El Andorra-Albacete, resuelto con victoria visitante por 0-1, terminó convertido en una nueva polémica arbitral. Según recoge el acta del colegiado Alonso de Ena Wolf, Gerard Piqué, propietario del club andorrano y exjugador del FC Barcelona, se dirigió al árbitro durante el descanso para realizar observaciones sobre su actuación y, al final del encuentro, volvió a encararse con él en el túnel de vestuarios. El árbitro afirma que Piqué se dirigió a él “a voz en grito” y en “actitud amenazante”, llegando a seguirle hasta la entrada del vestuario arbitral.
La tensión se disparó después de que el Andorra reclamara un posible penalti no señalado y el banquillo local acabara con cuatro expulsiones por protestar. En el acta también aparecen reflejadas las quejas de miembros del club como Cristian Lanzarote y el director deportivo Jaume Nogués, quien habría reprochado al equipo arbitral que la designación se produjera pese a una carta previa enviada por el club.
La reacción de Piqué no tardó en llegar. En su cuenta de X, el excentral denunció la designación de De Ena Wolf y recordó que el FC Andorra ya había pedido al Comité Técnico de Árbitros que no volviera a arbitrar partidos del club. Piqué cuestionó que el mismo colegiado fuera designado de nuevo en tan poco tiempo y calificó la situación como una “vergüenza”, criticando además la facilidad con la que, según él, se mostraron las tarjetas rojas por protestar.
La queja del club venía de antes. En una carta fechada el 23 de marzo de 2026 y dirigida al Comité Técnico de Árbitros de la RFEF, el FC Andorra ya trasladó su “creciente preocupación” por el criterio arbitral de Alonso de Ena Wolf en partidos anteriores. El escrito sostenía que sus actuaciones habían perjudicado de forma reiterada al equipo, tanto en Primera RFEF como en Segunda División, y pedía expresamente que se evitara su designación en futuros encuentros del Andorra.
El club, en esa misiva firmada por Ferran Vilaseca, también hablaba de una actitud “poco dialogante”, “altiva” y “desconsiderada” del árbitro, y advertía de que la situación podía responder a un “patrón” y no a un hecho aislado. Tras lo ocurrido ante el Albacete, aquella carta ha cobrado especial relevancia y alimenta una polémica que puede tener recorrido disciplinario.
Además, más allá de las posibles quejas deportivas que pueda tener el FC Andorra, el comportamiento de Gerard Piqué resulta fuera de lugar para el propietario de un club profesional. Su posición institucional exige prudencia, responsabilidad y respeto hacia los árbitros, incluso en contextos de máxima tensión. Encararse con el colegiado, elevar el tono o trasladar la protesta al túnel de vestuarios proyecta una imagen poco ejemplar y contribuye a agravar un clima ya de por sí crispado alrededor del arbitraje.


