La danza tiene esa capacidad casi mágica de contar lo que a veces no se puede decir con palabras, de emocionar sin traducción y de tender puentes entre culturas lejanas. Desde Hellín (Albacete) hasta los escenarios de China, la bailarina Conchi Jiménez Alcaraz ha convertido ese lenguaje universal en su forma de vida, llevando consigo no solo la técnica y disciplina que requiere, sino trasladando la esencia de la danza española allá donde actúa. Detrás de cada actuación y cada giro hay una historia de esfuerzo y pasión que comenzó de niña y que hoy se proyecta ante públicos de todo el mundo.
Formada entre las aulas del Conservatorio Profesional de Danza José Antonio Ruiz de Albacete tras sus inicios en el Aula Albadanza, Conchi continuó sus estudios en el Centro Andaluz de Danza en Sevilla. Posteriormente, Jiménez se graduó en el Conservatorio Superior de Danza María de Ávila en Madrid en la especialidad de Coreografía e Interpretación de Danza Española, y en la actualidad se encuentra de gira conquistando cada escenario que pisa en la milenaria China.

Desde sus primeros trabajos de la mano de compañías y creadoras de Albacete como Mayte Ballesteros hasta su consolidación en otras compañías como Rajatabla Danza, en la que Conchi continúa bailando en la actualidad, su carrera ha ido sumando experiencias que ahora culminan en una gira internacional con el espectáculo ‘Don Juan’, llevándola a recorrer escenarios en diferentes países.
Bailando por el mundo: de Albacete a China
Conchi Jiménez lleva cerca de un mes bailando en China y todavía quedan semanas por delante. “Hemos estado en Corea del Sur un mes, y también en Serbia y Bulgaria un par de semanas”, explica, y manifiesta que anteriormente también ha trabajado en otros países como Inglaterra, Ecuador, Suiza y Kazajistán. Y es que la danza española levanta pasiones fuera de nuestras fronteras.
Sobre el proyecto artístico actual, Conchi explica que “somos un equipo muy grande”, y señala que “ya no solo el equipo artístico, que es maravilloso tanto a nivel profesional como personal, sino que también hay un gran equipo técnico que hace un trabajo invisible pero fundamental”.

En lo relacionado a su experiencia como bailarina a nivel internacional, Conchi señala que «me encanta también salir fuera a trabajar, conocer otras culturas y ver la reacción del público a la danza española, que por lo general al igual que en China o Corea, suele tener muy buena acogida”. Y es que la danza española conquista allá por donde pasa. “En China tiene muy buena acogida, los números siempre son aplaudidos y en el contexto musical son gente muy implicada”, sostiene, y añade que “hay gente que ha venido a todas las ciudades, recibimos mucho cariño y es un público muy entregado”. “A veces esperan a que el público salga del teatro para pedir autógrafos. Es un poco loco pero es de agradecer”, sostiene.

Una pasión que no entiende de fronteras
Eso sí, esta experiencia va más allá del plano artístico. “Es la primera vez que vengo a China y me está encantando, estoy disfrutando mucho de la gastronomía china”, confiesa Conchi, y apunta que “el choque cultural más fuerte que he vivido es con el tema de los aseos públicos. Hay algunos que son letrinas con cisterna. La primera vez fue muy gracioso porque nadie me había avisado de esto”, manifiesta entre risas. En la misma línea, comparte que “les llama mucho la atención que lleve gafas” y señala que “entre bambalinas también hay infinitas anécdotas que me llevo para siempre”.
Por el momento, y aún con semanas de gira por China por delante, a su regreso a España Conchi tiene previsto continuar con la compañía Rajatabla en un nuevo proyecto. “También tengo intención de arrancar mi propio proyecto este año, es algo que va más lento porque es complicado a nivel de producción”, explica.

Como Conchi son muchos los bailarines de Albacete que han dado el paso a buscar un futuro sobre el escenario fuera de nuestras fronteras. “Somos muchos los que hemos salido de Albacete y estamos intentando hacer nuestro caminito en el mundo de la danza”, manifiesta, y señala que “es importante que haya más espacios para desarrollar nuestra carrera para hacer crecer el tejido de la danza en Albacete. Hay compañeros con proyectos consolidados, y me encantaría contribuir a ese tejido y darle visibilidad en la ciudad”.
Lejos de casa, entre escenarios desconocidos y públicos que descubren la danza española con asombro, Conchi Jiménez sigue tejiendo su camino paso a paso, sin olvidar de dónde viene. Más allá de los focos, la historia de Conchi es también la de muchos otros bailarines que dieron sus primeros pasos de baile en Albacete y que hoy cruzan fronteras, llevando consigo un pedazo de su tierra en cada actuación. Y mientras el telón continúa subiendo y ‘Don Juan’ sigue girando, queda la certeza de que la danza no solo emociona, sino que también abre fronteras y caminos para quienes sueñan con hacer del arte su forma de vida.

