Entre las hoces del Júcar y sus montañas, donde el río dibuja curvas inesperadas y la roca parece tallada por el paso del tiempo, hay lugares donde emerge la historia que se resisten a desaparecer. En Jorquera (Albacete), sus murallas, silenciosas pero firmes, han sido testigos del paso del tiempo entrelazando naturaleza e historia. Un tesoro en el que cada piedra parece guardar un secreto y cada rincón invita a imaginarse un pasado en el que la vida y la guerra iban de la mano.
En el siglo XII, bajo dominio almohade, Jorquera vio la transformación de este enclave natural en un auténtico bastión defensivo, aprovechando la fuerza indómita del paisaje y la posición estratégica que la naturaleza otorgaba gracias a las hoces infinitas del río Júcar. Hoy estas murallas desafían el paso de los siglos y entre ellas late una historia que convirtió a la naturaleza en una gran aliada.

Las murallas almohades de Jorquera se levantaron como una línea defensiva que seguía el curso del agua del Júcar para enfrentarse a las tropas de Alfonso VIII. Un hecho ligado al aumento de la presión militar de los reinos cristianos en los siglos XII y XIII que fueron un antes y un después en la edificación militar, y que dieron lugar a un incremento notorio de este tipo de obras.

El rincón secreto de Albacete donde la historia sigue en pie
Cerca del castillo de este encantador pueblo de Albacete se construyeron estas murallas almohades entre relieves gracias al arroyo de Abengibre al norte y al río Júcar al sur dando como resultado un enclave natural perfecto para la defensa del lugar, amurallando así la que fue la villa de Jorquera.
Así, esta edificación se compone de varios muros articulados por varias torres estratégicas para la defensa. Además, existen otros restos de murallas en el pueblo, pertenecientes a diferentes períodos históricos que datan de la Edad Media y las guerras carlistas del siglo XIX, entre otros.

Hoy, las murallas de esta localidad de Albacete ya no vigilan ejércitos ni fronteras, pero se mantienen en pie como un testimonio vivo de un pasado en el que la estrategia y el paisaje se fundían en una misma línea de defensa. Un lugar cargado de historia en el que aún se percibe la huella de quienes las levantaron en unos tiempos convulsos. Así, la localidad permanece suspendida entre la memoria y la roca, recordando que incluso aquello que parece detenido en el tiempo sigue contando historias a quienes se detienen a observar.

