Querido paisano:
Te escribo desde lo alto de la muralla de la Motilla del Acequión, para contarte que tenemos un serio problema a la vista. No, no es porque nuestro apreciado alcalde se haya desentendido por completo de la que fuera tu morada durante cientos de años, aunque, como bien sabes, tampoco es que esté la cosa como para tirar cohetes. La preocupación viene de la mano del comercio de nuestra ciudad y de la oleada de cierres de locales de negocios y del cese de algunas tiendas emblemáticas. Desgraciadamente, no estamos hablando de un hecho aislado, puntual y pasajero, sino de algo más preocupante; de una tendencia que afecta casi por igual al comercio tradicional, al de proximidad, al de toda la vida y también al de nuevo cuño.
Supongo que también a ti te habrá llamado la atención que, de un tiempo a esta parte, en los escaparates de los locales comerciales de algunas de nuestras calles, los anuncios de “Liquidación por cierre”, “Se traspasa” o “Cerrado por jubilación” hayan ocupado el espacio antes reservado a las ofertas, a las novedades y a los anuncios de la nueva temporada.
No hace falta haberse licenciado cum laude en la Facultad de Ciencias Económicas de la UCLM, para entender que detrás de esta bajada de persianas, se encuentran, entre otros problemas, la competencia desleal de las grandes superficies, el comercio online y/o la falta de relevo generacional.
Pero, como a perro flaco todo son pulgas, la actual situación mundial también supone un lastre importante que no conviene perder de vista. Y no solo por la incertidumbre que se genera tras la comparecencia diaria ante la prensa del aspirante a rey de allende los mares, que cada vez que saca la lengua a pasear suben el pan y el petróleo, ni por las amenazas constantes del Conquistador jerosolimitano y sus ansias de crear a toda costa el Gran Israel, sino porque en el horizonte no se atisba una pronta salida a la crisis energética que todo lo ha desbaratado y a la consiguiente pérdida de confianza que se ha generado al querer solucionar un problema inexistente antes del 28 de febrero, recurriendo a las amenazas y a la fuerza que dan los misiles, las balas y las bombas, olvidando que no puede haber razón donde solo hay violencia.
Pero volviendo a nuestro pequeño cosmos, la estructura propia del comercio local hace prácticamente inviable que puedan competir en precio con las grandes compañías y franquicias, por no hablar de a ver quién es el guapo que le puede hacer la competencia a la comodidad que supone la venta por Internet, a la que nos hemos vuelto tan aficionados, o quien tiene el poder de convicción suficiente para pasar el testigo de la tienda del abuelo al primer familiar que se eche para adelante y le haga ojitos a la oferta.
Sinceramente, no creo que exista ninguna fórmula mágica que solucione el problema de raíz de un día para otro, pero lo que sí tengo claro es que haría bien el inquilino del despacho rectangular de la Casa Consistorial en no marcarse un don Tancredo en este tema, antes al contrario, debería remangarse, tomar cartas en el asunto, escuchar a los representantes de hosteleros y comerciantes, sindicatos y al resto de grupos con presencia municipal, para luego, entre todas las partes implicadas, y remarco lo de entre todas las partes, elaborar un Plan Municipal de Impulso de la Economía Local a largo plazo, con objetivos claros y evaluables, medidas ambiciosas y, por supuesto, un cronograma de actuación real que cuente con los recursos necesarios para sacar adelante el trabajo diseñado, porque mucho me temo que con los 190.000 € que figuran en el presupuesto municipal para este año, destinados a sufragar los gastos derivados de los convenios a suscribir con Asociaciones de Hostelería y Comercio, no hay ni para empezar, eso sí, siempre que se quieran hacer bien las cosas, habida cuenta de la posible envergadura del problema que acecha detrás de la puerta y no una mera faena de aliño para salir del paso sin entusiasmo alguno.
Supongo que estarás conmigo en que, al margen de las funciones y responsabilidades que le puedan corresponder a otras administraciones, es preciso que sea el Ayuntamiento quien lidere una estrategia municipal estable que combine el impulso del comercio de proximidad con la preservación y puesta en valor de aquellos establecimientos que forman parte del patrimonio económico, social y emocional de Albacete, que dicho sea de paso es lo que le exigían machacónamente al anterior Equipo de Gobierno, tanto el primer edil como la actual responsable de estos asuntos mientras ocupaban la bancada reservada a la oposición. Y es que hay veces en las que la hemeroteca puede ser tan traicionera como esclarecedora.
Nuestro querido alcalde tiene ante sí la oportunidad de desmentir a quienes afirman, yo creo que de forma equivocada, que los programas electorales están para incumplirse. Bastaría con que echara un vistazo a las promesas electorales de su última campaña municipal, y más concretamente a las medidas enunciadas entre la 79 y la 84, bajo el rimbombante título de “comprometidos con la riqueza”, signifique esto lo que signifique, para poner sobre la mesa un primer borrador de propuestas que tratar en la reunión que debería convocar a la voz de ya. Porque mucho me temo que los y las afectadas esperan de nuestro consistorio algo más profundo que un buen puñado de rogativas a Mercurio, Dios del comercio para los romanos, Hermes para los griegos.
Si no te gusta lo que ves, ya sabes lo que toca cuando toque.
PD. Si llega el día en el que la ciudadanía deje de contarte sus problemas, es que has perdido la capacidad para liderarlos.
Antonio Martínez

