El Camino de Santiago no es un único sendero, sino una red de caminos históricos que atraviesan buena parte del país, y que también pasa por Albacete. Aunque menos conocido que otras rutas concurridas, el itinerario conocido como la Ruta de la Lana ofrece una experiencia distinta, muy arraigada con Albacete.
La Ruta de la Lana es un recorrido que une el Levante con el norte peninsular, de Alicante a Burgos, pasando por Albacete y por otras ciudades castellano-manchegas como Cuenca y Guadalajara, que permite a los peregrinos descubrir la cara menos explorada del Camino de Santiago.
Tras las huellas de los esquiladores a su paso por Albacete
La Ruta de la Lana sigue las huellas de los antiguos esquiladores que transportaban la lana de sus ovejas hacia el norte del país. En Castilla-La Mancha, esto supone 400 kilómetros de peregrinación entrelazados con la tradición trashumante que atraviesan valles, montañas y castillos a lo largo y ancho de la región.

Como decimos, la ruta, que arranca en Alicante, forma parte de un itinerario antiguo utilizado por los esquiladores que trasladaban la lana hasta Burgos, que destacaba como ciudad comercial, hasta que finalmente, se entrelazó con el emblemático Camino Francés, atravesando Albacete, Cuenca y Guadalajara.
400 kilómetros de ruta con una parada inesperada: Albacete
El primer punto desde donde se retoma la ruta en Castilla-La Mancha es Caudete, entrando desde Alicante, aunque haciéndolo desde Valencia éste sería Mira (Cuenca). Desde Caudete, la ruta atraviesa diferentes municipios, entre ellos, Almansa y Alpera hasta adentrarse en Cuenca, donde el paisaje comienza a cambiar.
El trazado continúa hasta Guadalajara, donde dice adiós a Castilla-La Mancha para adentrarse en tierras sorianas camino a Burgos, para llevar lana hace siglos, o para realizar el Camino de Santiago sobre las huellas de los esquiladores.

Sin duda, la Ruta de la Lana es diferente, quizá más exigente que otros caminos, debido a sus desniveles y a las inclemencias de La Mancha. Eso sí, permite disfrutar de una peregrinación tranquila, además de disfrutar del patrimonio cultural e histórico que atesora Castilla-La Mancha, y la naturaleza espectacular de Albacete, todo ello combinando con una tradición que, sin duda, ha dejado huella.

