ASÍ SUENA | Cada metro cuadrado lo explota un buitre ya

Artículo de opinión de Humberto del Horno

((Si el plan urbanístico actual es privatizar, especular; si cada puto metro cuadrado lo explota un buitre ya; si no hay vivienda social y la tierra cuesta más y más y más y más… El futuro sobre plano – Biznaga))

Cosas que le da a uno su jornada laboral, mientras ayer el Congreso de los Diputados celebraba la consumación de la muerte anunciada del decreto de prórroga de alquileres, el que aquí firma se encontraba entrevistando a Biznaga, un puñado de malagueños que a pico y pala se han hecho un hueco en la complicada escena musical anclados a unos principios a la altura de sus valores. Beligerantes en el fondo y en las formas, inconformistas por naturaleza y a la fuerza y reivindicativos por vocación, la banda es identificada, entre otras muchas cosas en las que cabe la buena música, por su militancia a la hora de elevar el tono y protestar como se debe ante la incomprensible situación del mercado de la vivienda. 

Capaces de tocar desde azoteas de Lavapiés para revestir su clamor o de ceder el espacio de su escenario al Sindicato de Inquilinas la última noche del mes de marzo en la que llenaron la icónica La Riviera de Madrid son muescas de revolver que certifican que lo suyo no es postureo. Y, ya de paso, me dan el pie para la tribuna de hoy. 

Resumir una sesión plenaria, aunque sea solo uno de sus puntos, es complicado por mucho que uno lleve quince años haciendo crónicas parlamentarias. Pero la de ayer, como todas, es una foto que puede someterse a multitud de interpretaciones. Intentaré ahora filetear lo ocurrido en la tribuna de oradores. 

El debate nacía muerto, toda vez que Junts se posicionó a la contra y PNV dibujó de abstención el sentido de su voto antes de la votación. Y con esa angustia subió el ministro Bustinduy a intentar encontrarle el latido a la criatura: «Este ‘no’ tendrá para toda España cada uno de sus nombres y sus apellidos. Cada plan que se trunque tendrá sus nombres y apellidos. Hoy se decide la suerte de millones de personas a las que les va la vida en ello». 

Sin entrar en el baile de ‘síes’, diseccionemos los ‘noes’.  El PNV se escudó en «razones formales», pero asegurando «evitar la crítica fácil que impida la posibilidad de llegar a acuerdos». 

Junts, la diabólica bisagra que lleva hipotecando cualquier debate en la Cámara a cambio del sillón que Pedro Sánchez sigue usando de prestado, retorció de nuevo la realidad para asegurar desde el estrado que «hay catedráticos de Derecho que hablan de inseguridad jurídica sistémica», a lo que sumó el «sesgo ideológico contra los propietarios». «Ustedes invitan a la fiesta, los privados la pagan», aseguró la parlamentaria Marta Madrenas.

Al PP, de su parte, le bastó con hablar de «improvisación, propaganda y supervivencia política» para criticar un Real Decreto que no terminaron de leerse para armar su negativa anunciada. 

Vox, a lo suyo, se instaló del lado de los arrendadores, que son menos; sin caer en la cuenta de que la ‘España que madruga’ a la que dirigen parte de sus soflamas se verá perjudicada por su rotunda negación. «El decreto es una arbitrariedad que incrementará la desconfianza de muchos arrendadores, lo que llevará a una retirada masiva de unidades del mercado». Y así, señores, es como se protege un privilegio para sepultar un derecho. 

Esta es la radiografía de una derrota parlamentaria que, si lo fue, se debió a la manía de muchos de considerar a los receptores de los derechos en el centro del tablero político y no en el centro de las políticas. 

Termino con un augurio: toda vez que la demoscopia se empeña en colocar la vivienda como el principal problema de los españoles, tocará en el corto plazo volver a barajar y repartir cartas. Veremos entonces si los envites se quedan cortos, si las señas son tramposas y si los órdagos se pasan de frenada. 

Humberto del Horno

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