Hay derrotas que van más allá del marcador. Algunas dejan una sensación difícil de digerir, una mezcla de incredulidad y autocrítica que pesa más que los propios goles encajados. En el Estadio Carlos Belmonte, el silencio final decía mucho más que el 0-3 reflejado en el luminoso. Y fue precisamente ahí, ante los medios, donde el técnico del Albacete Balompié puso palabras a una noche que vuelve a abrir viejas heridas.
Fragilidad defensiva del Albacete: la autocrítica más dura de Alberto González
El entrenador Alberto González no esquivó el foco del problema. “Hemos estado demasiado débiles atrás de nuevo”, reconoció con crudeza tras la derrota frente a la SD Eibar. El técnico fue más allá al señalar que la fragilidad defensiva no es un episodio aislado, sino una constante a lo largo de la temporada. “No es algo nuevo. Hemos sido frágiles en muchas fases”, insistió, dejando claro que el equipo arrastra un problema estructural que todavía no ha logrado corregir.
El peso de la eficacia: un castigo excesivo en el Carlos Belmonte
Pese al contundente resultado, González consideró que el 0-3 fue “excesivo”. Según explicó, el partido estuvo marcado por la eficacia rival: el Eibar golpeó pronto y supo gestionar la ventaja. “Ellos acertaron en las dos primeras y eso les permitió controlar el partido”, analizó. En contraposición, el Albacete generó ocasiones, pero volvió a evidenciar una preocupante falta de acierto de cara a portería.
Un inicio que condenó al equipo manchego
El técnico subrayó que el encuentro quedó condicionado en apenas 12 minutos. Dos goles tempraneros dejaron al equipo “noqueado”, especialmente tras un primer tanto que calificó de dudoso por una posible mano previa. “Cuando estábamos asimilando el 0-1, llegó el 0-2. A nadie le gusta verse así tan pronto”, lamentó. A partir de ahí, el Albacete lo intentó “por activa y por pasiva”, pero sin éxito.
Mucho juego, poco gol: el problema que se repite
Uno de los aspectos que más frustración generó en el banquillo fue la incapacidad para transformar el dominio en goles. “Hemos tenido muchos disparos, pero nos faltó eficacia”, explicó González. El equipo generó fútbol, pero no logró inquietar realmente al rival, lo que terminó facilitando que el Eibar ampliara su ventaja en una contra que cerró el partido.
“Me quedé bloqueado”: la sensación tras el pitido final
El técnico reconoció que el resultado le dejó impactado. “Terminé el partido y me quedé como bloqueado”, confesó, evidenciando la dificultad para asimilar una derrota tan abultada en un encuentro que, a su juicio, no reflejó tanta diferencia entre ambos equipos.
Una fragilidad que condiciona toda la temporada
González recordó que el problema defensivo viene de lejos: “En las primeras cuatro jornadas nos metieron 13 goles”. Para el entrenador, la clave está en reforzar al equipo en esa parcela. “Nos tenemos que hacer más fuertes defensivamente, trabajando y reforzándonos”, afirmó, insistiendo en que la derrota se explica, en gran parte, por esa debilidad atrás.
Ilusión intacta pese al golpe y mensaje a la afición
A pesar del duro resultado, el técnico aseguró que mantiene su ilusión intacta, incluso en lo referente a su posible renovación. “Sigo ilusionado. Hoy es un partido puntual”, defendió. También tuvo palabras para la afición, reconociendo que el equipo no estuvo a la altura. “Nos sentimos mal por no representarlos como nos gustaría”, dijo.
Cinco finales por delante: el objetivo, competir
Con el tramo final de la temporada ya en marcha, González marcó el camino: “Espero que en los últimos cinco partidos seamos competitivos. Todos nos jugamos mucho”. El reto es claro: corregir la fragilidad y recuperar la solidez para cerrar el curso con mejores sensaciones.


