo
X: @AFCalamardo

