Tras semanas de cielos generosos y campos agradecidos, hay algo que vuelve a repetirse en silencio cada primavera en la provincia de Albacete. No hace ruido, no ocupa titulares habitualmente y, sin embargo, moviliza a familias enteras, rescata recuerdos de infancia y conecta generaciones. Es una costumbre humilde, casi secreta, que este abril ha regresado con más fuerza que nunca… y que tiene como protagonista a uno de los tesoros más sabrosos y buscados del campo albaceteño: las collejas.

Las collejas resurgen con fuerza tras las lluvias en Albacete
Con el final de la Semana Santa ya casi en el olvido, y gracias a las abundantes lluvias acumuladas durante los últimos meses, las collejas han vuelto a brotar con intensidad en los campos de la provincia de Albacete. Esta verdura silvestre, profundamente arraigada en la tradición gastronómica local, ya asoma en cunetas, ribazos y márgenes de cultivo, haciendo las delicias de los paladares más fieles a la cocina de siempre.

Abril, el mes clave para recolectar collejas en su punto óptimo
El saber popular lo deja claro: “Las de abril, para mí; las de mayo, para mi hermano; y las de junio, para ninguno”. Y este año, el refrán cobra más sentido que nunca. La primavera ha teñido de verde los campos albaceteños, creando el escenario perfecto para quienes conocen los rincones donde crecen estas plantas. Con apenas dedicar algo de tiempo, es posible regresar a casa con una buena bolsa lista para cocinar.

De alimento humilde a delicatessen cotizada
Durante generaciones, las collejas formaron parte de la dieta de subsistencia de muchas familias del campo, especialmente en épocas de escasez. Hoy, sin embargo, han dado el salto a producto gourmet. En algunas tiendas especializadas, su precio puede superar los 15 euros por kilo, reflejo de su creciente demanda y del valor gastronómico que han adquirido.

Cómo identificar y recolectar correctamente las collejas
Según la ‘Guía etnobotánica de los alimentos locales recolectados en la provincia de Albacete’, las collejas son hierbas vivaces que rebrotan en primavera desde sus raíces. Se caracterizan por sus tallos con nudos marcados y hojas carnosas, ligeramente dentadas. Su recolección requiere técnica: siempre deben cortarse, nunca arrancarse, para permitir su regeneración. La postura, agachada o de rodillas, hace recomendable el uso de un cojín para facilitar la tarea.

Dónde crecen y por qué han cambiado su hábitat
Tradicionalmente presentes en cultivos de secano como viñas y olivares, las collejas han ido desplazándose hacia zonas marginales como cunetas y lindes debido a la mecanización agrícola y al laboreo profundo del terreno. Aun así, siguen apareciendo de forma espontánea en los mismos rodales año tras año.

Un ingrediente clave en la cocina tradicional albaceteña
Las hojas tiernas son la parte más apreciada de la planta, especialmente antes de que florezca. En la cocina, su versatilidad es enorme: desde tortillas con huevos de corral y ajetes hasta arroces, potajes o guisos tradicionales. Cada familia guarda su receta, transmitida de generación en generación.

Una tradición que une generaciones en el campo
Más allá de su valor culinario, la recolección de collejas representa una actividad social y cultural. Antaño vinculada principalmente a las mujeres, hoy reúne a personas de todas las edades que encuentran en esta práctica una forma de disfrutar del campo, del aire libre y de una tradición que se resiste a desaparecer.

El futuro de las collejas: entre lo silvestre y el cultivo controlado
Actualmente existen proyectos que buscan domesticar esta planta para su cultivo, especialmente en agricultura ecológica. Sin embargo, su comportamiento caprichoso dificulta su desarrollo fuera de su entorno natural. De lograrse, facilitaría su acceso, aunque muchos coinciden en que perdería parte de su encanto.
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