Ubicada en un enclave privilegiado del río Júcar, en el conocido paraje del Tranco del Lobo en la provincia de Albacete, una antigua fábrica de luz surge como ejemplo del aprovechamiento inteligente de los recursos naturales. El estrechamiento del cauce en este punto facilitó el desarrollo de una infraestructura hidráulica clave, donde la fuerza del agua se transformaba en energía, integrando paisaje y tecnología en un mismo espacio.
La central comenzó a construirse en 1921 y entró en funcionamiento en 1925, convirtiéndose en una de las instalaciones pioneras en la producción hidroeléctrica en España. Su puesta en marcha supuso un avance decisivo para la modernización energética de la zona, especialmente para el municipio de Casas de Ves (Albacete) y su entorno, donde tuvo un impacto significativo tanto a nivel técnico como social y económico.

Ubicada en un paraje estratégico en el corazón del Río Júcar, donde el cauce se estrecha de forma natural, pervive esta fábrica de luz, favoreciendo de esta manera el aprovechamiento hidráulico.
La fábrica de luz que cambió un pueblo de Albacete
La central comenzó su andadura en 1921 cuando comenzó su construcción, hasta que arrancó verdaderamente a funcionar cuatro años después, convirtiéndose así en una de las centrales más antiguas de España en este ámbito. Además, supuso en su momento todo un hito en la modernización energética de la zona, así como en su pueblo, Casas de Ves, y su entorno más cercano, por su importancia tanto técnica, social y económica en el desarrollo del territorio.
Así, este pueblo de Albacete se convirtió en el epicentro de esta particular práctica, convirtiendo el sonido continuo del agua en la banda sonora de este espacio, unida a la del Júcar.
Además, en este espacio junto a la central se formó un asentamiento de trabajadores, que finalmente se vació tras el fin del funcionamiento de la fábrica. Así, además de las viviendas de los empleados también contaban con otras instalaciones como una ermita, que también hizo la función de colegio para acoger a los hijos de los propios trabajadores.

Donde saltaban los lobos
Así, el poblado del Tranco del Lobo se convirtió en el hogar de muchos trabajadores y familias completas, conservándose algunas fachadas. Además, cerca de la zona se conservan restos y varias referencias a la Central del Molinar, vinculada a los inicios de la electrificación de esta zona de Albacete.
En cuanto al nombre del paraje donde habitaba la singular fábrica, éste responde a la tradición oral y a una leyenda ya que, según se decía en el pueblo, cuando había muchos lobos en la zona aprovechaban este estrechamiento para saltar de una orilla a otra del río. Además, también contaban que un lobo salvó a una joven que fue arrastrada por el río hasta que llegó su padre para atenderla.
Hoy, aunque el silencio haya sustituido al constante murmullo de la maquinaria y el agua, el Tranco del Lobo conserva la memoria de un pasado marcado por la innovación y la vida en comunidad. Entre restos de edificaciones y antiguas historias transmitidas por tradición oral, este enclave sigue siendo testigo del papel fundamental que desempeñó en la electrificación y desarrollo de la comarca, manteniendo viva su identidad entre naturaleza, historia y leyenda.

